Lunes, 16 Noviembre 2015 13:14

Crónica de una bohemia extraviada

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Una de las puestas en escena del joven elenco sucrense "Fantasmático" Una de las puestas en escena del joven elenco sucrense "Fantasmático" Correo del sur

 

En el imaginario sucrense está marcada la imagen de un pasado culto y bohemio. Al recorrer las calles del viejo centro, con sus edificaciones coloniales, una vocación poética suele envolver al visitante extranjero o nacional. Sin embargo, esa primera y romántica impresión va resquebrajándose con el paso de los días, ante una realidad innegable.

Mijail Miranda Zapata/Sucre

Ya a principios del siglo pasado, Carlos Medinacelli, en un ensayo titulado “Chaupi punchaipi tutayarka” (A mediodía anocheció), que cuestionaba la poca trascendencia de los jóvenes vates sucrenses de la época, advertía que la bohemia chuquisaqueña “ya poco tenía de lírica y sí mucho de demasiado humana”. A pesar del tiempo, la queja de Medinacelli no pierde vigencia. Cierto que la vida nocturna en la capital del Estado es variada, atractiva y continua, pero, en contraparte, la oferta, el consumo y la producción cultural están bastante limitados.

Según un estudio realizado en 2005, coordinado por el investigador Franz Flores y el único dedicado a los consumos culturales en Sucre, se evidencia que la percepción de lo cultural y sus ofertas, desde las instancias oficiales, está completamente dislocada de la realidad social que vive Sucre. Se concluye que “tanto por el tipo de eventos que se presentan, como por los horarios y los lugares de realización, la oferta cultural está destinada a una pequeña parte de la población”. Diez años después esa conclusión aún es válida.

Al menos así lo plantea uno de los artistas más activos en la capital, Alejandro González (teatrista y director del elenco “Fantasmático”). “Hay jóvenes, los que llegan de las provincias especialmente, que vienen como esponjas, dispuestos a absorber cuanto ofrezca la actividad cultural de la ciudad"; pero sin una política destinada a capitalizar esas inquietudes, al final se pierden, se desaprovechan. Más cuando quienes arman los espectáculos, las obras, lo hacen con más entusiasmo que conocimiento, algo contraproducente para la formación de públicos. “¿Qué puedes hacer si las dos primeras obras que ves (como espectador) son malas? No vuelves más”.

Pero, dejando de lado "la calidad de los productos culturales", en Sucre aún quedan muchas labores pendientes si se pretende acuñar, con sentido, el título de capital cultural. Algunas de ellas fueron sugerencias derivadas de la investigación de Flores y plantean conceptos tan sencillos como “descentralizar los lugares de realización de las actividades culturales, llevando la oferta cultural a las zonas periurbanas de la ciudad” o “cambiar los horarios de realización de las actividades, haciendo que se tome en cuenta el tiempo libre de la clase popular”.

Libros

Un recorrido extenso por el casco viejo de la ciudad deja un gusto amargo. No hay librerías que ofrezcan títulos que no sean libros de texto o de autoayuda, o que sencillamente respondan a su nombre: esos locales funcionan en su mayoría como papelerías. La única especializada, ubicada a pocas cuadras de la plaza 25 de Mayo, vende únicamente material bíblico y evangélico.

Según el periodista y escritor Óscar Díaz Arnau, acceder a los últimos títulos de literatura boliviana contemporánea es casi misión imposible para un sucrense e identifica al Archivo y Biblioteca Nacionales como el último bastión de oferta literaria. Además de la riqueza depositada en las estanterías de la institución, ésta tiene la virtud de vender libros que de otra manera serían inaccesibles para los chuquisaqueños.

En los puestos callejeros, desperdigados por los alrededores de las distintas facultades de la tricentenaria Universidad San Francisco Xavier, Deepak Chopra y Paulo Coelho comparten anaquel con títulos de especialidades médicas u otros dedicados a materia penal. Doña Amanda, dueña de uno de estos puestos, se queja de que con los años las ventas van disminuyendo y que los jóvenes prefieren las fotocopias o el internet para nutrir sus bibliotecas. Lo dice con molestia y a pesar de que todo el material que ofrece también proviene de la piratería.

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Curioso también resulta el caso de dos cafés, ubicados lado a lado, que por sus nombres sugerirían ser una opción para los lectores. El Bibliocafé Classics y el Bibliocafé Concert, además del primer nombre, comparten una característica: ninguno de los dos tiene libros para brindar a sus parroquianos.

El Concert es el más grande de los dos. Según cuenta la encargada, los libros fueron parte del local hace unos 15 o 20 años y con el tiempo fueron desalojados. “Ahora nos caracterizamos por organizar espectáculos musicales, de ahí el nombre", sostiene, sin percatar lo contradictorio de su afirmación. "Hoy toca Ronaldo Vaca (líder y vocalista de la banda cruceña Animal de Ciudad, presente en la capital por el Congreso Culturas en Movimiento) y en unos días tenemos a OIL (exitosa banda de rock cochabambina)”, resalta orgullosa.  

En Classics el panorama es distinto y menos glamuroso. Un ambiente pequeño y poco iluminado, cuenta apenas con una repisa apartada e improvisada en la que se pueden hallar algunas viejas revistas de variedades. Al consultar por la biblioteca, el mozo nos señala ese rincón, cubierto de polvo y apenas tocado por haces de luz.

Películas

Como sucede en la mayoría de las ciudades bolivianas, Sucre también cuenta con una multisala. Es parte del centro comercial SAS y además de espacios recreativos para los más pequeños, cuenta con una extensa plaza de comidas. La cartelera es casi la misma que en el resto del país,  es decir, no hay sitio para producciones que no provengan de Hollywood.

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Como pasa también en otras ciudades bolivianas, los cinéfilos chuquisaqueños encuentran en los cineclubes y la piratería una trinchera ante la avalancha de cine comercial y fast food. Armando Ferreira, asiduo visitante del Mercado Central, cuenta que visita todos los puestos de DVD y Bluray, porque “las películas de culto o independientes no vienen por separado, encontrarlas es cuestión de suerte e insistencia”. Es así que este joven se pasa tardes enteras escudriñando entre las últimas novedades “hollywodenses” en busca de excepciones, perdidas por ahí como joyas.

Joyas que también son exhibidas en el Cineclub Lanzarte. Éste funciona en ambientes de la Casa de la Cultura Universitaria, apenas a media cuadra de la plaza principal. Sus funciones están programadas los jueves por la noche y se promocionan de boca a boca o con volantes sencillos que son pegados en unas pocas cuadras a la redonda. Uno de los últimos filmes exhibidos fue “No”, del chileno Pablo Larraín, que en 2012 estuvo nominada al Óscar como mejor película extranjera.

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Teatro

Alejandro González afirma que la salud del “nuevo teatro chuquisaqueño” es buena. Celebra que cada vez haya más y mejores propuestas. Cuando se le consulta por “el viejo teatro”, evita dar nombres y simplemente refiere a formas “tradicionales” y poco profesionales de hacer teatro. Se refiere quizás al costumbrismo en escena, cuyos exponentes, según el joven teatrista, tampoco acuden a ver lo que las nuevas generaciones van haciendo.

Pero independientemente de ésta que parece ser una confrontación generacional, González reclama por la falta de incentivos y respaldos para los nuevos creadores locales. “Ahora ensayo en una tienda alquilada que no tiene más de 6 por 6 metros; no son las condiciones adecuadas si quiero montar una obra de grandes dimensiones”. Eso sería soportable, si no fuese porque tampoco hay ambientes apropiados para realizar las presentaciones.

El Gran Mariscal, escenario dependiente de la Universidad San Francisco Xavier, es clásico y cualquier propuesta contemporánea, que demande un uso distinto del espacio, no halla cabida. Está también el teatro municipal "3 de Febrero", mal equipado y por lo general reservado cada fin de año para actos de promoción y colación. "Así no pueden funcionar los espacios culturales”, reitera su queja González. Los boliches o espacios alternativos se constituyen entonces en lugares para el encuentro con los espectadores, un público ciertamente escaso. "Al grado de que luego de dos o tres presentaciones ya te han visto todos los que podrían verte".

Las mayores preocupaciones de González estriban, por tanto, en la falta de apoyo para los nuevos talentos y, como se menciona en la apertura de esta nota, la inexistente formación de nuevos públicos. “En mi elenco tenía dos actrices bastante jóvenes y con mucho potencial. Pero, como no hay incentivos, sino más bien muchas trabas, para el ejercicio de la vida artística, ellas prefirieron sentarse detrás de un escritorio para ganarse la vida. Eso me da mucha tristeza y más porque no parece haber solución en el horizonte cercano”. Como diría Medinacelli: Chaupi punchaipi tutayarka.

 

Visto 1391 veces Modificado por última vez en Miércoles, 18 Noviembre 2015 20:47
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