Imprimir esta página
Lunes, 14 Julio 2014 17:19

Las mujeres de Chiaraque

Escrito por
Comunarias frente al horno Comunarias frente al horno Mabel Franco

La comunidad que vive al pie de la Muela del Diablo es un ejemplo de revolución femenina. Ellas, las mujeres, se han unido y, colaboradas por la Alcaldía de La Paz, trabajan para que los frutos del turismo se inviertan en la educación de hijos e hijas.

Norma Lizarazu, líder de las comunarias, y Virginia Quispe junto al horno que las mujeres construyeron. Foto superior: Mabel Franco.

Mabel Franco / La Paz

Las mujeres de Chiaraque, comunidad rural que respira a los pies de la Muela del Diablo, a 12 kilómetros al sur de la ciudad de La Paz, han tomado las riendas de la actividad turística, de manera que beneficie a sus familias. La actitud de los varones no puede ser más despectiva respecto de los esfuerzos de esposas e hijas, pues no sólo que se mantienen al margen, sino que se han rehusado a ayudar en la construcción, por ejemplo, del horno para cocinar platos con que recibir a los visitantes, con el argumento de que “se está perdiendo tiempo”.

Las mujeres no se han dejado desanimar y ellas mismas han levantado la estructura de adobe que calientan con leña y en la que introducen papas, ocas, plátano y carnes de pollo o cerdo. Los platillos están dispuestos para el mediodía de sábado y domingo, días en los que los visitantes llegan hasta lo alto de Chiaraque, cuesta arriba desde el barrio de Pedregal.

Así lo cuenta, sin intención de denunciar ni mucho menos, sino como una realidad que les toca enfrentar, la cabeza del grupo de mujeres, Norma Lizarazu, una dama de pollera, demasiado joven para sospechar, a simple vista, que es madre de cinco hijas y dos hijos.

Chiaraque debe su nombre al pico rocoso que para los citadinos se llama Muela del Diablo, pero que para la comunidad aymara es Chiara Jaque, es decir Hombre de Negro y Hombre Negro, así como Auquekollo o Achachikollo o Cerro Padre (datos de la Alcaldía de La Paz).

 Muela cecy

La Muela del Diablo, pico de piedra caliza que atrae al turismo en La Paz. Foto: Mabel Franco.

La curiosa formación, que de lejos hace pensar en un gigantesco molar, es un atractivo turístico. La Alcaldía de La Paz lo incluye en las actividades que organiza para promover entre los habitantes de la urbe el conocimiento de su propio patrimonio, para el caso natural, y, gracias a la alianza con las mujeres, también cultural.

Una forma de llegar al sitio en fin de semana es aprovechar la oferta municipal que incluye, a cambio de Bs 45 por persona, el transporte en bus, la llegada a la comunidad para desayunar api con llauchas, juegos recreativos, paseo por la Muela del Diablo, almuerzo y retorno a la ciudad.

También es posible acudir en vehículo propio o, si se desea caminar mucho, se puede tomar transporte público hasta Pedregal (a donde llegan los minibuses 260 y 281) y desde allí emprender el ascenso.

El api, los refrescos de cebada y la wathia (así se promociona la cocción en el horno de barro) están disponibles para todos quienes pagarlos y así beneficiar a las familias locales.

 Api

Api con llaucha para el desayuno preparado por las mujeres organizadas para atender a los turistas. Foto: Cecilia Franco.

Lizarazu dice que todo el esfuerzo que ponen las mujeres tiene que ver con generar ingresos para asegurar la educación de sus hijos. En Chiaraque hay una escuela que cuenta con tres maestros. Se estudia hasta octavo de primaria. La secundaria hay que hacerla lejos de la comunidad, en establecimientos que están en Mallasa o en algún barrio de la zona Sur. Jóvenes como Virginia Quispe, de 17 años, que en el momento de la entrevista pica lechugas y de rato en rato atiza los leños del horno, cuenta que a diario baja hasta Pedregal y allí toma un minibús que la lleva hasta el colegio Lindemann, en la zona de Obrajes (unos 15 minutos hacia el norte). Sale de clases a las 17.30, baja a Pedregal en minibús y de allí sube a pie hasta su hogar. Ella, delgada y atlética como casi todas las féminas en este lugar, afirma que le toma 15 minutos la travesía entre tierra y piedras. Es la costumbre, claro, porque a un ajeno le llevaría hasta una hora llegar con la lengua afuera.

“Yo estudié sólo hasta segundo de primaria”, recuerda Lizarazu a tiempo de dar forma a un buñuelo. “Mi papá decía: ‘Para qué más, si el marido se la va a llevar’”. Y ciertamente, el marido se la llevó y hoy tiene siete hijos que criar. “Pero todo es distinto ahora, pues muchas de las chicas se han ido a la ciudad a trabajar como ‘empleadas domésticas’ y han visto cómo viven las señoras, con sus casas limpias, con empleadas, yendo a sus oficinas, sin trabajar como nosotras: como burros”. Esto las ha hecho pensar en que otro destino es posible, pero que no basta tener un pedazo de tierra o vacas que criar, “sino educación”.

“Nuestros papás, que sólo conocieron este mundo de la siembra y la crianza de animales, no nos permitieron estudiar a las mujeres; pero ahora somos distintas. Yo trabajo para que mis hijos y mis hijas vayan a la escuela y luego a la universidad. Ellos tienen que ser mejores que nosotros”.

Virginia Quispe ratifica esa esperanza, pues está decidida a iniciar sus estudios universitarios de agronomía apenas salga bachiller.

Por lo pronto, otras niñas como Rocío Rosario Mamani y Mariana Isabel Montaño, ambas de 13 años, respaldadas por el programa municipal de promoción de un turismo sostenible, fungen de guías de los turistas. Ellas conducen a los visitantes hasta la Muela del Diablo. Una vez arriba, con todos sentados en una de las grandes piedras de la formación que se calcula tiene 70 millones de años, las adolescentes cuentan historias que escucharon de sus abuelas. Narraciones simples, con estructuras que no tienen que ver con los cuentos urbanos y que exigen al escucha abrir más los oídos para entender. Con el paisaje sorprendente visto desde los 3.887 metros sobre el nivel del mar del Chiara Jaque, con nevados como el Illimani al frente o la ciudad de La Paz (3,636 m.s.n.m en el centro) limitada por cerros, todo se vuelve magia. El cuerpo, agotado por el esfuerzo de trepar, predispone a la mente a dejar de lado lo conocido y abrirse a esta experiencia iluminada por el azul cielo de invierno.

Guias

Rocío y Mariana, niñas guías de turismo, junto a los visitantes en medio del Chiara Jaque. Foto: Mabel Franco.

Chiaraque es una comunidad pequeña. Pollos, toros y vacas, burros y ovejas se pasean por allí o dejan escuchar sus voces detrás de muros de adobe y otros de ladrillo. Lizarazu explica que son parte del sustento de las familias. Los toros, “son para el ‘Estado’, bromea para decir que los beneficios de su venta se reparten entre todos los miembros de la familia; las vacas, en cambio, son mucho más valiosas pues se entregan a los hijos, desde que pueden cuidarlas, para que sean parte de su patrimonio”.

 Oveja

Una oveja mira curiosa a los turistas que pasean por la comunidad de Chiaraque. Foto: Mabel Franco.

Vivir en un lugar tan empinado tiene sus ventajas, como el hecho de haberse mantenido fuera del alcance de loteadores (gente que lucra con la toma ilegal de tierras). Pero también desventajas, pues la falta de un camino, abierto hace poco, representó grandes penurias para trasladarse y esa vida dura motivó a la migración de parte de los habitantes, al grado de que ahora, explican las comunarias, quizás haya 100 habitantes en el lugar, muchos de ellos niños y jóvenes. Los vehículos pueden subir actualmente, pese a la estrechez del camino; pero los burros siguen siendo útiles en la labor de acarrear alimentos y otros materiales necesarios para la vida en la comunidad; aunque si el peso es mucho, hay que pagar un taxi que cobra no poco por el viaje.

Agua, hay, aunque no distrubuida, sino de un manantial que pasa por detrás de la Muela del Diablo. La energía eléctrica es parte de los servicios que ha logrado la Subalcaldía de Mallasa, a donde corresponde Chiaraque. Esta posibilidad se aprovecha en las clases de Computación que son parte de las enseñanzas en la escuela.

Un problema que debe ser superado, sin embargo, es la basura. Comunarios y turistas riegan de plástico (botellas, bolsas y otros) no sólo los alrededores de la comunidad, sino también los rincones de la Muela del Diablo, cuyas piedras exhiben asimismo grafitis.

Grafiti

La basura y los grafitis es uno de los problemas que debe enfrentar la comunidad. Hace falta hacer limpieza, incluso en la formación rocosa de la Muela del Diablo. Foto: Mabel Franco.

Paseos organizados

La opción que permite la Alcaldía de La Paz (https://www.facebook.com/mueladeldiablo2), a través de Infotur (Av. Mariscal Santa Cruz y Colombia), tiene la ventaja de la previsión y el hecho de que más que un recorrido a un cerro es una posibilidad de contacto entre personas: entre viajeros y entre éstos y las comunarias.

Nada más llegar a Chiaraque y luego del api, los guías que acompañan a los turistas desde La Paz disponen la construcción de voladores. Entregan el material y todos, aun los que nunca han realizado labores manuales, van dando forma al papel seda. Con la obra terminada, ya en la meseta de la Muela del Diablo, con el viento a favor y sin cables ni edificios para entorpecer la actividad, los voladores surcan el cielo. Niños y personas de la tercera edad participan por igual.

En todo el tiempo de visita, al menos así pasó el domingo 13 de julio, las mujeres de Chiaraque son las que se desviven por atender a los visitantes. Casi se podría pensar que no hay hombres, salvo por alguno que otro que pasa por delante del centro de atención turística de prisa o por los que están reunidos dentro de la escuela, tratando “temas importantes”, como explica Rocío, la niña guía.

Juanjo

La Paz al fondo desde las alturas de la Muela del Diablo. Foto: Cecilia Franco.

 Voladores

Los voladores tienen el cielo libre para remontarse muy alto. Foto: Cecilia Franco.

Visto 3389 veces Modificado por última vez en Lunes, 14 Julio 2014 21:43
La Pública

La Pública es un proyecto que busca crear y gestionar espacios para el ejercicio ciudadano a través de redes sociales y fuera de ellas, articulando para ello el periodismo digital y el activismo.

fb htw hyt h

Lo último de La Pública

Artículos relacionados (por etiqueta)