Miércoles, 24 Septiembre 2014 12:22

5. ¿Cuál es la historia del Servicio Militar Obligatorio en Bolivia?

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Hay distintas maneras de trazar la historia del SMO. Existe la mirada que muestra que el servicio es una herencia incaica, y otra que lo pinta como la institución colonial para "civilizar" a los indios.

 El documento “Bases generales para el Servicio Militar Obligatorio”, del Ministerio de Defensa, hace el siguiente repaso histórico:

“El Servicio Militar Obligatorio se remonta a antes de que Bolivia naciera como Estado Libre, Independiente y Soberano. Durante el esplendor del Imperio Incaico la selección de los jóvenes para conformar los Ejércitos de cada suyo, consistía en pruebas muy severas, que previo vencimiento a las mismas podían optar a una plaza.

“Los incas organizaron un poderoso, eficiente y bien equipado ejército con el fin de asegurar una supremacía en el territorio andino, mantener la paz, estar seguros ante ataques de enemigos exteriores y expandirse territorialmente. En el incanato el Servicio Militar era obligatorio. La gran expansión del Imperio fue posible gracias a la cuidada organización de la fuerza militar. Todo poblador del incanato entre 25 y 50 años tenía la obligación de servir en el ejército, pero estaban exceptuados del Servicio Militar las personas con defectos físicos que les impidan realizar tareas militares.

“Tras varias décadas de lucha popular antiespañola, que tuvo su apogeo en las rebeliones de Tupac Katari (1780-82) y en la Junta Tuitiva de La Paz (1809) encabezada por el mestizo Pedro Domingo Murillo, y posteriormente por los llamados ‘guerrilleros de la independencia’ -finalmente aplastados- el sector criollo se adueñó del proyecto independentista.

“Durante los 16 años de lucha llevadas a cabo por las huestes que operaban en todo el territorio del Alto Perú, hoy Bolivia, éstas se nutrieron de hombres valientes que por sus ideales se presentaban voluntariamente para cumplir con su caro anhelo, el de ver a su amada Patria libre del yugo español, de la misma manera los Ejércitos comandados por los libertadores, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, contaban con personal voluntario para la lucha contra los Ejércitos Españoles.

“Los futuros conflictos bélicos fueron decisivos para la implementación de un Sistema de Reclutamiento que permita hacer frente a las contingencias y necesidades de la movilización de tropas a los campos de Batalla. Un ejemplo claro es la Guerra del Chaco, donde en su mayoría gente de extracción humilde fueron quienes se presentaron a los cuarteles para cumplir con su deber patriótico”.

Ante esta lectura estrictamente oficial y, acaso, militarista, Raúl Barrios Morón propone, en el libro La cuestión militar en cuestión. Democracia y Fuerzas Armadas (coescrito con René Antonio Mayorga y editado por el CEBEM en 1994), una interpretación alternativa, más sociológica y crítica, respecto al servicio militar. En el apartado titulado “Sobre el servicio militar obligatorio”, Barrios hace el siguiente análisis:

“El Servicio Militar Obligatorio instituido a fines del siglo XIX y principios del XX tuvo como principal propósito ‘civilizar’ a la inmensa masa indígena. Esta pretensión civilizatoria, contenida en el primer instrumento de la conscripción, tenía además como antecedente la reciente experiencia de la guerra federal, donde el levantamiento indígena con relativa autonomía preocupó enormemente a las clases oligárquicas dirigentes de entonces. Estas veían a la masa indígena sublevada como la principal amenaza a su seguridad.

“A diferencia de otras experiencia clásicas de la leva en masa, la conscripción o el Servicio Militar Obligatorio no partió en Bolivia de un afán nacionalizador o, si vale el término, ciudadanizador de construcción nacional y estatal. Y esto por la existencia de una sociedad oligárquica donde la ciudadanía era atributo de una minoría ilustrada. Fue en esta realidad de una sociedad profundamente dividida y desintegrada en la que se instruye el Servicio Militar Obligatorio, es decir, en una sociedad profundamente segmentada donde el requisito de la ciudadanía parcial en los indígenas no se cumplía, sino solo en el de acción civilizatoria a través del Ejército. Se perseguía una nación desconociendo la realidad cultural diversa del país; ésta era vista como el gran obstáculo para salir del subdesarrollo o ‘barbarie’ de la época. Digamos que la integración civilizatoria que buscaba el ejército con la masa indígena no se cumplió a cabalidad.

“El ejército de principios de siglo cumplía con esta tarea de ciudadanización sin ciudadanía plena. Enseñaban los valores patrios a los indígenas, pero éstos eran incapaces de pronunciarse sobre ellos o decidir sobre ellos o, finalmente, de elegir a sus gobernantes o de ser parte del mundo político. Ahora bien, la pregunta pertinente es si el ejército de hoy se ha despojado de esa visión ‘civilizatoria’ respecto de la masa indígena, lo que en cierto modo está en el fondo del autoconferido rol tutelar sobre la sociedad. Al parecer, el modelo civilizatorio del Servicio Militar Obligatorio continúa siendo su orientador básico cuando se han producido en la realidad social cambios profundos que difícilmente admiten acciones civilizatorias” (Páginas 139.140).

El libro La cuestión militar en cuestión. Democracia y Fuerzas Armadas 
 

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