Sábado, 19 Marzo 2016 20:09

Carta de Luis Bredow en la que comunica su renuncia al Premio Eduardo Abaroa 2015

Carta sellada por Culturas. Carta sellada por Culturas. Luis Bredow

Éste es el documento in extenso entregado por Luis Bredow al Ministerio de Culturas y Turismo. La nota de prensa sobre su decisión puede ser leída aquí.

La Paz, 18 de marzo del 2016

Señores
Unidad Ejecutora del Premio Eduardo Abaroa 2015
Ministerio de Culturas y Turismo
La Paz



REF: Renuncia al Premio Eduardo Abaroa 2015
Categoría Actor Audiovisual

 

Distinguidos señores:


He sido informado por ustedes y la prensa sobre que el jurado del Premio Eduardo Abaroa 2015 me ha designado Mejor actor masculino por mi trabajo en la película Olvidados.

Valoro mucho la opinión del Jurado y desearía agradecer personalmente a cada uno de sus miembros por haber considerado mi trabajo digno de encomio.

Sin embargo, he decidido no aceptar el Premio Eduardo Abaroa.

Temo y lamento que mi decisión pueda ser considerada como una expresión de altanería y, para evitar ese extremo, me veo obligado puntualizar que yo no postulé a este Premio. De hecho, cuando un miembro de la Unidad Ejecutora me hizo saber, a mediados de febrero 2016, que el Ministerio me había postulado de oficio, le comunique mi intención de no recibir la distinción y le pedí que informara de esa mi intención al Jurado del Premio.

Con ese pedido deseaba evitar al Ministerio el ligero bochorno de un rechazo y ahorrarme el peligro de mostrar públicamente una actitud que pudiera ser considerada insolente. Sin embargo, el Ministerio no interrumpió su gestión y anunció públicamente mi nombre como ganador del Premio.

Esta situación me obliga a darles a conocer –ahora también públicamente– los motivos que tengo para no recibirlo:

Una razón importante es que el Premio que se me otorga no es totalmente merecido, pues el cine es un arte colectivo y ningún actor puede recoger para si mismo el fruto de un trabajo que ha sido realizado con la indispensable colaboración de muchas personas. Si el Premio Eduardo Abaroa extendiera premios para los otros profesionales del cine, esta objeción seria innecesaria.

La principal razón, sin embargo es la obligación que tengo conmigo de conservar la libertad de expresar mi opinión y de no comprometerla por la gratitud que le debería al Ministerio de Culturas. Libre, puedo ahora cumplir con un deber que valoro mucho, pues es el que me impone mi dependencia respecto de los cineastas y teatristas bolivianos y mi compromiso con nuestras aspiraciones y proyectos.

Y tengo críticas a la gestión de este despacho en cuanto se refiere al teatro y al cine bolivianos. Estas no son críticas antojadizas de un comedido, sino las de una persona que está en en el deber de expresarlas. En efecto, los actos u omisiones del Ministerio de Culturas influyen poderosamente sobre la calidad y extensión de mi trabajo profesional y del de todos mis colegas cineastas y teatristas:

  • Desde el año 2005 el Ministerio de Culturas no ha llegado a desarrollar una política pública con objetivos concretos y de largo alcance, con un presupuesto adecuado y una ejecución participativa para fortalecer el trabajo de los cineastas y teatristas de Bolivia. De hecho, esta falencia debilita a todas las artes bolivianas pues ninguna cuenta con una estrategia estatal para impulsar su desarrollo.
  • Los apoyos que el Ministerio de Culturas ha dado a proyectos teatrales y cinematográficos y a los de otras artes han sido otorgados desde la arbitrariedad de los funcionarios de ese despacho, sobre la base de criterios opacos. Al favorecer a unos y desdeñar a otros, el Ministerio ha debilitado la solidaridad que debiera existir en las colectividades de artistas y ha afectado su capacidad de proponer y reclamar políticas públicas. Consecuentemente, el Ministerio ha disminuido también su capacidad de recibir retroalimentación.
  • Este proceder ha llevado también al Ministerio realizar gastos dispendiosos, con efectos de corto plazo, sin sostenibilidad y alejados de los intereses y verdaderas necesidades de las artes. Aunque es justo reconocer algunos aciertos, como por ejemplo la conservación, restauración y recuperación de obras de arte patrimoniales, la gestión del Ministerio prefirió desdeñar las artes de todos los bolivianos para invertir cuantiosos recursos en la apuesta de impulsar una revolución cultural que se propuso construir una nueva protocultura indígena diseñada como respuesta a los tiempos postapocalipticos de Occidente. Las expresiones mas osadas de esta revolución cultural fueron los rituales en Tiwanaku y el Dakar. A la hora de evaluar el efecto que esos inmensos rituales tuvieron sobre la cultura boliviana, el Ministerio olvido su calidad revolucionaria y prefirió mostrar cifras cuantitativas de la cantidad de turistas atraídos, que, por cierto, fueron cuantiosos…

Todas estas falencias y prácticas muestran un despacho ministerial que durante más de diez años se distrajo de su verdadera obligación de canalizar los recursos del Estado para fortalecer las artes bolivianas. Hoy, si el Ministerio quisiera remediar ese olvido, tendría que decidirse por respetar las artes que producen las culturas bolivianas y evitar hacer uso de ellas como instrumentos de propaganda, y respetar también a sus cultores evitando reunirlos en camarillas obedientes a prebendas o en una pacifica “base social”.

Para reparar el candor de mis palabras, deseo también ser propositivo. Por eso me atrevo a sugerir al Ministerio prestar oídos a algunas de las demandas de teatristas y cineastas, que ya han sido expuestas ante ese despacho y cuya satisfacción contribuiría a tornar más efectivo el desempeño del Ministerio:

  • Crear un sistema que aliente a la sociedad civil organizada, a los ciudadanos y a la empresa privada prestar apoyo financiero a proyectos de cine, teatro y a otras formas de creación artística. Este mecenazgo del sector privado y de la ciudadanía no deberá confundirse con un aliento a utilizar las artes como un medio de publicidad sino como una forma de democratizar el esfuerzo artístico poniendo los recursos de los ciudadanos en contacto directo con los artistas.
  • Remediar definitivamente un contencioso entre el Estado y algunos cineastas que data desde hace 25 años y que, según el Ministerio, obstaculiza la creación de una política pública para el cine. En los hechos, este contencioso está castigando a toda una nueva generación de cineastas por un improcedente “pecado original” cometido por una generación anterior y por un antiguo gobierno.
  • Respetar las instituciones de los cineastas bolivianos y contribuir a acrecentar su representatividad y democratización.
  • Elaborar, promover y gestionar –con la participación de todos los cineastas bolivianos– una nueva la Ley del Cine, sostenida por un presupuesto de largo plazo y cuya ejecución incluya la participación decisoria de instituciones representativas de los cineastas y de los exhibidores de películas.
  • Fortalecer y respetar la Cinemateca Boliviana y el CONACINE, tomando las medidas necesarias para que estas dos instituciones puedan cumplir todos sus objetivos.
  • Asegurar la participación del teatro y la danza boliviana en el programa IBERESCENA que abrirá la posibilidad a nuestras artes escénicas de interactuar con las de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, España, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay, y acceder así a posibilidades de difusión regional, capacitaciones, coproducciones y otras sinergias. [1]
  • Elaborar un programa de creación de salas –publicas y privadas– para espectáculos de teatro y/o cine en todo el territorio nacional, y para fortalecer las salas privadas existentes.
  • Diseñar una Ley del Artista que tome en cuenta la precariedad de empleo a la que los artistas estamos sometidos y que nos permita acceder a los beneficios de la Seguridad Social, como a cualquier trabajador.

No escapa a mi atención que todo lo anterior puede tener la apariencia de un “pliego petitorio” o de una “carta de dolencias” y, por supuesto, que carezco de toda autoridad para elevar nada de ese tenor.

Soy simplemente un ciudadano que se desempeña como artista y que aprovecha este fugaz instante de atención de un Ministerio de Estado para exponer algunas observaciones y demandas que ha llegado a conocer por su práctica profesional.

Para comprender cabalmente estas demandas es necesario considerar que los artistas no somos un gremio ni un partido político ni un sector o clase social que desea que el Estado favorezca a sus intereses o les otorgue alguna preeminencia sobre otros ciudadanos.

Los teatristas y cineastas somos personas que hemos tomado conciencia de que el teatro y el cine son los lenguajes que inventa y construye cada sociedad para dialogar consigo misma, conocerse e ir construyendo su siempre huidiza identidad.

Esta conciencia ha despertado en nosotros el deseo de operar esos lenguajes para poder proponer a la sociedad las obras de arte que satisfagan su necesidad de autoconocimiento. Ésa es nuestra vocación.

Como todas las personas a las que impulsa una vocación imperiosa, no es la fama o el dinero el ultimo premio que deseamos, sino tener la seguridad de que nuestro trabajo ha ayudado a que otras personas se conozcan mejor a si mismas y actúen para mejorar las condiciones de nuestra vida en común.

Si abandonásemos nuestro trabajo de artistas sufriríamos una gran frustración personal. Por eso, no dejamos de trabajar aun en las condiciones mas adversas y continuaremos produciendo y creando, con o sin el apoyo eventual del Estado, pues el publico todavía logra acceder a nuestros trabajos.

Sin embargo, sabemos también que nuestro trabajo es muy valioso y que tenemos el deber de llevarlo a la excelencia, pues es indispensable a los seres humanos y a sus culturas. Por eso, nos dirigimos al Estado para pedirle que oriente recursos para mejorar la calidad y el alcance de nuestro esfuerzo.

Esa demanda es amistosa porque no significa una merma de recursos para el Estado ya que cuando éste ayuda a la creatividad del teatro y del cine, se ayuda a si mismo a cumplir su razón de ser.

Con la esperanza de que esta retroalimentación compense la leve contrariedad que les he causado, les ruego que reciban un saludo muy cordial y la expresión de mi mayor consideración.

Luis Bredow
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 


[1] http://www.iberescena.org/es/que-es-iberescena

Visto 8105 veces Modificado por última vez en Sábado, 19 Marzo 2016 20:34
La Pública

La Pública es un proyecto que busca crear y gestionar espacios para el ejercicio ciudadano a través de redes sociales y fuera de ellas, articulando para ello el periodismo digital y el activismo.

fb htw hyt h

lp15

 

La Paz - 71597592
Cochabamba - 71786333
Santa Cruz - 71528022

 

cc