Viernes, 29 Mayo 2015 10:58

Renee Gurley, un año y medio a la espera de sentencia contra sus violadores

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En noviembre de 2013, Renee Gurley denunció haber sido violada por tres hombres en Samaipata. Todavía no hay sentencia para los tres hombres detenidos. Esta semana, la audiencia oral fue aplazada una semana más. Renee es estadounidense y, aunque hay quien le pregunta que por qué no se marcha y olvida lo sucedido en Bolivia, quiere seguir adelante: espera que el Juez dictamine culpables a los acusados y que su caso pueda ser el ejemplo a seguir para muchas mujeres en el país.

Gemma Candela / Vallegrande 

Con el cabello rubio recogido en un peinado trenzado, unas gafas de sol negras enormes y una bolsa de plástico en la que lleva su desayuno (papitas fritas y una botella con 600 ml de Sprite), Renee Gurley llega a la plaza Oruro de Santa Cruz. Es jueves 28 de mayo, ocho de la mañana en punto. De ese lugar salen los minibuses hacia Vallegrande. Entre la ciudad y el pueblo donde se expuso el cadáver del Che Guevera hay unas cinco horas de viaje, a Bs 60 el pasaje. En las últimas semanas, Renee ha hecho el camino varias veces. Y cada vez que tiene que ir, lleva consigo la esperanza de que “hoy, sí”: se dictará sentencia, espera que favorable, en el proceso judicial en el que ella es la acusación particular contra José Enrique Montenegro (20 años) y los hermanos Luis Flores Alpire (25 años) y Carlos Flores Cámara (18 años). Ellos, oriundos de Samaipata, están acusados de violación, robo agravado e intento de homicidio.

Renee vive en Santa Cruz de la Sierra. Es estadounidense y da clases de inglés en un colegio. Como a muchos habitantes de esta ciudad, los fines de semana le gusta salir del ruido urbano para refugiarse en la tranquilidad de los valles. Junto con amigos, suele pasar los sábados y domingos en una casa de Samaipata, igual que hacen muchos cruceños. El lugar es también muy conocido por turistas de otras partes de Bolivia y el mundo. Pero, una noche de noviembre de 2013, cuando Renee se había marchado de una cena con unos amigos sobre las dos y media de la madrugada, y estaba a tan sólo 60 metros de su casa, fue asaltada por tres hombres; tres sujetos que la golpearon, que le robaron el bolso con su celular, su cartera y otras pertenencias, y que la violaron, según los recuerdos de esta mujer, durante hora y media.

Los tres acusados, a la izquierda, sobre el estrado.

Sobre las cuatro de la mañana, el oscuro lugar donde los tres retenían a la mujer fue iluminado por las luces de un auto que pasaba por la calle. Ese momento en que los agresores, asustados porque pensaban que alguien venía por ellos, fue aprovechado por Renee que, como pudo, con poca ropa encima y el cuerpo lleno de golpes, llegó hasta la puerta de su casa. El chico que le abrió salió a ver quiénes eran los que le habían hecho semejante daño a su amiga, y vio a tres tipos que la buscaban como para “acabar” con lo que habían empezado y no dejar rastro alguno del crimen.

Veinte minutos después de que la chica consiguiera llegar a su casa, “alguien” traspasó crédito del celular robado de Renee a otro número telefónico: al de un tal José Enrique Montenegro. Esto está demostrado, explican ella y sus abogados, en un extracto de la empresa Tigo que la joven solicitó al día siguiente de la violación, y que le llegó dos días después. En este documento aparecen dos transferencias de crédito, de Bs 20 cada una. Ésta es una de las pruebas fundamentales en el juicio de un caso que han recusado jueces de Samaipata, Saipina y Comarapa, cuentan los abogados, y que se está desarrollando ahora en Vallegrande.

Identificar a los autores del hecho, cuentan ella y sus abogados, fue fácil porque Samaipata no es muy grande: dio las características físicas de los violadores y, con un amigo, buscaron en Facebook entre los perfiles de hombres del pueblo. Y ella no tuvo dudas al verlos. También fueron reconocidos por el amigo que le abrió la puerta aquella noche, explica uno de los abogados, Erick Javier Viruez.

Un informe médico forense, los testimonios de un policía local, Mario Flores, que asegura que los hermanos Flores reconocieron su culpabilidad, y el de otro uniformado, que contó que Montenegro también se declaró culpable en un principio y que incluso le llevó a su casa, donde su esposa le entregó la cartera de Renee, son algunas de las pruebas presentadas por la defensa de la joven.

El día en que Renee viaja de nuevo a los valles es, como cualquier otra jornada de juicio, un día difícil: no sólo porque tiene que compartir el mismo espacio con las tres personas a las que acusa de haberla violado, sino porque ella no entiende bien la lengua castellana.

Antes de las nueve de la mañana, la mujer y sus abogados parten de la plaza Oruro. Alrededor de las dos de la tarde llegan a la plaza principal de Vallegrande, donde se encuentran los juzgados. Frente a ellos, ella se sienta en un banco y sigue comiendo sus papas y bebiendo su Sprite, mientras su defensa va a almorzar. En diagonal a donde se encuentra Renee se levanta la carceleta de Vallegrande en la que están, en detención preventiva, los tres acusados. Sus familiares ya han llegado también al pueblo y andan por las calles, haciendo tiempo hasta que empiece la audiencia.

A las tres, Renee y el letrado Viruez están ya están en el estrado. Poco después, unos policías traen esposados a los acusados, que van acompañados de sus familiares. Cuando éstos advierten la presencia de periodistas, cubren a los chicos con chamarras.

Entra también el secretario y, unos minutos después, el tribunal, compuesto por el presidente Apolinar Flores y los jueces técnicos Mary Severich Siles y Hugo Fernández Peñaranda.

Los jueces se extrañan de que haya cámaras de foto y video, y piden a los medios que se identifiquen. Tras comprobar las credenciales, dan permiso a los periodistas para que hagan su trabajo, mientras las familias de los tres hombres de Samaipata les lanzan miradas. Los acusados miran al suelo y al tribunal, no a Renee, que sí dirige la vista hacia ellos de tanto en tanto. El resto del tiempo observa a la persona que habla: la abogada de los detenidos, los jueces, el secretario. Y luego vuelve la mirada a su defensa, como pidiendo que alguien le explique lo que está pasando.

Hoy tenían que presentarse los testigos de los tres hombres, pero ninguno ha acudido. Es por eso que su abogada, Silvia Flores Condori, pide que se suspenda la audiencia. El secretario señala que no hay pruebas de que la defensa haya entregado las notificaciones de comparecencia a los testigos. Entonces, el juez Peñaranda argumenta que, para que haya igualdad, puesto que la acusación ha solicitado anteriormente aplazar audiencias por la falta de testimonios, está de acuerdo con suspender la de hoy.
El Tribunal delibera y anuncia: “Por una vez se suspende la audiencia. Es la única vez que se va a aceptar esto por inasistencia”. Luego, los tres consultan un calendario y el presidente da la nueva fecha: el 5 de junio a las tres de la tarde. “Vamos a habilitar hora hasta agotar”, avisa. Es decir, tratarán de que hablen todos los testimonios y, si es posible, darán sentencia ese mismo día.
Cuando Renee se da cuenta de que la audiencia, de nuevo, ha sido postergada, se le escapa un “¡Jesus!” pronunciado en inglés, y luego suelta aire por la boca.

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Los policías se llevan a los acusados y su defensa y familiares se marchan sin querer hablar con la prensa. El juez tampoco tiene ganas de hablar y, a duras penas, se le roban algunas palabras: "Prefiero no hacer ninguna declaración".

Ya afuera, Renee enciende un cigarrillo. Van dos meses y seis audiencias, y hace un año y medio que ella puso la denuncia. En este tiempo, no ha dejado de ir a Samaipata. “Estoy protegida”, explica. Tiene amigos allá. Trata de expresarse en castellano pero le cuesta. Ha venido su intérprete, que habla por ella.

Hay quien le ha dicho que por qué no se ha ido a Estados Unidos. “Quiero que mi caso sirva para que otras mujeres se atrevan a denunciar”. De hecho, ella se ha quedado en el país para que se haga Justicia. A raíz del proceso judicial que ha iniciado, hay quien le ha contado de otras violaciones en uno de los pueblos con mayor afluencia de turistas. “Quiero ser el ejemplo para otras mujeres” en el país. Por eso, ella no tiene ningún problema es mostrar su rostro y dar su nombre: porque ella es una víctima y no tiene por qué avergonzarse de eso. Sigue esperando que la Justicia haga honor a su nombre.

 

 

Visto 7720 veces Modificado por última vez en Jueves, 11 Junio 2015 10:57
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