Viernes, 12 Diciembre 2014 16:19

El aborto es una realidad en comunidades indígenas

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Una investigación del Colectivo Rebeldía muestra la realidad sobre la interrupción del embarazo entre mujeres de los pueblos chiquitano, guarayo y ayoreo, y por qué muchas optan por practicarla.

Gemma Candela / Santa Cruz

“Ni su esposo de una la respeta, porque cuando llega borracho la viola. Nosotras las abuelas hemos sufrido eso y las jóvenes ahora también. Eso tiene que acabar”. “A las mujeres les dicen que son flojas si no quieren tener hijos o si no quieren más de los que ya tienen”. Son testimonios de una mujer guaraya y de una chiquitana que, junto con otras voces femeninas, han sido recogidos en un diagnóstico sobre embarazo no deseado y aborto en tres pueblos indígenas del oriente boliviano: ayoreo, guarayo y chiquitano. Se titula Aunque no lo quieran ver, el aborto existe y ha sido realizado por el Colectivo Rebeldía. Fue dado a conocer el 10 de diciembre, coincidiendo con el Día de los Derechos Humanos, en el Hotel Senses de Santa Cruz. En él han participado investigadoras urbanas y mujeres de las etnias estudiadas. Algunas acudieron a la presentación, donde coincidieron al señalar que, al principio, las entrevistadas no querían hablar del asunto: el aborto es un tabú sobre el que, ya en petit comité, ellas se atrevieron a contar experiencias y opiniones.

12 hijos, como los apóstoles

La falta de educación sexual y los mitos en torno al uso de anticonceptivos y al propio aborto son barreras a las que se enfrentan estas mujeres, muchas de las cuales acaban teniendo una descendencia que supera el número diez. “Como guarayas no podíamos tomar la decisión de no tener hijos porque lo primero que nos decían era que la mujer se hizo pa que tenga 12 hijos (…). Yo tuve 13, pero para mí es una desgracia porque yo decía que quería tener cuatro”. Según el estudio, el número 12 viene de la época de la evangelización, pues ése es el número de los discípulos de Jesucristo, según la iglesia católica.

Hay otro obstáculo: el mito de que las féminas se tornan más activas, sexualmente hablando, si usan anticonceptivos, hasta el punto de ser infieles, dificulta el uso. “Por los métodos hay mucho divorcio y peleas, porque al colocarse la inyección, la T de cobre o lo que sea, se buscan a otro (varón) cuando uno se va al monte”, contó un hombre a las investigadoras. Una mujer ayorea afirmó: “Mi marido me dejó por usar métodos”.

Investigadoras presentando el diagnóstico.

Las entrevistadas coinciden en que se “cuidan” cuando la pareja está de acuerdo. Y, de todos modos, no siempre es fácil conseguir con qué cuidarse, especialmente en aquellas comunidades que se encuentran alejadas de núcleos urbanos. Allí, muchas de las postas sanitarias eran, y siguen siéndolo, administradas por religiosas. Una señora guaraya contó a las investigadoras que, cuando pidió anticonceptivos a una enfermera monja, ésta le respondió: “Pa que quiere, si las mujeres son pa parir”.

Una vez que se quedan embarazadas, hay veces en que la mujer decide tener al bebé. Pero, en otras, no. En ocasiones son ellas las que buscan hacer la interrumpción voluntaria. “Cuando quiere abortar, una va al médico o a la farmacia a comprar inyecciones o tabletas, y si está lejos de la ciudad lo hace con otra cosa, del árbol de guayacán o raíz de plátano”, aseguró una ayorea.

Otras veces, el aborto es inducido por terceros: familiares o la propia pareja. “Los maridos la violan a una. (…). Llegó mi marido borracho y no le importó nada. Después de eso ya no me bajó, estaba embarazada, él quería que aborte porque me dijo que no quería andar conmigo fea, y pagó a una mujer para que me dé unas hierbas. Tres meses tomé pero no perdí el embarazo”, relató una integrante del pueblo chiquitano.

Mitos sobre el aborto

“El aborto es un peligro porque las mujeres se desangran”, indicó una. “Los duendes son los niños que uno aborta”, afirmó otra. Se cree que allá donde se ha enterrado los restos, se oyen lloros. También se dice que esos duendes van a la casa de la persona que interrumpió su embarazo y se comen los alimentos. Si se oye a alguien llorar o desaparece la comida, todo el mundo sabe que la mujer abortó. Incluso hay la creencia de que la sequía la causan los bebés que no han llegado a nacer.

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Sucedió ayer y pasa hoy

La coordinadora del Colectivo Rebeldía, Guadalupe Pérez, dijo durante la presentación del diagnótico: “No se promueve el aborto al pedir aborto seguro, pues es algo que sucede en cualquier momento histórico”. En el estudio se presenta el caso de los ayoreos que, cuando en el pasado se encontraban en conflicto con otros pueblos, consideraban un riesgo que hubiera niños pequeños en el grupo. En esos momentos, si una mujer daba a luz lo hacía en un agujero en la tierra. El recién nacido caía adentro y, sin que la madre lo mirara, era enterrado. Incluso, eso se hacía, hasta no hace mucho , si un hombre pensaba que el bebé no era suyo: “A mi primer hijo yo lo enterré en el pozo porque mi esposo no lo aceptó. Yo quería, pero él, no, y es mi único marido de toda la vida”, relató una abuela ayorea.

Esta etnia es más tolerante que otras con las decisiones que toman las mujeres: “Con las que abortan nadie se mete, cada una tiene su decisión”. Si una trabajadora sexual ayorea se queda embarazada, se le da “permiso” para abortar porque el embarazo le impediría seguir con su trabajo, y eso afecta a la economía de la comunidad. En este caso, también se induce a la mujer a interrumpir la gestación.

Una tradición de este pueblo, cuando nace un niño de un embarazo no deseado, es que la madre lo regala a alguien de su propia comunidad.

“El aborto clandestino (http://www.la-razon.com/index.php?_url=/sociedad/Pese-ilegalidad-practican-abortos-metodos_0_1876612347.html) es una injusticia social”, sentenció Guadalupe Pérez. “El acceso a un aborto seguro es un derecho humano”, aseguró, porque implica a los derechos reproductivos, sexuales, civiles, políticos, económicos, sociales y culturales.

En Bolivia, cada año se practican entre 40.000 y 50.000 abortos (http://www.alianzaporlasolidaridad.org/wp-content/uploads/Hablemos-Aborto-Bolivia-APS.pdf), según Alianza por la Solidaridad. Como resultado de las interrupciones del embarazo en condiciones inapropiadas, 650 mujeres mueren al año. Dos cada día en promedio.

Leer también:

http://lapublicadeslenguada.blogspot.com/2014/12/dos-metodos-anticonceptivos-para-el-dia.html

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