Lunes, 21 Julio 2014 21:33

Democracias de brecha digital

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La verdadera brecha no es de conectividad y no es un asunto exclusivo de países con sólo 35% de acceso a internet, como Bolivia, Ecuador y Paraguay, dice Cristian León, sino una brecha creada por gobiernos cerrados a la participación colectiva y acostumbrados a tener a su población comprometida con su destino político una vez cada cuatro o cinco años. La colaboración y participación masiva por internet se está convirtiendo en el nuevo paradigma de democracia.

Cristian León Coronado, investigador social en temas web

Por mucho tiempo se ha tomado a la brecha digital como un indicador que en sí mismo es una alegoría a un tipo de subdesarrollo nuevo, es decir, actualizado para los tiempos que corren. Tener malas conexiones a internet, altos precios y mínima diversificación de los servicios, paupérrimas velocidades, entre otros aspectos, de pronto se convirtió en señal de poco o mal desarrollo, por lo que la mayoría de los países del Sur, de nuevo nos encontraríamos en desventaja con respecto a las portentosas conexiones de 100 Mb de Europa, Asia y Estados Unidos. Empero, los grandes movimientos políticos y sociales de los últimos cinco o seis años que se han situado en diferentes partes del mundo, sin distinción geográfica entre Norte y Sur, nos permiten repensar el término de brecha digital, especialmente si en lugar de asociarlo al progreso económico, lo vemos desde los regímenes y modelos políticos. Esos movimientos sociales fueron por supuesto #OccupyWallStreet, el #15M español, la Primavera árabe, #Yosoy132 de México, el movimiento #Paselibre brasilero, y por qué no, incluso la defensa del #TIPNIS en Bolivia, entre muchos otros; todos los cuales se caracterizaron por haber tenido un correlato de acción entre las redes sociales digitales y el mundo real, pero sobre todo por haber logrado generar una participación masiva y haber roto con la mediación que los medios de comunicación tradicionales interponen entre el Estado y la sociedad. Estos movimientos nos han enseñado que las brechas digitales no implican solamente acceso a internet y capacidad para ofrecer servicios web privados, sino también una cuestión de conocimiento, comprensión y adaptación a las nuevas sociedades red que ni las democracias más avanzadas están llegando a tener. El Partido de la Red de Argentina se guía bajo la premisa de que tenemos democracias de ancho de banda limitado; el grupo DatAnalysis15M, que analizan el movimiento de los indignados en España, tiene la convicción de que los gobiernos aún viven en la prehistoria de la sociedad red; Justin Wedes, cofundador de #OccuppyWallStreet, en una reciente entrevista concedida a Asuntos del Sur alega que nuestros sistemas políticos están prácticamente obsoletos. Vivimos una era que se esgrime tanto en la calle como en la pantalla, y que se caracteriza por su abundancia de información y conocimiento libre. Es la era que ha permitido la autocomunicación de masas de M. Castells, la tecnosociabilidad de F. Calderón, la tecnopolítica del DatAnaylisis15m, y la política viral de B. Arditti, entre otras denominaciones y esquemas teóricos que se están formulando para entenderla, todos basados al final en el la potencialidad que las redes sociales digitales están permitiendo a los usuarios para crear democracias nuevas, democracias de presencia virtual. No obstante, el sistema de sufragio y la centralización siguen siendo la vanguardia de la ingeniería política en muchos países, y en lugar de implementar y mejorar las plataformas de participación en tiempo real, los gobiernos se dedican a construir espejismos de sí mismos. Los experimentos de trabajo colaborativo entre Estado y sociedad han dado hasta el momento buenos resultados, y hoy se cuenta con agendas digitales en varios países, el Marco Civil del Internet en Brasil, y hasta toda una Constitución Política elaborada en gran parte de manera online en Islandia. La verdadera brecha, entonces, no es de conectividad y no es un asunto exclusivo de países con sólo 35% de acceso a internet, como Bolivia, Ecuador y Paraguay, sino una brecha creada por gobiernos cerrados a la participación colectiva y acostumbrados a tener a su población comprometida con su destino político una vez cada cuatro o cinco años. La colaboración y participación masiva por internet se está convirtiendo en el nuevo paradigma de democracia.

Visto 1458 veces Modificado por última vez en Martes, 22 Julio 2014 10:39
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