Miércoles, 24 Junio 2015 10:15

Internet.org: un simulacro profiláctico

“Niñas de Ancoraimes”. Foto de la Embajada de EE.UU. en Bolivia. Licencia Creative Commons BY/ND 2.0. “Niñas de Ancoraimes”. Foto de la Embajada de EE.UU. en Bolivia. Licencia Creative Commons BY/ND 2.0.

“Todo niño tiene derecho a disfrutar de un show al aire libre,
sin que los molesten los policías”
Calcetín con Rombos Man, 31 Minutos.

Daniel Cotillas es comunicador 

Bienvenida y bienvenido a la Cancha, el mercado principal de la ciudad de Cochabamba en Bolivia: el espacio de intercambio, relacionamiento social, comercio y trueque por excelencia. Esta Cancha es una gran marea de personas, diálogos, relaciones, interacciones y conexiones. En ella nos movemos sin orden (en apariencia) dentro de una regulación que es prácticamente imposible. Es un todo caótico pero orgánico, que funciona desde la enmarañada urdimbre de las decisiones personales hasta convertirse en una inmensa inteligencia colectiva.

En cambio, ahí está la Plaza de San Antonio: vallada. No se puede pasar. Es un espacio mantenido pulcro, sin ruido visual y hasta podríamos decir olfativo. A veces se pueden apreciar algunas personas que han obtenido el permiso para entrar, sentarse adecuadamente y plantear su ciudadanía desde el más exquisito de los comportamientos. Esta plaza, además, está cuidadosamente vigilada, en caso que las personas que la ocupan momentáneamente, realicen alguna acción que esté fuera de los estándares del decoro que los cuerpos de seguridad, públicos o privados, consideren como tal. Dentro de este espacio se está agusto: el verde es más verde, no hay suciedad en el piso, las flores están perfectamente colocadas una al lado de otra y hasta pareciese que la muchedumbre vital que se agolpa al otro lado de la valla no afecta en absoluto. Podría abrirse la puerta para salir, pero la verdad es que uno le coge el gusto a esta comodidad simulada, a este espacio entre lo ideal y sugestionado del que lamentablemente tendremos que salir antes o después, porque definitivamente, la vida está ahí fuera.

He aquí la diferencia entre lo que es Internet y lo que es internet.org. Entre lo que es la vida, y lo que es un simulacro empresarial de la experiencia social. Lamentablemente la empresa Facebook nos quiso poner difícil el explicar qué es cada cosa otorgando a su proyecto precisamente el mismo nombre del invento que nos permite leer esto.

Uno de los argumentos más esgrimidos por parte de la empresa estadounidense Facebook para validar su proyecto es plantear que quieren potenciar la conectividad entre personas. Esmeralda y Erika son las dos niñas que han sido puestas sobre el tablero mediático por internet.org para representar este paradigma. Facebook nos plantea: ¿Imaginas lo que podrían hacer con acceso a Internet cuando sin tenerlo han logrado crear un brazo hidráulico por ellas mismas? Sin embargo, la solución que nos dan es la siguiente: “no podemos darles acceso a Internet pero podemos ayudarlas a conectarse”. ¿Con quién? ¿Para qué? ¿Intercambiando qué? Según Facebook, si dejamos que Esmeralda y Erika entren a la Plaza de San Antonio, de esa forma, podrán conocer desde la valla cómo se ve la Cancha, admirar las posibilidades de hablar con la gente, saber qué piensan, qué conocimientos tienen, aprender de ellos. Sin embargo, debido a la clasificación social de la pobreza que sostiene internet.org, de momento ellas no podrán disfrutar de este lujo.

La conectividad no es una herramienta, es una tecnología. Es cuando toma sentido el 1+1=3. Donde de lo que yo sé, con lo que leí que escribiste tú, surge una nueva idea. No es sólo la cuantificación del logro, sino la cualificación de un cambio social del que todos podemos ser partícipes desde el entendimiento que una conexión ha de ser abierta. No olvidemos que estas niñas, con una tremenda imaginación potenciada por la conectividad e intercambio social de su entorno, y sin internet, lograron crear algo simplemente observando. Ahora, queremos comprarles unos prismáticos para mirar qué lindo se ve la otra orilla donde se comparten informaciones, conocimientos y sentires, en lugar de construir un puente que, lenta pero libremente, las pueda ayudar a cruzar, y así, generar vínculos tecnológicos sostenidos desde la apropiación.

Un primer paso hacia el uso de Internet

Otro de los argumentos más utilizados es el que nos plantea que en ningún momento se nos está engañando, que al fin y al cabo es un paso previo para darnos motivación a pasar a Internet. La brecha digital es algo a tomarse muy en serio, y por ello, es preocupante que en esa afirmación existan errores tan sumamente importantes. ¿Cómo voy a saber qué es Internet comparándolo con un ejemplo anacrónico, descontextualizado y predeterminado? O lo que es lo mismo, ¿alguien aprendió a hacer el amor leyendo un libro? Pues lo que aquí se nos plantea es justamente eso: mostrarnos, una vez más, un símil artificial de lo que ha de ser una experiencia vital. Existen muchas formas de habitar internet, no sólo la experiencia que nos trae Facebook donde las relaciones son mediadas, vigiladas, controladas, sin posibilidad de generar ninguna deliberación ni cohesión entre las personas. Existe un Internet libre, abierto, propositivo, dialogante… y al mismo tiempo caótico, ruidoso y abrumador. Eso es Internet y no otra cosa, esa suma de posibilidades infinitas que se dan en el momento que tomamos la decisión de ser y estar conectados. O si somos más fans de las matemáticas, es cuestión de plantearnos por qué pensar que Internet es acceder a 19 sitios cuando hoy existen casi 1000 millones de webs en la red y sumando.

Gratis y Libre

Ha llegado ese fatídico día en que podemos decir libre y gratis como si de palabras sinónimas se tratase. ¿Acaso tenemos algún tipo de tara angloparlante y tenemos que traducir el ya famoso lema “Libre como en Libertad no como en cerveza gratis”? 1

De hecho, en Internet prácticamente nada es gratis. Tú, yo y la doña que me mira con sonrisa de “cómpreme casero” pegada a la valla lo sabemos: cuando una corporación nos dice que algo es gratis en la red quiere decir que el beneficio sale de nuestra intimidad. Nuestros datos, información, la navegación que realizamos, el historial. Todo el rastro de nuestro quehacer cotidiano desde la computadora y el celular pasa a formar parte de grandes bases de datos que son empaquetadas tanto para empresas como para gobiernos. Y como dijo Edward Snowden, argumentar que no es importante el derecho a la privacidad porque no tenemos nada que ocultar, es como decir que nos da igual la libertad de expresión porque no tenemos nada que decir 2. Claro, Facebook nos ha dicho que no va a comercializar con terceros nuestra información, y eso a mí, me alivia.

La libertad tiene que ver con algo que va más allá de vivir en un contexto donde elijo entre Pepsi y Coca Cola, Windows o Mac. El hecho de ser libres suponer tener la soberanía de nuestras herramientas y procesos. Tener la capacidad, como sociedad, de crear y generar soluciones creativas a nuestras necesidades y deseos. A construir en conjunto las tecnologías con las cuales queremos hacer que nuestras relaciones puedan encaminarse al entendimiento y la cooperación y no a la competencia y la exclusividad. A elegir cómo, cuándo y dónde recibo y envío cualquier información, y acceder a cualquier otra en el formato y método que yo quiera. Ser libre, hoy y siempre, ha implicado un pacto social con el otro, por la convivencia y el desarrollo civilizado. No tiene sentido, permitir una vez más, que el brillo de las baratijas ciegue la posibilidad de decidir sobre nuestro futuro.

Lo que nos propone entonces internet.org es acceder a un simulacro en donde convivamos en una supuesta conexión, desde la preservación y defensa de nuestra capacidad de relacionarnos. En donde, a través de un circuito cerrado y limitado, creamos experimentar lo que es participar de un diálogo mayor, múltiple y abierto. Todo ello desde el ilusorio autoconvencimiento que para contar con un acceso a Internet de calidad y plural, nuestra sociedad no está a la altura en capacidad técnica, ni económica. Y por ello, hemos de ceder nuestra soberanía y libertad en aras de un patio de juegos privado y privativo donde sentir que en cualquier momento -como por arte de magia- podremos salir a jugar al espacio público.

La clave aquí no es el hecho de cuántas personas querrán pasarse a la Plaza de San Antonio para observar cómo se ve la Cancha, o si esa decisión está bien o mal. El tema clave es no olvidarnos nunca de qué hace que una plaza sea una plaza, porque el momento en que permitamos que nos coloquen una foto de una fuente para representar una fuente, una foto de una banca para representar una banca, y nos digan que “así es cómo se ve la banca en la que podrías estar sentado pero eres demasiado pobre para permitirte una”, ese día, será demasiado tarde para recordar que lo público lo construimos entre todos y todas, y que las demandas sociales pasan por entender nuestras obligaciones y responsabilidades y por ello, también estamos en el derecho de reclamar a quien corresponde que queremos compartir libremente una Cancha abierta y no sólo un jardín de infancia. Que ya somos mayores.

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