Viernes, 16 Mayo 2014 17:30

Ser uno más de “Los Miserables”

Cosette, la niña de Los Miserables. Cosette, la niña de Los Miserables. Ilustración: Emile Antoine Bayard

Ir a Galería y Anfiteatro, en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez, es sentir con crudeza que uno es ciudadano de última clase. Así lo ve un espectador que “no vio” la obra Los Miserables

 

Milton Caballero

El musical Los Miserables (adaptada por la compañía de danza All That Jazz y Prodeartes) se estrenó con un lleno completo en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez. Por el desempeño del elenco y la cantidad de espectadores, efusivos a la hora de los aplausos, se podría considerar un arranque exitoso. Pero no todos los espectadores sintieron las mismas emociones; más allá de la sinopsis: “la redención, en la eterna lucha del bien contra el mal”, que las directoras del musical (Érika Ayala y Ana Espinoza) adelantaron a la prensa escrita, lo que puso en evidencia la obra fue la eterna diferencia entre el ciudadano de primera y el de segunda y hasta tercera clase.

Ocurre que el teatro Municipal, modelo que reproduce las diferencias de clase: platea y palco para los pudientes, anfiteatro y galería para el pueblo llano, impide a estos últimos ver las obras plenamente. Quien no logra ubicarse en la primera fila del centro de esos espacios, es decir de frente al escenario, se va a perder gran parte de la obra. Desde anfiteatro (Bs 70) y galería (Bs 40) no se ve sino partes del espectáculo, y el resto hay que imaginárselo.

Para Los miserables, la compañía recurrió a proyecciones a fin de ambientar las escenas. No podría decir qué exactamente muestran las imágenes, pues no logré distinguirlas desde mi asiento en anfiteatro. Y resultó hasta cómico quedarme con la imagen de las piernas de los actores cada vez que éstos subían a las barricadas que dispone la escenografía para recrear episodios dramáticos de una revolución fracasada.

Lo que digo, que no debe ser desconocido para las autoridades municipales, me lleva a preguntar: ¿No sería mejor y más honesto ofrecer a los espectadores sólo las ubicaciones apropiadas a la hora de vender las entradas? O ¿venderlas mucho más baratas? ¿O al menos regalar a los pobres espectadores el programa y no venderlo a Bs 5, como a los más privilegiados?

Por lo que sé, cuando los programas son gratuitos, ni siquiera se los reparte a quienes entran por la “puerta trasera” de galería y anfiteatro.

Menos mal que la obra no reflexiona sobre las diferencias entre los ciudadanos pudientes y los que no lo son. ¿O sí? Es que en serio no pude verla.

Visto 2904 veces Modificado por última vez en Jueves, 22 Mayo 2014 18:44
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