Miércoles, 09 Septiembre 2015 02:49

Cochabamba, trenes y ¿progreso?

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Tranvía arribando al Parque Cala Cala Tranvía arribando al Parque Cala Cala Fundación Torrico Zamudio

A más de cien años de que Cochabamba estrenara su primer tranvía, el transporte masivo sobre rieles vuelve a ser una opción para la capital valluna. Aquellos primeros vagones que funcionaban a tracción animal son el antecedente más remoto del nuevo megaproyecto planteado desde el gobierno central. Sin embargo, aunque gran parte de la población se muestra esperanzada, existen otros sectores que lo miran con recelo.

Mijail Miranda Zapata/Cochabamba

En mayo de 2014 se promulgó la Ley de Creación de la Región Metropolitana  Kanata, constituyéndose en la primera del país. Está conformada por siete municipios (Sipe Sipe, Vinto, Quillacollo, Tiquipaya, Colcapirhua, Cercado y Sacaba) del departamento de Cochabamba y en ellos se concentra el 64,58% (1.135.474 habitantes) de la población departamental. El objetivo de agruparlos en un área metropolitana es resolver integralmente las demandas urbanas y rurales, mediante una planificación coordinada y articulada.

Existen desafíos y problemáticas en común que deberán trabajarse a partir de esta nueva instancia. Entre ellos: la mitigación de la contaminación del río Rocha, el acopio y tratamiento de residuos sólidos y el dotar a la población de una alternativa de transporte. Con el ánimo de satisfacer esta última demanda es que en marzo reciente el gobierno central aseguró la inversión de 450 millones de dólares para la construcción de un moderno tren eléctrico.

Cochabamba es el departamento con mayor densidad demográfica en el país, pues concentra a 31,60 habitantes por kilómetro cuadrado. Si a este dato del Censo 2012 se suma otro, recogido el mismo año por la Unidad de Movilidad Urbana, que afirma que hay un vehículo por cada 8 personas y que 50% de ese parque automotor se concentra en Cercado, queda al descubierto uno de los principales conflictos de los centros urbanos vallunos: el caótico sistema de transporte.

Se estima que 150.000 personas se movilizan diariamente en el Cercado usando los actuales servicios de transporte público y en ese mar de gente, es difícil hallar voces de satisfacción. El transporte público en Cochabamba, como casi en todo el resto del país, funciona mal y cualquier comentario al respecto deviene en queja.

Mal servicio, malos tratos: una constante

Andrea Pozo cursa el último año de la carrera de Bioquímica y Farmacia. Para realizar sus prácticas debe dirigirse a diario desde su casa, en la zona Sur de Cochabamba, hasta el Hospital Municipal de Tiquipaya. “Tengo que tomar dos trufis, porque no hay ninguno que me lleve directo; es un gasto que podría evitar si hubiera otra opción para movilizarme”, sugiere. Además del costo y los sacrificios que implica su traslado, Andrea tiene más de una experiencia desagradable en el transporte público. “Tengo que ir a mis prácticas con uniforme blanco, impecable. Pero me ha pasado que los trufis están sucios y llego al hospital con el pantalón o la blusa manchada, con grasa o cualquier otra cosa”. Sin embargo, lo que mayor disgusto le provoca es que los choferes la traten mal cuando anuncia que pagará su pasaje de “universitaria”, como le corresponde. “Me miran como si estuviese robándoles, por eso cuando me ven con uniforme, se pasan de largo y no me recogen”. Por otro lado, “cuando a la noche regreso tarde, por mis turnos, me cobran 50 centavos de más y ya no hacen valer el pasaje de estudiante”, sentencia.

Un reclamo similar es el de doña Felicidad Tintaya, que gasta aproximadamente 15 bolivianos en pasajes, cuando necesita trasladar las flores que produce en su pequeña parcela en Sipe Sipe, para comercializarlas en la ciudad. “A veces con bulto no me quieren recoger, se pasan nomás”, afirma resignada. Denuncia, además, que muchas veces quieren realizarle cobros extras por trasladar sus productos, que usualmente no representan más que un aguayo y una pequeña bolsa de mano. “Siempre nos tratan mal, manejan enojados y sin preocuparse por el pasajero”, afirma. Y al igual que Andrea, advierte que “a partir de las 9 o 10 de la noche, ya hacen subir el pasaje; de Cochabamba a Quillacollo nos cobran 3 bs”. Pero lo que más molestia le provoca es que cuando le toca viajar con su madre, generalmente por motivos de salud, no recibe ningún tipo de consideración. “Ella es ancianita, apenas se mueve y algunos chóferes nos gritan para apurarnos y después ni quieren aceptar que pague como tercera edad”, recordando que, por norma, a los mayores de 60 años les corresponde una tarifa diferenciada.

Esas son algunas de las malas experiencias de los usuarios del transporte público en Cochabamba, quienes aguardan el nuevo Tren Metropolitano con la esperanza de encontrar un servicio de calidad.

La Pública te invita a recorrer la historia de los trenes en Cochabamba y conocer más de este nuevo megaproyecto:

 

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