Martes, 20 Octubre 2015 17:05

Ganarse la vida entre certificados, firmas y sellos

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Están cerca de las oficinas consulares, de los servicios de identificación y de casi cualquier administración pública. Es fácil encontrarlos alrededor del Palacio de Justicia de Santa Cruz e identificarlos: en general son de la tercera edad o, al menos, cuarentones. Resuelven dudas sobre procesos y papeleos, acompañan a quien necesita guía para gestiones legales y realizan trámites por alguien más. Incluso hacen de garantes y testigos. Son los tramitadores, cuentapropistas que la justicia mira de reojo.

Fabiola Gutiérrez / Santa Cruz

El gigante azul de 18 pisos que está sobre la avenida Uruguay, entre las vías Monseñor Rivero y Beni, fue en su momento el más alto de Santa Cruz. Pero no es su altura su rasgo más característico hoy, sino las filas de personas que se forman mañana y tarde, de lunes a viernes, en torno a él. Tiene una salida y tres entradas, una de las cuales es para funcionarios y tiene dos ascensores: uno lo usan sólo los jueces y, el otro, los demás trabajadores públicos. La mayor cantidad de gente se concentra en dos sitios: ante el único elevador que pueden usar las personas que acuden a una audiencia, a hacer un trámite o a pedir información, y ante ante la puerta que lleva a las escaleras, fila que fluye más rápido que la de los ascensores. Es el Palacio de Justicia de Santa Cruz, sede del Tribunal Departamental de Justicia.

Palacio

Fachada del Tribunal Departamental de Justicia de Santa Cruz, también conocido como Palacio de Justicia. "Éste es el palacio de la injusticia", se ríen unas mujeres que pasan por el lugar. Foto: Gemma Candela.

Entre las entradas y salidas, entre el movimiento de gente, algunas personas son fijas: vendedores de labiales, fundas para celulares, gafas, pastillas, tarjetas de crédito telefónico o maletines, cosas que cualquiera pueda necesitar durante una larga joranda de filas y audiencias. También son parte del paisaje diurno de los bajos del palacio los tramitadores: hombres y mujeres adultos que conocen el tejemaneje de las gestiones. A ellos se acercan quienes necesitan orientación acerca de cómo se transfiere un bien inmueble o cuánto cuesta conseguir un certificado de antecedentes penales, o a preguntarles si saben de alguien que quiera ser testigos para el permiso de viaje de un menor de edad.

Ser testigo es, para algunos, un oficio

María está tramitando el permiso de viaje al exterior para su hija. Lo que no sabía, y se entera ahora, es que tiene que contar con garantes o testigos que no sean de la familia. Mientras piensa en lo complicado que será coordinar con amigos para que asistan al Palacio de Justicia en horario de oficina, escucha que afuera hay quienes se ofrecen, pago de por medio, para hacer este trabajo. La mujer termina pagando Bs 80 para que dos hombres adultos, con sus caédulas de identidad y facturas de luz a la mano sirvan a su propósito.

Cuando se acerca a la ventanilla con los testigos, la funcionaria pública exclama: “¿Otra vez ustedes dos?”. Y acto seguido les entrega los documentos que deben firmar. Así es como María consigue el permiso. “Claro, ellos no están haciendo nada ilegal. La ley pide dos garantes, pero no dice nada sobre cuántas veces alguien puede serlo”, comenta María muy divertida.

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 Plataforma para tramitar permiso de viajes para menores. Foto: Fabiola Gutiérrez

Si no hay garantes disponibles cuando se los requiere, personas como Mabel (nombre ficticio) los consiguen. Ella tiene 64 años y se dedica desde hace casi una década al oficio de tramitadora. Antes de lidiar con abogados y despistados, esta mujer era ama de casa. Un mal día le tocó ser parte de un juicio –del que no desea dar detalles– y en esos trajines conoció a varias personas gracias a las cuales descubrió que era posible sostener su hogar dedicándose a hacer trámites. 

Empezó cumpliendo diligencias para clientes que estaban en la cárcel, gestionando sentencias, recopilando documentos. “Yo me movía con la libertad de esas personas en mis manos”; ése fue su ritmo de trabajo durante siete años en los que la asaltaron dos veces. Ello la motivó a dejar lo judicial. Ahora se dedica a buscar garantes y hacer trámites en derechos reales. "Cambiaría de trabajo si hubiera algo estable, pues muchos, como yo, somos padre y madre a la vez”. Vive en el Octavo Anillo, el más alejado del centro de Santa Cruz, donde se encuentra el tribunal, por lo que se levanta a las seis de la mañana todos los días para estar a las ocho. Almuerza en la zona y a las seis de la tarde se marcha a casa.

Tramitadora y estudiante de Derecho

“¿Alodial, vista rápida, inscripción?”, ofrece una voz femenina y entusiasta. Es Zulma, quien está sentada en la planta baja del palacio. Tiene 41 años y lleva un maletín sobre las faldas. Se dedica al mundo de las gestiones desde hace un año. “Así me gano el pan, honradamente”. Empezó después de haber vivido un problema con una abogada, conflicto del que, como su colega, no quiere hablar. Cuando ella decidió trabajar en este ámbito, nadie se opuso, pues no hay un sindicato u otro tipo de organización. Es un oficio libre.

Cuenta que "todo tipo de personas buscan a los tramitadores y eso implica que aparece de vez en cuando "gente mala". "Tengo que ser cuidadosa”, pues en una ocasión encargaron a Zulma unos trámites inmobiliarios. Se dio cuenta a tiempo de que le habían dado una matrícula falsa. También se requiere paciencia, porque de un lado hay alta presión y del otro hay que esperar mucho para llegar ante alguna de las ventanillas de atención. “Dicen que nos quieren dar credenciales y poner tarifas mínimas a los tramitadores”, suelta en tono jocoso. "¿Quién lo dice?". “Las malas bocas”, se muestra escéptica. 

Su relación con la justicia va más allá de encargarse de papeleos. "Estoy en mi primer año de Derecho para que nunca más me engañen ni a mí ni a mi familia, y para ayudar a las demás personas”. Tiene un hijo joven y ella es quien sostiene su hogar. Le gusta compartir los desayunos con su niño. A veces la carga laboral exige estar correteando todo el día. Pero Zulma sino se queja, sino que se define como emprendedora y es por eso está ahorrando para abrir un servicio de distribución de alimentos. Y la cosa no queda ahí: cuando termine los estudios sobre leyes quiere tener su propia oficina jurídica o ser docente universitaria.

Este oficio ¿da para vivir?, es la pregunta. El dinero no llueve, pero sí gotea, coinciden los consultados.

Jubilados con ganas de seguir

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Sala de espera y ventanillas para iniciar trámites de propiedad de inmuebles. Foto: Fabiola Gutiérrez

Eduardo tiene 65 abriles. “Venimos cuando queremos y cuando podemos”, describe su libertad este tramitador de derechos reales con dos años de antigüedad y que llegó por invitación de su vecino, puesto que “unos tramitadores invitan a otros”. Se jubiló de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM), donde ponía los cinco sellos que llevan los títulos de bachiller. Decidió aceptar la invitación porque no le gusta estar ocioso. “Hay unos jubilados que se sientan en la calle Colón, no hacen nada y se deprimen. Acá yo charlo con los clientes y hago ejercicio porque evito los ascensores y prefiero las escaleras"; a veces comienza temprano en la mañana, otras, tarde, según lo que necesiten sus clientes. Lo que sí trata siempre es de rse del palacio de día para evitar el riesgo de la noche.

Vive de su jubilación y de lo que gana como tramitador, y ya no mantiene a sus hijos. “Que mis hijos me mantengan a mí”, se incluye en la charla Cielo, un poco en broma. Ella, con sus juveniles 80 años, es una de las tramitadoras más antiguas del Palacio de Justicia: lleva 12 años en el oficio y también es jubilada. “Tengo mis buenos años. No me contratarían en otro lugar por mi edad; dicen que soy vieja". Llegó a este oficio porque hay abogados en su familia y luego otros comenzaron a llamarla y aprendió de ellos: “Esto había sido como ir al colegio”, compara. “Yo fui deportista cuando era joven; pero hay días en que me duelen las piernas y prefiero no venir”.

Una profesión sin sindicato ni asociación

“No hay una organización de tramitadores, pero se está queriendo armar una”, dice Andrea, tramitadora en derechos reales. Tiene 45 años y empezó hace siete. Trabajó en un registro civil, luego en las oficinas de recaudación de impuestos y ahora en el Palacio de Justicia. Su marido le enseñó y ambos sostienen a la familia de cuatro miembros. Su jornada no es tan libre como la de sus compañeros, pues todos los días taconea de 8.00 a 18.00. “No necesariamente hay facilidad de horarios porque el cliente dice que lo necesita a uno a tal hora y uno tiene que estar porque, si no, no hay trabajo. En los siete años que estoy aquí, nunca he tenido vacaciones. Yo vengo llueva o no llueva”, en verdad viaja, pues vive "lejísimos", por la zona de la cárcel de Palmasola.

Eduardo calcula que deben ser unos 20 tramitadores en el Palacio de Justicia, que todos se conocen y que nadie pelea con los otros. Cielo expresa su desconfianza sobre la nota de prensa: "No me parece que escriban sobre nosotros porque hay gente que no quiere que trabajemos, a los abogados no les gusta que cobremos menos y que estemos aquí y no en oficinas". Ante la pregunta sobre qué obstaculiza que tengan su organización, dice que faltaría que todos se pongan de acuerdo en dar aportes económicos y que esto no es tan fácil, pues nadie gana tanto como otros piensan. 

filas ascensores
 

Los cotizados ascensores y las colas que los caracterizan. Foto: Fabiola Gutiérrez

Mirados de reojo por la justicia 

Los tramitadores, efectivamente, son mirados de reojo por sus contrapartes formales. El representante Distrital del Consejo de la Magistratura, Carlos Calderón, es el responsable de la transparencia en los trámites del Tribunal de Juticia. Él indica que si bien el oficio de estas personas puede ser útil, dos situaciones de riesgo están latentes: que el gestor haga una asociación irregular con algún funcionario público, o que éste le dé prioridad de tanto que lo conoce.

En el primer caso, los tramitadores podrían cobrarle al usuario para pagar coimas o prebendas y esto incrementaría el riesgo de extorsión, señala Calderón. En el segundo, se trataría de una falta prevista por la Ley 045 Contra toda forma de racismo o discriminación, puesto que los trámites se agilizarían por compras de fichas o sobornos y mujeres embarazadas, personas de la tercera edad o  con capacidades diferentes ya no serían atendidas de forma preferencial, como estipula la norma.

Bajo el supuesto de que los tramitadores obstaculizan la transparencia de las gestiones legales, sostiene Calderón, una de las medidas que restringe su alcance es que los trámites sean todos de forma personal o mediante un poder. El representante del Consejo de la Magistratura explica que se están haciendo esfuerzos para reformular el sistema de atención mediante la optimización de la distribución de fichas, el llamador electrónico y la digitalización de los trámites que permite darles seguimiento desde cualquier terminal con acceso a internet, a través del Sistema Integrado de Registro Judicial y el Sistema Nacional de Registro Público. Pero, a pesar de todo eso, los gestores siguen estando ahí por necesidad: por la suya propia de ganar un sueldo y por la de los usuarios del Palacio, quienes no tienen tiempo de hacer fila ni de volver una y otra vez hasta lograr terminar un trámite.

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