Lunes, 25 Abril 2016 00:19

La cultura vuelve a punto 0 en los planes de desarrollo para el 2025

La cultura vuelve a punto 0 en los planes de desarrollo para el 2025 Telartes

No es posible realizar un mínimo de evaluación de los alcances de la flamante “Agenda Patriótica”, si no se da un repaso a los elementos centrales que en el tema culturas contiene el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2011, que viene a ser la “madre del cordero” y que prácticamente desaparece del horizonte del Estado Plurinacional de Bolivia.

René Antezana Juárez / gestor cultural, Cochabamba

Comencemos por el final, es decir por las sugerencias para revertir un proceso preocupante relacionado con el papel secundario que la Agenda Patriótica reconoce al tema cultural. Sugerencias que adquieren sentido luego del análisis comparativo de dicha agenda con el precedente Plan Nacional de Desarrollo (PND) que fue concebido para el periodo 2006-2011, que no se concretó pero que en sus conceptos y perspectiva de las Culturas resulta absolutamente pertinente. En tal sentido, se hace preciso:

a) Recuperar y ejecutar las políticas planteadas en el PND.

b) Ampliar el análisis y las propuestas hacia el 2025 a partir de lecturas más profundas y pertinentes sobre la realidad de los procesos culturales y la diversidad cultural del país.

c) La Agenda Patriótica debe incluir de manera seria y poderosa el tema cultural con definiciones claras sobre el reconocimiento del rol de las culturas en el desarrollo, y definición de políticas y metas con participación ciudadana.

d) El pilar 12 de la Agenda Patriótica debe ser redactado nuevamente en su totalidad sobre la base de acuerdos entre Gobierno y Sociedad Civil.

El enfoque cultural del Plan Nacional de Desarrollo 2006-2011

El 16 de junio del 2006, el primer gobierno de Evo Morales presenta el Plan Nacional de Desarrollo “Bolivia Digna, Soberana, Productiva y Democrática para Vivir Bien: Lineamientos Estratégicos” 2006 – 2011. Ese documento representaba, en su momento, la interpretación estratégica y operativa del nuevo gobierno basado en el reciente proceso histórico que culminó con la elección de Evo Morales como presidente.

Parte de los contenidos del mismo serían llevados al debate y en forma de propuesta a la Asamblea Constituyente, para luego integrarlos en la Nueva Constitución Política del Estado aprobada en enero del 2009. Es entonces cuando irrumpe como definición filosófica el “Vivir Bien” que se sustenta en la herencia de las culturas indígenas de Bolivia y que propone un enfoque de desarrollo diferente y alternativo al del mundo occidental y el capitalismo, ya que implica comunidad, reciprocidad y armonía con la naturaleza.

Se introducen los conceptos de “culturas”, en plural, la multidimensionalidad de la diversidad cultural y otros que son parte del fundamento del Plan de Desarrollo. Otro concepto básico para ese documento estratégico es el de “interculturalidad”, “entendida como la relación entre varias culturas en un mismo territorio, como interacción, intercambio y comunicación cultural, y también como reconocimiento, aceptación y reciprocidad con el otro” (p. 13).

Como puede observarse, lo “cultural” es base, fundamento y eje transversal de la propuesta del Plan de Desarrollo que se plantea la “descolonización del Estado”, un Estado Pluricultural y Comunitario en el que se definen que "todas las culturas son mestizas en la medida que reciben aportes de otras identidades diferenciadas. Por lo tanto, el mestizaje es un punto de llegada y no de partida. En este sentido, la revalorización de las identidades debe partir del concepto de las culturas como espacios de condensación de anhelos, costumbres, poderes, deseos, gustos, imaginaciones, de actos de personas y grupos relativamente compactos que mutuamente se integran, se seducen y toleran, se confrontan y se aceptan e imponen”. (p.17)

Lo dicho podría resumirse en que este esfuerzo se orienta a construir una sociedad y un Estado en el que bolivianas y bolivianos “vivamos bien“, donde Bolivia es la casa común, digna y soberana. En tal escenario debe desarrollarse una concepción cosmocéntrica, holística y privilegiarse el vivir en comunidad con el disfrute de los bienes materiales, espirituales y afectivos generados por la sociedad y el Estado.

En ese contexto, el plan estratégico está orientado a desmontar el colonialismo y el neoliberalismo para construir un paradigma alternativo de desarrollo que contribuya a recuperar lo mejor de la humanidad y a garantizar la sostenibilidad del planeta”. (p.23)

Con este universo conceptual arranca el “proceso de cambio” y lo que se denominó “ Revolución Democrática y Cultural”.

Si partimos del criterio de que el PND establecía las visiones y herramientas para la construcción de un nuevo Estado, éstas debían estar basadas en una transformación en la que lo cultural era el sustento del nuevo proceso político, ya que el texto reivindica la herencia cultural indígena y campesina, pero también reconoce el mestizaje como “punto de llegada y no de partida”, lo que traduce una mirada revolucionaria que buscar superar visiones racistas y discriminadoras en pos de la inclusión, la convivencia y de un nuevo proceso identatario. Evidentemente, cuando aterrizamos en el planteamiento, se define a las “culturas” como parte estratégica de los sectores que generan condiciones sociales para este proceso.

Capítulo “Culturas” del PND

En el capítulo de “Culturas” (p. 70 a 74) encontramos que los conceptos planteados en el marco conceptual y filosófico del PND ya no se traducen del todo con la apertura y visión planteadas (ej: el de mestizaje como “punto de llegada”), sino que  se concentran en dos pilares: las culturas indígenas y el patrimonio cultural. Igualmente se considera a las culturas como “factor estratégico para la gestión política, económica y social del país, en la medida en que su incidencia en el pensamiento, comportamiento y actitud de la sociedad puede transformar la misma en un sentido revolucionario para la sociedad boliviana” (p. 71); por tanto, el sector desde donde debe hacerse realidad la Revolución Cultural.

Se dice asimismo: “Ante la hegemonía excluyente de la evaluación y planificación del desarrollo cultural en el país, se hace imperioso un permanente diálogo con la sociedad para evaluar y planificar participativa y democráticamente la agenda estatal de la gestión cultural". Este proceso tendría que ser complementado con la institucionalización de la administración cultural del Estado a partir de la creación del Ministerio y los Consejos Departamentales y Nacional de Desarrollo de Culturas, que expresarían un sentido representativo y democrático consecuente con el carácter progresista del sector.

Se plantea “la creación de un Fondo Concursable de Desarrollo de Culturas que debiera estar financiado con recursos provenientes de las empresas públicas más rentables del país, además de los aportes de la empresa privada a través de la reglamentación del mecenazgo y un impuesto al consumo de alcohol y tabaco, fundamentales para que el desarrollo cultural dependa fundamentalmente (sic) del aporte de los bolivianos y bolivianas.” (p.73)

Las políticas de Culturas en el PND son:

- Evaluación y Planificación Democrática y Participativa. Institucionalizando las Jornadas Culturales departamentales para generar un trabajo de evaluación y planificación con la participación de los actores y gestores culturales de cada Departamento organizados.

- Institucionalización de la Gestión Cultural. Mediante la creación del Ministerio de Desarrollo de Culturas, los Consejos Departamentales de Desarrollo de Culturas y el Consejo Nacional de Desarrollo de Culturas.

- Sostenibilidad de la Gestión Cultural. Mediante la creación del Fondo Concursable de Desarrollo de Culturas y el redireccionamiento del Fondo del Banco Central de Bolivia y creación de Fondos de apoyo a la Cultura.”

Para ello se definen las siguientes estrategias: (p. 73-74)

- Descolonizar la cultura (…)“ a través de a través del “Programa Fortalecimiento de la interculturalidad” y “Fomento a las iniciativas Artísticas y Culturales”

- Construir una Nueva Identidad Nacional “se realizará a partir del “Programa Investigación Cultural”

- Hacer del Estado el principal protagonista del desarrollo cultural mediante el programa “Fondo para el Desarrollo Cultural de Bolivia”

- Transformar el patrimonio cultural en fuente generadora de empleo e Ingresos “con la implementación del “Programa Gestión Comunitaria del Patrimonio Cultural”

- Promover la formación artística con identidad nacional a través del “Programa Formación Artística y Promoción Cultural”

- Ejecutar una política de comunicación cultural eficiente “a través del programa “Fomento al Arte audiovisual para el registro y documentación de nuestros bienes y manifestaciones culturales”

Evaluación

Es indudable que más allá del énfasis en lo indígena y patrimonial característico del Gobierno Nacional, en su momento el PND fue el que sentó las bases del “proceso de cambio”, lo hizo legible y definió los caminos del mismo. En su momento, todos los conceptos, la filosofía y el enfoque de desarrollo alimentaron un discurso reconocido como un horizonte para una nueva sociedad, no sólo en el país sino que también hacia parte del continente y otros países del mundo. Han pasado 10 años. Sólo nos detendremos en el capítulo “Culturas” (y el pilar 13 de la Agenda Patriótica) que es el tema de este artículo.

En dicha agenda se plantean tres grandes políticas: 1. Participación 2. Institucionalización y 3. Sostenibilidad.

En participación han sido desarrollado las Jornadas Culturales como espacios de participación y se ha creado para ello los Consejos Departamentales. Las Jornadas Culturales tienen las limitaciones de su convocatoria y realización: son impulsadas desde el Ministerio y no desde la sociedad civil de manera autónoma, pues los Consejos están condicionados por su estructura de representación que no ha alcanzado la legitimidad suficiente como para convertir esos espacios en ejercicio de democracia participativa, amplia, inclusiva, con capacidad de incidencia y de gestión del desarrollo cultural. Es decir, tienen una limitada conexión con los procesos culturales, sobre todo de jóvenes y zonas perirubanas, comunidades indígenas y campesinas. Otros niveles de participación como Consejos Municipales tienen un desarrollo embrionario y el Consejo Nacional no se conformó. En síntesis, existe una voluntad por avanzar en la participación ciudadana en la gestión cultural del país, pero ésta ha quedado en la puerta, y eso significa una oportunidad estancada, tanto para la sociedad civil como para el Estado.

Un sector tan rico y poderoso como el de la Fiesta Popular (Carnavales, fiestas patronales, etc.), denominado “ sector folklorista”, no es mencionado para políticas que potencien aún más su desarrollo desde otros ángulos de consideración como el antropológico, el sociológico, el comunicacional, e infraestructura, entre otros.

En institucionalización se ha creado el Ministerio de Culturas que es, de todas formas, un salto importante en la tradicional gestión de cultura desde los gobiernos de turno. Sin embargo, ahí se queda. Se ha realizado algunos esfuerzos por establecer un vínculo de trabajo y coordinación con la sociedad civil, pero se han remitido a los Consejos Departamentales y con menor intención a otros actores del sector cultural. La práctica de la relación entre Estado y sociedad civil tiene una mejoría; pero no se ha traducido ni en políticas, ni en legislación, ni en presupuestos. Esto último es el tema más duro de roer. El mismo Ministerio cumple una débil gestión cultural, salvo el trabajo realizado con la red TELARTES y muestras de voluntad por dialogar con algunos sectores. Por lo demás, ha cumplido un rol de organizador de espectáculos del Gobierno, como el Dakar y otros similares. En síntesis, los avances en institucionalización no responden a lo propuesto por el PND y menos a lo que el contexto actual requiere.

En sostenibilidad no se ha avanzado en ningún tipo de fondos ni aportes de empresas del Estado (YPFB, por ejemplo, no da ni un peso al desarrollo cultural, salvo por algunos creadores que al parecer recibieron cierto apoyo para sus obras. Nada de BOA, ENTEL, ENDE, TAM, etc.). Lo único en recursos que llega a contadas personas es el Premio Eduardo Abaroa, que termina nsiendo una cortina de humo que esconde un tema estructural, como es la obligatoriedad del Estado de redistribuir la riqueza para culturas y artes de Bolivia. Existen algunos fondos concursables en ciertos municipios, pero no vienen como iniciativa corporativa (política de Estado), sino por voluntad de algunas autoridades. De igual forma, la “sostenibilidad de la gestión cultural” como enfoque es un bonito concepto pero nada más.

De todo esto puede desprenderse que las estrategias planteadas se realizaron a medias o no se realizaron. Esto sería lo malo; pero lo peor es que en el momento en que se escriben estas líneas el horizonte abierto en el PND se está cerrando y – diría- revirtiendo a un punto 0; lo que obliga a la sociedad civil a articularse, conectarse, trabajar de manera organizada y colaborativa para cambiar lo que, de lo contrario, pareciera ser irreversible. Y eso significa un retroceso a décadas pasadas en la gestión cultural y del desarrollo cultural.

En conclusión, si comparamos el PND (2006 - 2011) con la Agenda Patriótica (2015 - 2025), la diferencia en “Culturas” es abismal y delata lo que ahora éstas son para el Estado. Como el pilar 12, el horizonte que se propone es: “disfrute y felicidad plena de nuestras fiestas, de nuestra música, nuestros ríos, nuestra selva, nuestras montañas, nuestros nevados, de nuestro aire limpio, de nuestros sueños.” Y prácticamente es todo. Compárese con el PND y su capítulo de “Culturas”. Casi no queda nada. Para llorar.

 

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