Lunes, 04 Agosto 2014 17:48

Vivir con un boliviano en el bolsillo

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Mercado popular Mercado popular Mabel Franco

En los últimos cinco años, la moneda boliviana ha perdido su valor adquisitivo en un 32%. La lógica macroeconómica dice que muchos cuentapropistas, que no se benefician por el alza de salarios, deberían estar muriendo de hambre. Y así sería si la informalidad y ciertos mecanismos de solidaridad no hiciesen posible sacarle el jugo aun a una moneda.

Carla Hannover / La Paz

¿Qué me puedo llevar por un boliviano?, le pregunto a doña Nati, una de las fruteras del mercado Rodríguez, de La Paz. ¿Por un boliviano?, me pregunta ella, “ya no vendemos nada a un bolivianito”, contesta orgullosa. Pero lo repiensa y dice: “Bueno, a ver, por un pesito te puedo dar una manzana, quizá dos naranjas o tres plátanos”. “Me llevo la manzana”. Así podemos seguir nuestra conversación microeconómica.

Que los precios de las verduras, frutas, carnes y otros productos de la canasta familiar han subido, no es una novedad. De hecho, hace unas semanas, el Gobierno se encontraba comercializando carne vacuna para evitar el incremento del precios de este producto que los vendedores aseguran se ha encarecido. En la actualidad el kilo de carne tiene un precio que oscila los Bs 36 y Bs 50, dependiendo del corte y el lugar donde se lo ofrezca.

Doña Nati vende en el mercado Rodríguez hace 30 años. Ella es testigo presencial de la subida gradual de los precios de los productos. “Antes, 25 naranjas te dábamos a 3 bolivianos; pero eso ya no se puede, no sale. Ahora 25 naranjas están entre siete o nueve bolivianos” ¿Qué las encarece?. “Depende de si es su época, aunque cuando hay derrumbes e inundaciones, como se hace más complicado transportar la fruta de los lugares donde se la produce, hay escasez y eso hace que suba el precio. Si sube el precio del transporte, también se encarece la fruta”,explica. “Muy pocas frutas han bajado o mantenido sus precios, todo ha subido de a poco” confirma lo evidente.

Y ¿las verduras? “También han subido”, responde inmediatamente. “Hace unos años, la caja de tomate (de aproximadamente 20 kilos) que compran las vendedoras para revender en este mercado estaba en 90 bolivianos, ahora está en 130 o 140”. Las verduras “también están caras porque ahora se las cultiva con químicos, antes solo se usaba abono”, ensaya un argumento semicientífico.

El alza de precios de los alimentos que forman parte de la canasta familiar, parte del fenómeno de inflación, se debe en gran parte en estos momentos en Bolivia, un efecto del incremento de sueldos. “Cuando suben los precios, la gente reclama y pide incremento salarial. Cuando se da este incremento, las empresas lo financian subiendo sus precios. Este incremento en los precios produce una inflación y por ello la gente vuelve a pedir incremento a sus salarios. Es una cadena”, explica Armando Méndez, analista económico y director de la carrera de Economía de la Universidad Mayor de San Andrés.

El incremento al salario básico, que decreta anualmente el Gobierno, casi se ha triplicado en los últimos ocho años. En 2006, el salario básico era de 525 bolivianos. En la actualidad asciende a los 1.440. Según un informe de la Fundación Jubileo, entre 2006 y 2013, los alimentos aumentaron en precio en 101 por ciento debido, entre otros motivos, a los fenómenos climatológicos registrados a lo largo de ese año, como nevada, granizada y sequía, que afectaron a los cultivos.

El mes con el salario básico

Jackeline Márquez es ayudante de cocina en un restaurante de Villa San Antonio Bajo (ladera este de La Paz). No tiene un contrato formal, aunque trabaja ocho horas diarias, seis días a la semana. “Por día me pagan Bs 50. Al mes recibo unos 1.200 bolivianos (menos del salario básico que es de Bs 1.440). Vivo al día, pues con lo que gano solvento los gastos de la comida de mi hija y mi hermano, con quienes vivo, pues yo me alimento en mi trabajo. También puedo cubrir mi transporte”, detalla.

Le ayuda tener una casa propia que heredó de sus padres, por lo que no tiene que pagar una renta. Sin embargo, cuando sus otros gastos, como los del colegio de su hija, servicios u otros como problemas de salud la desbordan, Márquez debe buscar un trabajo extra. “Mi mamá tenía un kiosko de comida en el mercado Las Velas; cuando me falta dinero, voy a vender allí toda la noche, pero no puedo hacerlo siempre pues debo trabajar todo el día en el restaurante”.

Esta joven mujer, cabeza de familia, espera abrir un restaurante frente a su casa, gracias a un préstamo que, confía, le permitirá a hacer realidad este emprendimiento; pero mientras el banco no dé luz verde a su solicitud, deberá continuar con su rutina laboral de siete dólares al día.

Beatriz Muriel, investigadora del Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo (INESAD), quien los últimos años se ha dedicado al estudio laboral en el país, explica que en promedio los trabajadores independientes o cuentapropistas, que son la mayoría en el país, perciben un ingreso laboral aproximado a Bs 2.000. Mientras que el sector asalariado, según datos del INE, percibe una remuneración media de Bs 5.013, que con los descuentos correspondientes llega  Bs 3.555 aproximadamente. Si se suma los ingresos de los cuentapropistas y los de un grupo más: los funcionarios del sector público, quienes hasta el 2013 percibían un salario promedio de 2.807 bolivianos, se tienen ingreso que van de los  Bs 2.000 a los Bs 3.000.

¿Alcanza para vivir dignamente?  “Si nos guiamos por las estadísticas del INE, probablemente sí”, responde la investigadora. Sin embargo, estas estimaciones “no siempre son reales”, pues el INE realiza encuestas a los hogares de todo el país “y la gente no siempre responde con la verdad”, explica la experta.   

Muriel explica que el costo de vida mensual, estimado por el INE, oscila entre los Bs 618 para los paceños Paz y Bs 510 para los habitantes de El Alto. “Según las estimaciones del Instituto Nacional de Estadística, estos montos que permiten vivir tranquilamente a una persona al mes”. ¿Cuán real es esto? Saque sus conclusiones.

Una canasta difícil de llenar

La canasta familiar boliviana está compuesta por 364 productos, clasificados en 12 grupos entre Alimentos y Bebidas no alcohólicas; Bebidas alcohólicas y tabaco; Prendas de vestir y calzados; Vivienda y Servicios Básicos; Muebles, Bienes y Servicios domésticos; Salud; Transporte; Comunicaciones; Recreación y Cultura; Educación; Restaurantes y Hoteles, además de Bienes y servicios diversos, explican en el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Un informe realizado en 2013 por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), a base de datos del INE, señala que Bolivia es autosuficiente en 28 productos alimenticios de la canasta familiar, pero que otros 300 los importa.  

“Hoy, con 100 bolivianos ya no compras lo mismo que hace cinco años y eso es porque en estos años, debido a la inflación, el boliviano ha ido perdiendo su valor”, indica Méndez. El experto estima que en los últimos cinco años, el peso boliviano ha perdido un 32% de su valor adquisitivo. Es decir, que un boliviano hoy vale aproximadamente 30 centavos menos de lo que valía en 2009.  “Ahora, con 100 bolivianos las caseras ya no llevan mucho. Hace unos años eso te servía para tu mercado semanal”, confirma doña Nati las palabras del analista.

La inflación depende en mucho del incremento salarial que reciben los trabajadores formales que, en Bolivia, son una minoría, ya que representan aproximadamente el 30%. “El 70% no recibe incremento porque son trabajadores independientes o cuentapropistas. El hecho de que no todos reciban el incremento salarial hace que la inflación no se dispare, pues este 70% es el que equilibra la demanda de productos. Si todos nos beneficiásemos de los  incrementos salariales, la gente comenzaría a comprar y comprar productos” con consecuencias inflacionarias mucho mayores, explica Méndez.

La informalidad y la solidaridad

Tratear con las comerciantes del mercado, como se dice en Santa Cruz al acto de negociar un buen precio por las compras, algo que en La Paz o Cochabamba se traduce en frases como: “Me vas a aumentar”, “Case, rebajame pues”, “Yapame” pintan el panorama que los analistas resumen: la informalidad es la que permite a los bolivianos con ingresos extremadamente reducidos vivir al día y hacer que los productos estén al alcance incluso a cambio de un boliviano.

“Si se hace algunos esfuerzos, en La Paz es posible comprar productos directamente de los productores a un precio tres veces más bajo que el de los mercados centrales. Eso permite economizar”, señala Muriel, quien agrega que en el caso de los productos alimenticios, su precio varía principalmente por la temporada o por el costo del transporte que implica llevar la mercadería hasta el consumidor final.

En La Paz se tienen cuatro mercados mayoristas, donde se ofertan productos tanto al por mayor y al menudeo. Se tienen mercados mayoristas de productos agroambientales y granos; verduras y hortalizas; frutas, y carne. Estos mercados están ubicado en las calles, pues ninguna de las capitales del país tienen infraestructuras para albergar a los productores, lo que permite muchas veces al consumidor final adquirir sus productos a  precios, considerablemente más bajos que en el de los mercados que venden al detalle.

Según un informe sobre los mercados en el área metropolitana elaborado por el Observatorio Agroambiental. Estos mercados proveen productos a las vendedoras de otros 42 mercados minoristas, que se esparcen en toda el área metropolitana de La Paz.

Visto 1604 veces Modificado por última vez en Martes, 26 Agosto 2014 09:01
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