Lunes, 20 Julio 2015 18:14

VIH: sin prevención, siempre habrá déficit de antirretrovirales

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El primer caso de VIH en Bolivia se detectó en 1984. A finales de los noventa, ya era una epidemia que se llevó muchas vidas. En 2004 comenzó a llegar el tratamiento a través del Fondo Mundial, financiación que sigue existiendo hoy. Sin embargo, y a pesar de las mejoras y con una ley al respecto desde 2007, falta aplicar medidas tan necesarias como la prevención.

Gemma Candela / Santa Cruz

Cuando Julio César estudiaba Psicología en la universidad pública de Santa Cruz, uno de los requisitos que se pedía a los alumnos era una prueba para saber si eran portadores del virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Unos días después de que se la hiciera, la coordinadora de la carrera fue a buscarlo hasta el aula para pedirle que fuera a recoger sus resultados. Aquello le pareció extraño al joven estudiante, que se acercó a la Caja Nacional de Salud (CNS) para pedir los exámenes, como le habían dicho que hiciera; sin embargo, la doctora que tenía que entregárselos no estaba. Una empleada de la limpieza de la CNS que estaba allí le preguntó quién buscaba a la médica. “Julio César Aguilera”, respondió. El nombre le era conocido a la mujer: “¡Ah! ¡El que tiene sida!”. Era 1999.

“Cuando yo me enteré de mi diagnóstico, me dije: `Tengo dos opciones en esta vida. Ser un cadáver más (muchos amigos se estaban muriendo por el virus) o hacer algo para no morirme y dejar una huella para los que vienen´”, cuenta Julio César en un café cerca de la Plaza 24 de Septiembre de Santa Cruz. Él es uno de los activistas por los derechos de las personas que viven con VIH con mayor trayectoria en el país. Ahora es ejecutivo de la Coordinadora del Control Social en VIH - SIDA, en diciembre del año pasado publicó un libro sobre los 30 años de la epidemia del VIH en Bolivia y es docente de Psicología en la misma casa de estudios a través de la cual se enteró de su diagóstico, la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM), que ya no pide las pruebas a quienes se matriculan en ella.

Un año después de que Julio César se enterara de aquella forma de que es seropositivo, comenzaron a llegar los primeros tratamientos antirretrovirales a Bolivia. Fueron una donación de Brasil. Sin embargo, llegaban vencidos, recuerda. En su libro hay testimonios que también lo afirman. Aun así, la gente los tomó pues no había nada que perder.

Ahora estos medicamentos están incluidos en la lista de fármacos esenciales de Bolivia y se entregan de forma gratutita en cada Centro Departamental de Vigilancia y Referencia del programa VIH-Sida (Cdvir). “Son otros tiempos. Ya tenemos ley, medicamentos. Ahora el estigma social en torno del VIH es la otra epidemia que está surgiendo. Y hay también mucha autoestigmatización”. Hasta el punto de que el personal del Cdvir de Santa Cruz, cuenta Julio César, entrega los medicamentos muy temprano porque nadie quiere ser visto en la fila para recibir los antirretrovirales. “Luego pasan los micros y la gente tiene terror de que le vea la prima, el vecino, etc.”.

La médica y coordinadora nacional del Programa VIH y Sida del Ministerio de Salud, Carola Valencia, también hace referencia a la discriminación, basándose en un reciente estudio elaborado por el organismo público: “Los índices de estigma y discriminación son bastante elevados todavía en el país (…). Estamos trabajando en la sensibilización pero es una temática difícil de aceptar entre la gente, hay resistencia. Toca algún punto muy sensible en el ser humano que es la sexualidad”. También juegan un papel importante, indica la autoridad, el machismo y la negación del riesgo que existe en una relación sexual casual. Y es justamente el sexo sin protección el modo en el que se dan el 90% de las transmisiones del virus en Bolivia, según Onusida (Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida).

Falta prevención

El Fondo Mundial, que es uno de los mayores financiadores del tratamiento del VIH en Bolivia (ver infografía), ha identificado la falta de una política sobre distribución de preservativos como uno de los mayores problemas que afectan a la prevención del VIH/sida. En Bolivia se venden condones en cajas de tres unidades, cuyo precio oscila entre los Bs 5 y Bs 14. Los más caros superan el precio medio de un almuerzo familiar medio.

Para facilitar la prevención del virus en Santa Cruz, que es el departamento donde tiene mayor prevalencia, Redvihda (Fundación Red Cruceña de Apoyo Integral a Personas que Viven con el VIH y el SIDA de Santa Cruz ), con apoyo de otras oganizaciones y el financiamiento de Hivos, ha puesto en marcha la aplicación para celular Condomtouch. Esta APP proporciona información sobre cómo se usa el preservativo, qué es el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, derechos, violencia… También, a través de ella se pueden solicitar preservativos que se entregan de forma gratuita en los puntos de distribución que aparecen sobre el mapa de Santa Cruz, El Torno y Montero.

 condomtouch

El usuario de Condomtouch ve los diferentes lugares que suministran preservativos y sus horarios. Elige uno y la APP genera un código con el que puede ir al sitio a recoger sus condones gratis.

En zonas rurales es más difícil encontrar preservativos, pero también que la gente los use. “Guarayos es el caso emblemático de la discriminación del departamento de Santa Cruz y tiene todos los condimentos para facilitar la propagación del VIH”, explica Julio César. Se trata de una zona transitada por transportistas, trabajadoras sexuales, turistas y personas migrantes del campo. Y hay droga. En La Paz, su equivalente sería la zona de los Yungas. “Llevar un condón allá, como a Guarayos, es para que te peguen. Si eres mujer y tienes uno, te maltratan”.

La discriminación se da, según la doctora Valencia, por “el desconocimiento de la enfermedad. Muchas veces la gente cree que, una vez que la persona es diagnosticada positiva, puede transmitir el VIH hasta por compartir una habitación o dar la mano”. El estudio sobre estigma señalado por esta autoridad mostró una realidad preocupante: “Uno de los factores que nos llamó la atención es que el sector que más discrimina es, precisamente, salud. Pensamos que es el sector que debería estar más sensibilizado, que debería conocer más la temática por su formación universitaria, pero no es así”. Un ejemplo: a finales de 2014, el entonces Ministro de Salud, el médico Juan Carlos Calvimontes, reveló el diagnóstico del magistrado Gualberto Cusi. Ello, a pesar de que el apartado (Fundación Red Cruceña de Apoyo Integral a Personas que Viven con el VIH y el SIDA de Santa Cruz "D" del artículo 5º de la Ley 3729 (Ley para la prevención del VIH-SIDA, protección de los Derechos Humanos y Asistencia Integral Multidisciplinaria para las personas que viven con el VIH-SIDA) estipula que las personas que viven con VIH/Sida tienen derecho “a que se respete su privacidad, manteniendo la confidencialidad de su estado serológico y prohibiendo las pruebas obligatorias, siempre que no esté afectando a terceras personas”.

Después de ello, Calvimontes siguió en la cartera ministerial hasta que fue sustituido y se le asignó el cargo de Director Regional de Santa Cruz de la Caja Petrolera de Salud, que ostentó durante varios meses de 2015.

Hay antirretrovirales, pero...

El ejecutivo de la Coordinadora destaca que el sistema de atención tiene varias falencias. “Tratar el VIH va más allá de los medicamentos. Implica también pruebas de laboratorio, recursos humanos y todo un sistema de adherencia. Las pruebas de laboratorio son muy caras. El Gobierno ha garantizado los antirretrovirales pero todo el sistema de atención integral no está cubierto por nadie”. Según este activista, falla la aplicación de recursos a nivel departamental y municipal, como establece la Ley 3729, que garantizaría la atención sanitaria primaria y secundaria. “El municipio de Santa Cruz de la Sierra, que tiene la población con VIH más grande de Bolivia, solamente ha destinado Bs 300.000 (cifra que no ha podido ser contrastada con el Gobierno Autónomo Municipal)”.

De las 10.000 personas, más o menos, que viven con VIH en Bolivia, según el Informe Nacional de Progresos en la respuesta al VIH/Sida 2014 publicado por el Ministerio de Salud, el 52% vive en el departamento de Santa Cruz, el 20% en el Cochabamba y el 17% en La Paz. De las 5.200 personas de la región cruceña, 3.900 residen en la capital. Los indicadores que muestra dicho informe indican que en Bolivia se destinan Bs 9.800 al año por persona que vive con el virus. Si en Santa Cruz hay 3.900 personas afectadas, el municipio debería destinar más de Bs 38 millones al año.

El VIH en Bolivia

La Defensoría del Pueblo de la región cruceña, junto a la Coordinadora de Control de VIH/Sida, ha presentado una propuesta de ley departamental. Este año se aprobaron las de Cochabamba y Pando. Según un informe de la Defensoría del Pueblo de Bolivia, en La Paz el Plan Operativo Anual (POA) de este año ha incluido presupuesto para prevención y tratamiento de personas que viven con VIH/sida. Esta misma publicación señala que en Potosí se ha incorporado la prueba de detección rápida del virus para mujeres embarazadas y victimas de agresión sexual.

“El departamento de Santa Cruz tiene la mortalidad asociada al VIH más alta de Bolivia, inclusive es de las más altas de América Latina. El dengue y el chikungunya son una risa al lado, pero ningua autoridad dijo: ‘Tenemos una epidemia altísima de VIH’ ”, manifiesta Julio César. El año pasado murieron 182 personas en Santa Cruz a consecuencia del virus de inmunodefiencia humana, y la mayoría fueron hombres de entre 17 y 35 años; 2009 fue el peor año de dengue que ha tenido Bolivia, con 7.000 afectados, de los que 25 fueron víctimas mortales.

A principios de este año, el Ministerio de Salud comunicó que en 2014 se detectaron 1.800 nuevos casos de VIH en el país y que, en febrero de 2015 ya se habían registrado 300. 

Los medicamentos, logros sociales

El VIH se transmite a través de la sangre, de las secreciones vaginales y del semen. Por eso, los factores de riesgo son las relaciones sexuales sin preservativo, usar una jeringa infectada, recibir una transfusión de sangre de una persona con VIH (esto cada vez es menos frecuente) y, también, hay la posibilidad de que una madre con el virus se lo transmita a su hijo durante la gestación, el parto o el amantamiento, aunque los avances científicos han logrado reducir este riesgo e, incluso, se ha eliminado en Cuba.

María Luisa Paz tuvo a su hija Fernanda por cesárea y la amamantó durante ocho meses. Dos años antes de que tuviera a la niña, su salud había empezado a deteriorarse: sufría constantes diarreas, perdió el apetito y, con ello, peso. Mucho peso. “Con 23 años pesaba 25 kilos”, recuerda el padre de Fernanda, Juan Carlos Quipildor. Sin embargo, no fue hasta dos años después de haber nacido la pequeña que a María Luisa le detectaron el VIH.

 Estereotipos

 A principios de los 2000 no llegaban regularmente los medicamentos necesarios para tratar el VIH. Desde el Instituto para el Desarrollo Humano de Cochabamba, el doctor Édgar Valdez, uno de los primeros en atender a personas con el virus, les ayudó a conseguir los fármacos. María Luisa mejoró y logró alcanzar los 60 kilos. Pero los tratamientos sólo llegaron durante seis meses y se terminaron. “Y dejar de tomarlos es contraproducente porque el virus se vuelve más agresivo”, afirma Juan Carlos.

En 2002, un grupo de bolivianos solicitaró medidas cautelares a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para exhortar al Estado boliviano a proveer de antirretrovirales a los demandantes. Un año después, la CIDH falló a favor de los solicitantes; de los 52 que habían hecho la petición, 11 ya habían muerto. María Luisa, cuyo nombre aparecía junto con el de su marido y su hija en la solicitud ante la Comisión, murió ese mismo año.

La salud de Fernandita se complicó cuando tenía 6 años. “Se moría. Pesaba 14 kilos”, rememora su padre. Así que empezó a darle a su hija los mismos medicamentos que logró traer a Bolivia desde Argentina, mediante el IDH. Y, aunque durante un año la niña mejoró, luego decayó: al fin y al cabo, aquellos antirretrovirales eran para adultos. Juan Carlos trataba de cortar con un cuchillo las píldoras justo a la mitad para dar media dosis a su hija, tal como le indicaron en Cdvir, pero “nunca se pueden cortar justo por la mitad”.

Entonces, Juan Carlos y Fernandita interpusieron un amparo constitucional al Estado, cuenta el exencargado de Defensa de los Derechos Humanos de Redvihda y Redbol (Red Nacional de Personas Viviendo con el VIH y sida ), Julio César Montaño. Y ganaron la batalla: “Ese caso hizo que todos los niños (que viven con VIH) tengan los medicamentos”. Entonces, el tratamiento costaba alrededor de $us 800 por mes, según este abogado.

Los niños de la generación de Fernanda no solían sobrevivir después de los cuatro años de edad, cuenta su padre “Ella se aferró a la vida. Tiene que demostrar al país y al mundo que una persona que nace y vive con VIH sin tener la atención del Estado, integral al 100%, no vive. Nuestra preocupación es que haya continuidad en la entrega de medicamentos. Si no, sería entregarse a la muerte”. Una buena parte de la financiación, que depende del Fondo Mundial es una iniciativa creada por el exsecretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, para detener la pandemia del VIH, que está presente en Bolivia desde 2004. La financiación del tratamiento integral de las personas que viven con el virus está garantizado por este fondo, junto con el presupuesto destinado por el Estado y otras organizaciones, previsto hasta 2016. Bolivia está ahora postulando a una nueva subvención del Fondo para 2017. “Si se va el Fondo Mundial, las autoridades nacionales van a tener que hacer algo porque han creado la necesidad del sistema”, sentencia Julio César.

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