Miércoles, 15 Abril 2015 11:12

Charlie Hebdo: ¿Limitar la libertad de expresión?

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Afiche de Ismael Carvajal. Afiche de Ismael Carvajal. Ismael Carvajal.

Crónica de un intenso conversatorio sobre el ataque al semanario satírico, evento organizado en la Alianza Francesa de Sucre por La Pública e Hivos. La nota ha sido publicada en la revista ECOS que se difunde en Sucre y Potosí.

ECOS, Sucre/Potosí

“¿La libertad de expresión debería tener límites?, ¿ser regulada o no?, ¿por qué?”, comenzó provocando la moderadora Gemma Candela tras inaugurar la muestra itinerante “Charlie Hebdo, una mirada desde Bolivia”. La polémica por el ataque a la revista satírica ocupó las paredes de la Alianza Francesa, en el centro de Sucre, durante varios días, con ilustraciones alusivas de caricaturistas bolivianos.

Candela es editora en Santa Cruz de “La Pública”, una plataforma digital que busca fortalecer el ejercicio ciudadano y la construcción de espacios públicos más activos y plurales a través de la articulación del periodismo, las nuevas tecnologías y el activismo en todas sus formas. Un “no periódico”; así definió ella a La Pública, medio que circula por Internet y organiza diálogos participativos gracias al apoyo-semilla de la Fundación Hivos.

Del tema propuesto, en Sucre, todo indica que las opiniones están divididas. Hay una indignación común por el atentado en sí, nadie defiende la actitud de los terroristas, pero algunos cuestionan el trabajo de la redacción atacada. No caen bien, principalmente en cierto ambiente conservador de la sociedad, las caricaturas incisivas, a menudo obscenas y francamente denigrantes, sobre religiones en las ilustraciones de tapa de Charlie Hebdo.

Los panelistas

Participaron como panelistas en este debate los periodistas Edgar Fernández y Oscar Díaz Arnau, el analista Franz Flores, el ilustrador Sebastián Prada y el fotógrafo Willy San Miguel. El siguiente es un resumen de sus intervenciones, expresadas en varias rondas que contaron con la participación del público:

Fernández comenzó reflexionando sobre la libertad de expresión, como una de las más importantes conquistas de la humanidad, y las restricciones impuestas en este sentido por los gobiernos totalitarios del pasado. También recordó que la Constitución Política del Estado prevé en los artículos 105, 106 y 107 cómo debe manejarse la comunicación social en Bolivia. “Hay una libertad de prensa”, dijo, “una libertad de expresión, pero limitada”.

Flores prefirió explicar lo sucedido en París desde un punto de vista sociológico, después de dejar en claro que no se puede hablar de una cancelación de la libertad de expresión porque esto solo se da a través del Estado. En las sociedades contemporáneas, señaló, está ocurriendo lo que Samuel Huntington denominada ‘lucha (o choque) de culturas’. “Las sociedades se hacen cada vez más multiculturales, una sociedad como la europea recibe una cantidad de migrantes que vienen de distintas culturas y, probablemente, estas vienen de una tradición cultural, de un conjunto de pautas de comportamiento, de entender la libertad, la cultura, la expresión, que son distintas a la sociedad que los recibe”.

Díaz Arnau, remitiéndose al título del conversatorio: “El arte como herramienta de la libertad de expresión”, dijo que, para el caso de Charlie Hebdo, se da por sentado que el caricaturista es un artista y, entonces, no se puede concebir su trabajo fuera del marco de la libertad. Destacó el lápiz como un elemento unificador en la muestra de dibujantes nacionales. “Pretendieron romper un lápiz, pero no se pueden romper todos; la caricatura es un arte que se ejerce en libertad”, enfatizó. Más tarde, recordó el derecho constitucional de acudir a la Justicia para defenderse en caso de injuria y, por último, la posibilidad de no comprar la revista en cuestión o, en otros medios, como la radio o la TV, de hacer zapping, en respeto a la libertad y a eventuales opiniones contrarias a la de uno.

Sebastián Prada, por su parte, afirmó que obviamente hubo un atentado contra la libertad de expresión en París y que no lo justifica, pero quiso reflexionar con estas preguntas: “¿Para qué usamos la libertad de expresión?, ¿para burlarnos simplemente?… ¿Para qué la vas a usar?, ¿simplemente para llamar la atención?”. Dijo que Charlie Hebdo vendía 60.000 ejemplares y que, después del atentado, un número especial fue comprado por millones de lectores. “Cuando tratas temas tan delicados estás tocando nervios sensitivos de alguna cultura”, acotó al recordar la condena a la viñeta de Al-Azar, alusiva al Carnaval de Oruro, argumentando que ese dibujo no refleja burla maliciosa alguna.

San Miguel se mostró también partidario de analizar el caso Charlie Hebdo desde la mirada sociológica. Primero afirmó que, habiendo vivido en Europa, constató que allí “hay una intolerancia absoluta no solamente ante los musulmanes, también ante los africanos, ante los latinoamericanos”. En cuanto a la revista francesa, dijo: “…No importa si usamos, a título de una libertad de expresión, una caricatura y deformamos y ponemos al profeta Mahoma con el trasero mostrándose como si fuera una modelo de pornografía…”. Y cuestionó qué pensaría un caricaturista del medio parisino si alguien dibujara a su madre, o qué diría un católico al ver ilustrados a Cristo o la Virgen María en una situación impúdica. Al aclarar que no es un apologista de la violencia, pidió “responsabilidad” y “criterio” a la hora de ponderar la libertad de expresión. A su juicio, detrás de los dibujos de aquella revista hay un “fundamentalismo religioso, católico, que nos quieren imponer”.

“A título de libertad de expresión no voy a justificar esto que para mí es terrorismo literario”, acentuó San Miguel, enseñando una portada de Charlie Hebdo y llamando a no ser cómplices de una “barbarie”, de una “intolerancia” de una religión contra otra.

Andrea Cuadros

Obra de Andrea Cuadros.

El público

La postura del fotógrafo San Miguel fue respaldada por al menos un par de personas que tomaron la palabra entre el auditorio, alguna dejando sentada la conveniencia de ponerse siempre en el lugar del otro para no herir susceptibilidades, como ocurrió con los musulmanes que se sintieron agraviados por el trabajo de Charlie Hebdo.

En el otro lado de la balanza, del mismo público varios hombres y mujeres, jóvenes especialmente, se manifestaron a favor de la tolerancia por cualquier tipo de publicación. Es el caso de algunos de los miembros del movimiento ‘Ojo en Tinta’ y de no pocos críticos de la tendencia conservadora mostrada en la sala. “En Bolivia y en el mundo entero ya no se puede hablar de ciertas cosas”, protestó una joven de aquel colectivo de dibujantes.

También estuvieron presentes grupos de feministas. Martha Noya, directora del Centro Juana Azurduy, hizo notar que muchos medios gráficos publican ilustraciones nocivas hacia la mujer, lo cual es tolerado por la sociedad, mientras que no se ven caricaturistas mujeres haciendo lo mismo pero a la inversa, por ejemplo, con alusiones a la sexualidad del hombre. Dijo que esto tiene vinculación con las relaciones de poder en ese sentido.

A contracorriente del slogan “Je suis Charlie”, que ubicó a los caídos en la masacre de enero dentro de la categoría de héroes, una ciudadana francesa puso sobre el tapete la omnipresente cuestión de la “manipulación de los medios de comunicación”, en este y otro escabroso tema: el de las Torres Gemelas de Nueva York. Así, dudó en forma de pregunta: “¿Quiénes son los terroristas?”. Resaltó además, como algo positivo de esta clase de desgracias, la oportunidad de la gente común de averiguar y comprobar la veracidad de las fuentes de la información que se publica en los medios, para no ser presa del engaño.

Ante la evidencia de la división de criterios, y al cabo de más de dos horas de un debate hacia el final apasionado, la moderadora Gemma Candela cerró la noche aclarando que la finalidad del conversatorio no era llegar a una conclusión común ni a un pensamiento único. “Lo hemos logrado perfectamente”, dijo. Y, en efecto, así fue.

Visto 2807 veces Modificado por última vez en Viernes, 10 Julio 2015 13:14
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