Jueves, 30 Julio 2015 12:04

UMSS: Algunas voces en un conflicto cada vez más enrevesado

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Tras tomar los predios de la UMSS los "estudiantes de base" prendieron fuego para iniciar su vigilia Tras tomar los predios de la UMSS los "estudiantes de base" prendieron fuego para iniciar su vigilia Diario Opinión

En un estado en el que la opinión está completamente polarizada, la violencia y posturas cerradas nublan el panorama. En las últimas horas se ha registrado confrontaciones muy duras en predios de la UMSS. Los protagonistas no son sólo los que aparecen en las pantallas de televisión o los que se muestran como líderes de ambos bandos. La Pública ofrece algunos testimonios de personas que piden el anonimato por temor.

Mijail Miranda Zapata/Cochabamba

En 2006 las autoridades de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), con el objetivo de acelerar la contratación de docentes, decidieron anular los exámenes de competencia para la titularización de las cátedras. Tomaron solamente pruebas de suficiencia calificadas por docentes y estudiantes. Con el paso de los años, este mecanismo dio como resultado un desequilibrio entre docentes extraordinarios y titulares. Los números: 1.200 de los primeros, sólo 660 de los segundos.

¿Cuál fue la alternativa que eligieron para resolver este desbalance? Titularizar, saltándose la norma universitaria, a por lo menos 900 docentes extraordinarios por antigüedad, omitiendo pruebas de cualificación. Ese es el principio de una lucha entre estudiantes, docentes y autoridades universitarias que, después de casi 20 semanas, no perfila visos de solución.

Es más, en la madrugada de hoy, 30 de julio, un grupo autodenominado como “estudiantes de base” tomó violentamente el campus universitario. El ataque, similar al que se registró el día antes, en horas de la tarde, incluyó el uso de petardos, cachorros de dinamita, rifles de paintball, escudos metálicos caseros y galones de gasolina. Esta última se usó para incendiar los predios de la Federación Universitaria Local (FUL) y la radio universitaria. Tras 10 detenidos, dos personas gravemente heridas y el apoyo de comerciantes y padres de familia, a primeras horas de la mañana la FUL retomó su posición y convocó a una cumbre social.

Con la violencia como principal protagonista y por fuera de los discursos imperantes, esta confrontación deja en sus márgenes otro tipo de manifestaciones y afectados.

Estudiantes desde el palco

A.R. cumplió 23 años estos días. “¿Lo que más me molesta de todo esto? ¡No poder salir de mi casa!”, dice y a continuación suelta una carcajada. Tras un silencio corto, como queriendo matizar su primera impresión, aclara: “Lo que yo no entiendo es por qué recién se desata una movilización tan grande, si la U está en crisis desde mucho antes”. “Pero, te reitero, lo que más me molesta es estar atrapada en mi casa: sin poder pasar clases, ver a mis amigos ni planificar mi futuro e independencia”.

Ella cursa el tercer año de la carrera de Comunicación Social y confiesa que si bien se siente identificada con las causas estudiantiles, no participa de las movilizaciones. “Siempre se hacen violentas, a veces sin motivo; hay vías menos incendiarias para expresarse”. Vive aún con sus padres y producto de la escalada de violencia dentro la Universidad, tiene las salidas de casa restringidas. “De alguna forma estoy presa, me siento atrapada”.

Antes sí, ahora no

“Atrapada”, como se siente A.R., está la UMSS desde hace cuatro meses.  El paro estudiantil es una respuesta a la Resolución del Consejo Universitario N° 01/15 del 7 de abril de 2015 que incorpora a cerca de 900 docentes extraordinarios en la categoría de docentes titulares. Apenas una semana después, el primer paro, de 24 horas, no daba la impresión de poder transformarse en pocos días en una de las crisis más severas en la institucionalidad de esta casa superior de estudios.

En aquella etapa inicial, M.Q., estudiante de Diseño Gráfico, confiesa haber participado de marchas y ataques al edificio del rectorado. “Cuando se incendió un árbol en El Prado comencé a preguntarme si estábamos llevando la movilización correctamente”. Esta duda hace referencia a un accidente en los primeros días de mayo. Una palmera en la avenida Ballivian se encendió y el fuego estuvo a punto de consumir, además, una insignia patria, que flameaba muy cerca de las llamas. “No es que esté a favor de los docentes que no quieren rendir exámenes para su titularización, pero prefiero movilizarme de manera independiente”.

M.Q. asegura que el estado actual de la universidad es crítico, con un ambiente completamente polarizado. “Si no te identificas con uno de los bandos, es como si no tuvieras derecho a la palabra”, y peor aún, defender alguno de los grupos representa la total condena del otro. “No somos muchos, pero nos hemos organizado y nos manifestamos por cuenta propia, queremos mantener nuestra independencia”. Mientras concluye esta última frase, abre su mochila y saca una cartulina donde se lee “#YoResisto”, un hashtag que, mediante las redes sociales, hace un llamado a no volver a clases mientras las condiciones no sean las óptimas.

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Algunos estudiantes ocupan plazas para continuar con las clases. FOTO: El Día

Docentes y docentes

S.L. es docente de la carrera de Psicología y también aboga por el restablecimiento de clases en condiciones óptimas. Ella, al igual que la mayoría de los estudiantes, está de acuerdo con una evaluación que deje a los profesionales más capacitados como catedráticos. Maneja un perfil bajo y a pesar de identificarse con la rebeldía y las exigencias estudiantiles, recalca que la profundización de la crisis tiene que ver con la excesiva politización dentro las instituciones que conforman el corpus de la UMSS. “Hay una pugna de poder que excede por mucho los límites académicos: antes de tocar cualquier problemática, debemos tener claro este panorama”.

Pero ella prefiere mantenerse al margen de los discursos circunstanciales. Prefiere hablar de los perjuicios que acarrea un paro tan extenso y cómo aplacarlos. “En una primera instancia intentamos seguir nuestras actividades en parques y plazas, espacios completamente antipedagógicos”. Luego, comprometida con la enseñanza, S.L. hizo gestiones para alquilar un céntrico café-restaurante. “Los chicos no pagaron nada”, responde con modestia cuando se le consulta por los costos de ese espacio.

Los primeros días de julio, la responsable de la Dirección de Planificación Académica, Elena Ferrufino, convocó a los estudiantes y docentes que lo desearan, volver a clases en espacios alternativos, con el afán de salvar el semestre. Aunque muchos optaron por mantener el paro, otro porcentaje decidió ocupar plazas, parques, iglesias y casas particulares, para retomar las actividades académicas.

Aprovechando las vacaciones escolares de invierno, muchas escuelas y colegios se vieron copados de universitarios. Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, la incertidumbre aún se mantiene y no hay una figura clara que asegure estas acciones de salvataje.

Otro grupo de docentes se organizó también desde las redes sociales, haciendo un llamado a una solución definitiva. Día a día, en un grupo creado en Facebook, se suman nombres que piden la anulación de la resolución que promueve la titularización de docentes extraordinarios. En este espacio destacan continuamente su independencia y advierten que su único interés es restablecer la institucionalidad de esta casa de estudios. Entre los miembros puede advertirse diversidad de nombres, entre los que destacan Patricia Alandia, Rocío Estremadoiro, Xavier Jordán o José Antonio Rivera, entre muchos otros. En las últimas horas, también se sumó la Asociación Docente de Humanidades y Ciencias de la Educación.

Vïctimas colaterales

Al abandonar los límites de la UMSS, también es fácil encontrar descontento y perjuicios. Melissa Ordaz es peruana y vino al país hace 8 años con el fin de estudiar Medicina. Se inscribió en una universidad privada y nunca creyó que una disputa en el seno de la estatal llegaría a afectarla. “Desde que llegué tienen conflictos y están en peleas, pero en las privadas uno se siente aislado de esa problemática”. Melissa concluyó su carrera universitaria en 2013, y desde entonces espera para rendir el examen de grado, que al fin le otorgue el título de médico. Tras soportar la burocracia dentro su propia universidad y algunos inconvenientes con la oficina de migración, en abril pasado creyó que al fin todo terminaría. “Justo cuando están a punto de habilitarme, surge el paro de San Simón”.

Para su evaluación final, Melissa debe contar con la presencia de un delegado de la universidad pública. Ahora ve ese requisito bloqueado y se muestra desesperanzada. “No creo que se vaya a resolver y ya serán dos años de pérdida”. Lastimosamente, tiempo es lo que menos tiene. Luego de obtener la licenciatura en nuestro país, ella debe regresar a Perú para convalidar su título. “Lo peor es que debo cursar otro internado rotatorio allá y debido a que algunos convenios no están siendo refrendados, es probable que no me dejen hacerlo”. Lo que más le duele, lo dice con un nudo en la garganta, es la incertidumbre y el estar sola, lejos de su familia. “Tengo que esperar, no me queda otra”.

Sensaciones similares comparte Amanda R., que atiende una librería-fotocopiadora, que además cuenta con algunas máquinas que ofrecen internet. Ella asegura que el dueño del establecimiento en el que trabaja le dijo que mientras no se resuelva el conflicto, no podrá cancelarle la totalidad de su sueldo. “He intentado buscar otro empleo, pero es difícil y prefiero asegurarme en éste”. Acota: “El dueño podría pagarme, pero también aprovecha la situación y mi necesidad”.

Amanda es soltera y vive con su madre. Tiene una hija de 3 años, que solía acompañarla al trabajo. Asegura que eligió este empleo precisamente por eso, porque le permitía tener a su hija cerca y verla crecer. Pero tras una de las jordanas de violencia en inmediaciones de San Simón, la pequeña no quiere regresar. “Los primero días ni siquiera me dejaba salir de casa, seguro pensaba que algo malo me podía pasar”.

El tono de las marchas y manifestaciones estudiantiles, desde el inicio, fueron altamente beligerantes. “A veces veo que están mareados, piensan que todos estamos en su contra y al pasar por la calle directamente te agreden”.

Tras este periodo convulso, Amanda generó anticuerpos contra la dirigencia de la FUL. “Yo no he tenido la oportunidad de estudiar, por motivos familiares, y no me parece bien que ellos desperdicien sus chances así”. No oculta su enfado y repite que su mayor molestia es que el trabajo que le ofrecía sustento y le permitía tener a su hija cerca, ahora no le permite ni lo uno ni lo otro. “Ahora mi beba se queda con mi mamá, ella vende en el mercado de la Cancha. Siempre estoy preocupada por ella, porque la zona es peligrosa, pero no tenemos otra opción”.

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