Martes, 08 Marzo 2016 11:58

El chicote que educa, violencia de venta libre

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Vendedor ambulante de chicotes en la Alasita. Vendedor ambulante de chicotes en la Alasita. Mabel Franco

El quimsacharaña se vende libremente en la ciudad de La Paz como elemento correctivo para los niños malcriados, como se vio y escuchó en la feria de Alasita. La Constitución y el Código Niño, Niña, Adolescente, que prohíben el castigo corporal, se quedan en la pura letra.

, Mabel Franco / La Paz

“Se prohíbe y sanciona toda forma de violencia contra las niñas, niños y adolescentes, tanto en la familia como en la sociedad”, manda el artículo 61.1 de la Constitución Política del Estado. ¿Habría, entonces, que detener al vendedor de feria que ofrece su quimsacharaña "para corregir a los chiquitos que se portan mal"? Pequeños y grandes, estos instrumentos que más parecen de tortura que de corrección, se ofrecían a Bs 15 y 25, respectivamente, en el último día de la Alasita.

Datos de la Defensoría del Pueblo, de 2012, daban un porcentaje alarmante para Bolivia: el 83% de las niñas, niños y adolescentes sufrían violencia en sus propios hogares o escuelas, a través de la práctica del castigo físico, mediante golpes e insultos de sus propios padres, madres, maestros y su entorno familiar. Lo que en números enteros arrojaba la cifra de 1,2 millones de personas que alguna vez habían sido castigadas físicamente. 

Otros datos, esta vez de Humanium.org, para 2015, señalan que seis de cada diez niños en Bolivia sufren maltrato físico. Y que en el país, "los padres consideran que para criar o educar de manera adecuada a un niño es necesario apelar al castigo físico, lo que deriva a la larga en los altos porcentajes de violencia intrafamiliar".

El quimsacharaña, palabra aymara que describe las tres puntas con nudos estratégicos para golpear con eficacia contra la humanidad del castigado, está hecho de cuero. Quien ha recibido un chicotazo con este objeto sabe bien todo el daño que causa: moretes y hasta heridas.

El objeto, que se ha usado en el área rural andina, migró a las ciudades y fue usado en la mayoría de los hogares, cuando no el cable de la plancha. El uso del verbo en pasado es solamente una opinión, pues el vendedor de Alasita hizo nomás sus ventas. Una compradora, consultada en el acto de llevarse su quimsacharaña, explicó: "Es sólo para asustarlos (a sus asustados hijos que la acompañaban); yo no los toco pero a veces me hacen renegar mucho".

Además de la Ley de Leyes, en Bolivia rige el Codigo Niño, Niña y Adolescente, que respecto al tema, en el capítulo referido al Derecho a la integridad personal y protección contra la violencia, establece:

- Las niñas, niños y adolescentes, no pueden ser sometidos a torturas, ni otras penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

- La niña, niño y adolescente tiene derecho al buen trato, que comprende una crianza y educación no violenta, basada en el respeto recíproco y la solidaridad.

- El ejercicio de la autoridad de la madre, padre, guardadora o guardador, tutora o tutor, familiares, educadoras y educadores, deben emplear métodos no violentos en la crianza, formación, educación y corrección. Se prohíbe cualquier tipo de castigo físico, violento o humillante.

De cualquier forma, el castigo corporal como principio parece hacer buscado y encontrado, al menos en el mundo andino, el instrumento adecuado. "Cuando un niño (a) desobedece la orden de sus padres, puede recibir castigos corporales con chicote o quimsacharaña", se lee en el documento de conclusiones de un Encuentro de Niños, Niñas y Adolescentes Indígenas de Bolivia realizado el 8 y 9 de marzo de 2012. Al respecto, "un comunario señaló: Si no saluda le castigo con chicote, primero se tiene que recomendar con palabras. Algunos chicos son flojitos, a esos chicotean, algunos no hacen, el papá manda a traer agua o sino papa, pero los niños no traen, no hacen caso, por lo que hay que pegarles. (Albó, cfr. Yapu 2010)".

Que las consecuencias de ese tipo de castigo tienen mucho que ver con la violencia en las sociedades, parece indicarlo un dato de Humanium: "Casi la mitad de las niñas de 15 y 19 años de todo el mundo creen que en algunas ocasiones se justifica que los maridos o las parejas íntimas golpeen o agredan a sus cónyuges".

 

 

 

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