Martes, 08 Marzo 2016 23:30

Investigación: El mar tiene ecos musicales para Bolivia

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Soldado músico en la Guerra del Pacífico. Lienzo del siglo XIX. Soldado músico en la Guerra del Pacífico. Lienzo del siglo XIX. Música en tiempos de la Guerra del Pacífico.

La presencia de los músicos en el campo de batalla y entre una expectante población boliviana durante la Guerra del Pacífico, es una historia desconocida. Una manera de contarla es, cómo no, musical. La Orquesta Sinfónica Nacional toma la voz.

Músicos, entre ellos los que formaban parte de la orquesta de la Catedral de La Paz, antecesora de la Orquesta Sinfónica, se enlistaron para acudir a la Guerra del Pacífico. Con sus instrumentos, debían marchar delante de la tropa a la hora de la batalla, de manera que los primeros en caer muertos o heridos eran ellos.

La naturaleza de los enfrentamientos, las armas que se usaron, produjeron elevadísimo número de mutilaciones. Se sabe de dos pianistas de la Catedral que retornaron del campo de batalla sin uno de los respectivos brazos.

Datos como éstos son ignorados por los bolivianos cuando se rememora aquella guerra de fines del siglo XIX, dijo el historiador Pablo Michel, quien junto al compositor Javier Parrado y a la pianista Mariana Alandia, fue parte del conversatorio sobre la música de la Guerra del Pacífico realizado el viernes 4 de marzo en el Espacio Simón I. Patiño de La Paz.

Antes de las palabras, Alandia interpretó al piano temas compuestos por bolivianos en el siglo XIX, los que se escucharán en arreglos para orquesta el miércoles 9 y el jueves 10 de marzo en el Centro Sinfónico (calle Ayacucho, casi esquina Potosí).

Parrado, responsable de la orquestación, y Alandia compartieron el resultado de investigaciones y análisis de las obras, en particular las de Modesta Sanginés. Ambos son autores de una publicación que reúne las partituras de esa paceña que, venciendo barreras decimonónicas, se formó en un campo que era exclusivo de los varones.

Entre otros datos históricos, Michel describió la misión de los tamborileros. Explicó que no pudo haber un Juancito Pinto en ese rol, simplemente porque era de enorme responsabilidad: ellos guiaban a los combatientes transmitiendo las órdenes con sus tambores, pues en medio de la cortina de pólvora y el ruido, sólo así se podía indicar a la tropa si debía ir a izquierda, retroceder o lo que el comandante dispusiese. Es imposible, dijo, que tal labor se confiara a un niño, sobre cuya existencia tampoco hay certeza, lo que no significa que no hubiesen participado menores en la guerra y que merezcan por ello el homenaje que se les rinde ahora.

Algo más que saber, en la línea de derribar mitos, tiene que ver con la presencia de cochabambinos en las filas peruanas durante la contienda con Chile. Muchos de ellos habían huido de la miseria que produjo una peste en los valles rumbo a puertos peruanos. Cuando estalló la guerra, se unieron a las tropas allí, de manera que es falso eso que se repite del abandono por parte de Bolivia de sus aliados peruanos. Michel informó que en el país vecino se está investigando este aspecto y que en breve se contará con una publicación reveladora.

De vuelta al campo musical, Parrado y Alandia mencionaron los recitales que se ofrecían en beneficio de las víctimas de la guerra, cómo luego de ésta desapareció la orquesta de la Catedral pues muchos de los hombres que la integraban habían muerto, vacío que se prolongaría largos años y cómo se reconstruyó la tradición por puro empeño personal, sin apoyo estatal, más bien con largos periodos de abandono. Un abandono que se repitió durante las dictaduras del siglo XX, pese a todo lo cual existe hoy una Sinfónica.

Los tres expositores lamentaron la pérdida de valioso material de ese periodo tan importante para Bolivia, como afiches y hasta partituras que estaban bajo custodia del Conservatorio Plurinacional de Música, por ejemplo, una partitura de Adolfo Ballivián, el compositor que llegó a ser presidente de Bolivia entre 1873 y 1874, y de cuya obra queda muy poco.

El concierto

Quienes asistieron al conversatorio y acudan al concierto “Mar azul, Sueños de libertad”, seguramente tendrán presente la información compartida por los tres estudiosos a la hora de escuchar la versión sinfónica que dirigirá Eduardo Vargas.

El programa incluye la obra “El Alto de la Alianza”, una mazurka de Modesta Sanginés que hace referencia a la última batalla para Bolivia en la Guerra del Pacífico, además de tres polkas de la misma compositora. Asimismo, la obra “Berceuse” de Adolfo Ballivián y un Vals en Re menor de Manuel Norberto Luna. Todos bolivianos que crearon en el siglo XIX.

Para abrir y cerrar las veladas se ha elegido obras de compositores europeos: la introducción “Mar azul”, de Sadko Op. 5, de Rimski Korzakov, y la Sinfonía Nº3 Op. 90 de Brahms.

 

Visto 2675 veces Modificado por última vez en Miércoles, 09 Marzo 2016 00:17
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