Jueves, 06 Noviembre 2014 17:47

Isabel Pillco pidió que se le haga justicia

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En la fachada del lugar donde se velan los restos de Isabel Pillco se han colgado carteles en los que los vecinos exigen justicia FOTO: Iblin Linarez En la fachada del lugar donde se velan los restos de Isabel Pillco se han colgado carteles en los que los vecinos exigen justicia FOTO: Iblin Linarez

La joven alteña falleció la madrugada del lunes en el Hospital General como consecuencia de la golpiza propinada por su pareja David Viscarra. Su asesino fue remitido al Penal de San Pedro.

Iblin Linarez / La Paz

“Papi, me lo vas a hacer justicia”, pidió María Isabel Pillco (28 años) desde su lecho en el Hospital General de La Paz cuando sintió que la vida se le iba. También le encomendó el cuidado de la pequeña hija que había tenido con David Viscarra, el hombre que ella señaló como el autor de la golpiza, puñetes y patadas, que le provocaron una muerte lenta por derrame interno.

La joven en principio no midió la gravedad de sus heridas y ni imaginó que por dentro el hígado se le iba lacerando. Tampoco hubiera podido acudir al médico de inmediato, pues luego de agredirla, el 20 de octubre, Viscarra la encerró en una habitación y en ello habría colaborado la madre de éste, en cuya casa vivía la pareja.

Aquel día David estaba ebrio, contó Isabel a sus padres. Y su encierro, “seguramente se hizo para que los moretones se le pasen y nadie se entere de lo que le habían hecho”, solloza Víctor. “Ella pudo salir (de esa casa) una semana después de la agresión, pero los moretones no se pasaban, se extendían por todo su cuerpo; se estaba desangrando por dentro”.

Isabel, con el ojo horriblemente hinchado e inyectado en sangre, llevó a su hija, que acababa de cumplir dos años, a la casa de sus padres. Se animó a presentar la denuncia formal ante la Policía, papeles que entregó a su papá antes de morir y que constituyen la prueba que se ha tomado en cuenta para no aceptar la versión de Viscarra sobre que él no sabe nada y que alguien, un supuesto amante, debe ser el autor de la agresión.

“Los hombres siempre pegan”

6La capilla ardiente en la que se velaban los restos de Isabel Pillco el miércoles 5 de octubre. FOTO: Iblin Linarez

La historia de Isabel y David pudo ser de amor. Ambos son vecinos de la zona Alto Villa Victoria, en El Alto. Ambos estudiaron en el colegio del barrio, Luis Espinal. Fue durante la adolescencia que comenzaron a enamorar. Luego, ella se fue a estudiar Ingeniería de Sistemas a Tarija y él la siguió. “David era un hombre muy celoso. Hizo que Isabel dejara sus estudios; le faltaban dos años para concluirlos, y también hizo que la echaran de un trabajo”, contaron a La Pública los familiares de la víctima.

“Tienes que ser ama de casa y cocinar. No tienes que vestirte como lo haces porque eres la mujer de mi hijo”, le decía la madre de David a Isabel, relata Víctor Pillco. “Quería que mi hija se vista como mamarracho”, se indigna. “Yo le dije que no tenía por qué darle gusto, que ella tenía que trabajar porque había estudiado. Ella no era una inútil”. Lo cierto es que el amor fue un infierno para Isabel. Cuando ella tenía cinco meses de embarazo, “David la golpeó con un bañador en la cabeza” y eso provocó el alejamiento de la pareja hace dos años.

La niña nació y creció en el hogar de sus abuelos, a los que llama padres. La casa de ambas familias está separada por pocos metros, de manera que el contacto no se rompió del todo y los Viscarra hicieron de todo para que Isabel y sus padres aceptasen que se retomara la relación.

Isabel decidió volver a vivir con David el 14 de septiembre de este año. Su padre le preguntó si estaba segura. “Me dijo que quería hacer su vida con él, que él es el padre de su hija. Tenía la esperanza de ser feliz”. El hombre les pidió disculpas a los Pillco y les aseguró que quería estar bien con Isabel y se comprometió a no golpearla nunca más.

Una semana después de instalados en su nuevo hogar, las promesas se las llevó el viento. “Entonces, casi la bota por la ventana”, recuerda el padre. Y otros siete días después, la volvió a golpear. Isabel sentó denuncia de esta agresión. Llegó entonces la última agresión, la que resultó fatal.

Según cita Víctor Pillco las palabras de la joven, su pareja la golpeó y la pateó en la cabeza. La suegra también habría participado de la golpiza, además “de que ella le decía siempre a mi hija que no se quejase, que los hombres pegan, que a su marido le había aguantado hartos golpes”.

La familia Pillco quiere que el proceso incluya a la madre de Viscarra, por complicidad.

Con el animito fuera del cuerpo

Hay otro testigo de la violencia familiar. Tiene dos años y apenas puede expresar lo que ha visto. “Mi nieta ha vuelto traumada, salta cuando duerme, llora. La hemos llevado al médico y luego al curandero, para llamar su animito porque con los gritos se ha asustado”, dice el abuelo de la niña. Él y su esposa han logrado tener la custodia, lo que les parece natural y, por tanto, justo.

Víctor Pillco llora más cuando recuerda que el día que Isabel apareció con los signos de la golpiza, todos se asustaron el ver el ojo herido. Pero repararon en que había más cuando la niña señaló la pierna de su madre y dijo: “Mamá Isa está achichiu”. La joven se levantó entonces el pantalón y todos se horrorizaron y decidieron llevarla al hospital el domingo 2 de noviembre, Día de Difuntos. La internaron y, cuando el papá se la acercó, ella le habló como si se despidiera. Víctor intentó tranquilizarla: “Yo le dije que no hable así, que íbamos a arreglar todo y que ella iba a estar bien. Le dije que no quería que vuelva con ese muchacho y que se quedaría en la casa; pero ella ya presentía que iba a morir porque nos dijo: me siento mal, cuiden a mi hija, yo sé que la estoy dejando en buenas manos… Papi, me lo vas a hacer justicia, quiero que pague por lo que me hizo”.

Vecinos movilizados

Lpz Feminicidi1El porton rojo de la casa de la familia Viscarra FOTO: Iblin Linarez

“¡Asesinos!”, la palabra inscrita en el portón rojo de la casa de David Viscarra, estremece. Unos pasos más allá, en la misma calle, un crespón negro se impone en el ingreso de la casa de la familia Pillco, de cuyos muros cuelgan unos carteles en los que se exige justicia y se señala a David como feminicida.

Los restos de Isabel han sido velados en el negocio de internet que sus padres tienen en parte de la casa. En la habitación, donde miran personajes de historieta llenos de músculos, Batman y otros superhéroes que luchan contra la injusticia, hay tristeza pero también rabia. “No queremos vivir con esos asesinos”, se oía susurrar a los vecinos el miércoles, algunos de los cuales pretenden que toda la familia Viscarra desaloje la casa y que ésta pase a ser propiedad de la hija huérfana.

Pero no son sólo estos vecinos los indignados. En Tarija, donde vivieron Isabel y David, hubo marcha el jueves. Gente portando carteles con fotos de la víctima, marchó por las calles para dar a entender que no está dispuesta a seguir tolerando muertes como las de esta joven mujer.

Según datos del Centro de Información Desarrollo de la Mujer (CIDEM), de enero a septiembre de 2014, 71 mujeres perdieron la vida a causa del feminicidio. La mayoría fueron asesinadas por sus parejas o esposos. Mientras que la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV), desde su creación en julio de 2013 hasta enero de 2014, atendió 21.000 casos de violencia contra la mujer y nueve feminicidios. El feminicidio es entendido como aquel asesinato de mujeres cometido por razones de género.

El 90% de los casos atendidos responden a agresiones físicas y psicológicas. La persistencia de esta violencia suele derivar en feminicidio, de manera que este delito no es producto de un exabrupto, de una casualidad, sino parte de un proceso que se explica por un contexto machista. Por otro lado, el 80% de los casos, los agresores estaban en estado de embriaguez.

David Viscarra declaró en la audiencia de medidas cautelares, realizada ayer, y negó haber golpeado a su pareja. Acusó a Isabel de tener otra pareja y llegó a deslizar la posibilidad de que ella pudo ser víctima de violación. Sin embargo y tras hallar suficientes indicios de culpabilidad, la jueza Primero de Instrucción de Violencia Contra la Mujer, Diana Delgadillo, envió al hombre al penal de San Pedro, con detención preventiva.

La Ley 348, para garantizar a las mujeres en Bolivia una vida libre de violencia, establece la pena máxima de 30 años de prisión en casos de feminicidio.

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