Miércoles, 15 Abril 2015 19:27

Guía para usar los micros o cómo sobrevivir en el transporte cruceño

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Si los factores clima, aglomeración y “pasen al fondo, hay sitio” se juntan, permiten experimentar por sólo Bs 2 qué siente una sardina enlatada y cocida en su propio jugo. Los micros de toda la vida que recorren Santa Cruz no son lo mejor pero permiten, a falta de un sistema de transporte masivo en toda la ciudad y verdaderamente público -que dependa de la Alcaldía-, acortar grandes distancias en la ciudad anillada; pero...

Gemma Candela / Santa Cruz

Viejos y de pasillos estrechos, parecen bólidos por el ruido que hacen, pero es sólo porque las piezas que los componen amenazan con desarmarse antes de llegar a la siguiente cuadra; los choferes que los manejan no son precisamente amables; “accesibilidad” no es lo que caracteriza a estos buses, sino el “úselo como pueda”. Así son los micros de toda la vida –de la nuestra y de la de ellos, porque, por lo desgastados que se ven, no dan la sensación de que alguna vez los hayan cambiado– que llevan a través de anillos, radiales y calles principales de Santa Cruz de la Sierra a la mayor parte de la población. Y, como dice el dicho camba: “A nada…”

Para quien ya está acostumbrado, usar este tipo de transporte tiene su rutina. Pero, para visitantes y recién llegados a la ciudad, no vendría mal una guía.

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La señalización no aporta información sobre las rutas de los buses.

Cómo detener/subir/pagar/bajar 

Primero,  hay que saber qué numero de micro se necesita tomar y por dónde pasa exactamente. Ayuda en algo una aplicación para celulares (APP) llamada Cruzero, aunque no es perfecta. Además, si uno no conoce bien la ciudad o no sabe orientarse, ha de saber en qué sentido tomarlo para no aparecer en el punto cardinal contrario de aquél al que se pretende llegar. Los minibuses de La Paz, por ejemplo, tienen este aspecto mejor resuelto: sus carteles son móviles, así que si el conductor decide cambiar de ruta, sólo lo indica sobreponiendo el letrero: donde decía "Estadio" (Miraflores) pone "El Prado" (centro) y listo. En el caso de los micros cruceños, eso no se puede hacer: los principales puntos de referencia de su ruta están pintados en los cristales delanteros. Por tanto, siempre dirá “Mutualista–Alemana–Los Pozos”, aunque su sentido sea “Los Pozos–Alemana–Mutualista” (y, en este caso, ni siquiera pasará por el famoso mercado del centro porque en realidad toma la calle Murillo y ésta no atraviesa por Los Pozos). ¿Siente mareos porque no comprende nada? ¡Bienvenido al “sistema” de transporte de la urbe de los anillos!

Para que el bus se detenga, especialmente en las radiales y anillos, que es por donde a los choferes se les resbala el pie con fuerza sobre el acelerador, levante bien el brazo para que, desde el tercer o segundo carril, vengan hasta el primero a recogerlo. Ahora, tenga cuidado: a pesar de ir tan rápido, los conductores no perderán la oportunidad de tomar a un pasajero más –aunque ya los que lleva se salgan por la puerta y casi por las ventanas– y, al dar semejante frenazo para llegar hasta usted, puede provocar un accidente.

Cuando por fin haya logrado detener el micro (cosa que puede complicarse en los días de lluvia en los que, mientras se espera que pase la línea que se requiere, puede caerle encima una ola causada por algún taxi o vehículo particular), el conductor moverá una palanca que hace que se abra la puerta. Entonces, levante bastante la pierna para subir una grada algo alta que hay para entrar, y la otra para la segunda grada. ¿Qué usted va con muletas y una pierna escayolada? ¿O en silla de ruedas? ¿Es una persona mayor o alguien que, por cualquier motivo, tiene dificultades para subir una grada? Entonces… tome un taxi.

 

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Joven, fuerte, de piernas largas... sólo así se puede trepar al micro rápidamente.

Una vez adentro, y antes de que pueda ver si hay dónde sentarse o al menos pararse bien, haga equilibrio para no caer por el acelerón que da el chofer, por sorpresa para usted, mientras aquél estira su brazo 180º y, si puede, gira la cabeza al máximo con mirada inquisitiva: es claro el gesto de “págueme y hágalo ya”. Agárrese con una mano a la barra que circula paralela al techo, a la que va perpendicular al suelo, o a la  humanidad del pasajero más próximo, mientras con la otra intenta encontrar monedas en su bolsillo/monedero/bolso. Con el tiempo aprenderá que lo mejor es subir al micro con su dinero en la mano. Es cuestión de práctica. 

20150415 134950No todo va a ser malo: hay choferes que usan el carril sólo destinado para el tránsito de micros.

Si hay asientos libres, busque uno que quede lejos del sol, lo cual, según la hora del día y el sentido en el que va el bus, variará. Trate de que ese asiento cuente con aire “condicionado”: condicionado a que esté junto a una ventana abierta o que permita ser abierta –no todas lo son–.

Si le toca sentarse en el asiento que está sobre una de las ruedas traseras y usted tiene una altura superior a la media, la postura del viaje será ésta: con la barbilla apoyada sobre las rodillas y, si es mujer y lleva falta corta, haciendo publicidad gratuita de ropa interior.

Lo de la altura también se aplica si tiene que ir de pie: en ese caso, la postura es barbilla encajada en clavícula y nuca contra el techo, a no ser que se tenga la suerte de entrar en uno de los micros que son algo más altos.

Luego está el asunto de la banda sonora que depende del gusto de chofer: puede ser cumbia, el repertorio de Bronco, clásicos de los ochenta o el informativo de turno. Si es día de suerte, puede tocar chicha peruana o, con más suerte aún, algo totalmente diferente a esto. El nivel de sordera del conductor le permitirá a usted  y al resto de usuarios –o no– escuchar su propia música a través de sus audífonos; conversar con el de al lado; llegar a su punto de destino con dolor de cabeza o sin él. Disfrute del trayecto.

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Un vehículo estacionado donde no debe impide que los micros puedan circular por el carril que se supone es para su uso exclusivo.

Cuando por fin arribe a su “parada”, que es donde usted decida, pida amable pero en tono alto: “Pare, por favor”. Y tenga cuidado al bajar porque:

– Pueden dejarle en el tercer carril de la avenida, con lo que se jugará la vida para llegar hasta la acera -aventura asegurada por la cortesía de los conductores de Santa Cruz de la Sierra-. 

– Aunque usted planee poner el pie sobre un punto en concreto de la calzada, es muy probable que el micro no llegue a detenerse del todo y su pie aterrice un poco más allá; tal vez, encima de un charco, o algo peor. 

Recomendaciones extra

Si elige un asiento junto al pasillo, sus posaderas pueden resbalar lateralmente durante alguno de los derrapes a toda velocidad que hace el bus, hasta el punto que casi se pone vertical. Tome previsiones.

Y otro consejo: no agarre el micro con el tiempo justo, pues nunca se sabe si el chofer parará a recoger o dejar pasajeros hasta cuatro veces por cuadra -lo cual, más que su culpa, es de los usuarios y del hecho de que no existen paradas establecidas-. Si su punto de destino está a 30 cuadras, y usted dispone de 15 minutos para llegar, multiplique las cuadras por el número de minutos invertidos en recoger y dejar a cuatro pasajeros por cuadra, y sume a la cifra resultante tiempo extra por semáforos y trancaderas. No olvide tampoco el factor hora pico.

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