Miércoles, 15 Abril 2015 20:26

Chuturubí y Tiluchi, nuevos buses para viejos hábitos

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Un pájaro y un insecto dan el nombre a dos tipos de buses más nuevos, espaciosos y modernos que los tradicionales microbuses que circulan por Santa Cruz de la Sierra. Sin embargo, choferes y usuarios no han cambiado su forma de usarlos.

Fabiola Gutiérrez / Santa Cruz

El Chuturubí se diferencia de sus semejantes por ser de mayor tamaño y tener colores más vivos. Y eso sirve tanto para referirnos al insecto como al nuevo tipo de bus que da vueltas por el primer anillo de Santa Cruz y que está en funcionamiento desde septiembre del año pasado. Lleva el nombre del temible bicho y es un motorizado de ventanas, puertas y pasillo más grandes que los de los típicos micros. Anuncia su ruta con letras naranja estampadas justo encima de su parabrisas delantero.

Como quiera que el rumor decía que sólo se detienen en paradas establecidas, me dispongo a buscar una y la hallo en la avenida Cañoto esquina Monseñor Santiestevan. Me estaciono allí con mariposas moviéndose en mi estómago por la emoción; pero si no llegaba a hacer la señal de costumbre, levantar la mano y agitarla, temo que el Chuturubí hubiese pasado de largo. Se ha detenido y, una vez abierta la puerta delantera con el ruido de la expulsión de aire, me invita a subir. A quien primero veo es al conductor, quien gira 90 grados la cabeza -la mitad de la rotación a que están acostumbrados los de los micros de siempre- y me cobra dos bolivianos, lo mismo que en los otros buses.

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Interior de un Tiluchi.

Para poder ir a sentarme, tengo que pasar por un angosto pasador de fierro. No lo logro sino empujándolo con cierta fuerza y poniéndome de lado. Me pregunto cómo harán para atravesarlo los ancianos, los discapacitados y los no atléticos. Pero me olvido pronto de los predicamentos ajenos, deslumbrada por lo nuevo que luce todo, por los colores neutros, por las distintas tonalidades de plomo que suben desde el piso para terminar en un techo blanco. Los tres primeros asientos de la izquierda son individuales y de color naranja: son, sospecho y acierto, asientos preferenciales para ancianos, personas con movilidad reducida y embarazadas. Predomina el plástico en los asientos y las agarraderas que cuelgan de las barandas internas de color amarillo. Las ventanillas están abiertas y el prometido aire acondicionado está apagado pese a que la temperatura reinante llega a más de 21ºC.

Sentada, me invade un tímido orgullo al pensar en que viajo a bordo de la modernidad cruceña. Sin embargo, no me dura mucho pues luego de avanzar 100 metros, el Chuturubí vuelve a parar para alzar pasajeros. Esto se repite a lo largo de la vuelta al primer anillo, pese a que debería detenerse cada 300 metros. Pero los indisciplinados no son sólo los de afuera, los de adentro prefieren gritar el típico: “¡Pare, por favor!”, que pulsar el timbre de los pasamanos. Y, claro, piden bajar donde mejor les conviene. El conductor les hace caso y para, no importa si en el carril más lejano de la acera. 

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Los administradores de los Chuturubís han prometido ampliar los pasadores de ingreso.

Anotar y observar sin mucho disimulo ha llamado la atención del chofer, quien me mira a través del retrovisor. Temo que me acuse por acosadora y seguro que enrojezco. Pero no, me mira sonriente y, acto seguido, enciende el aire acondicionado. Las miradas se repetirán varias veces hasta el final de mi recorrido. Sospecho lo que piensa el conductor y no logro que entienda que estoy recriminándole por las veces que alza y deja pasajeros sin orden e invadiendo incluso áreas de rotondas, etc. De esto somos también responsables los usuarios; pero si el Chuturubí actuase con firmeza, aprenderíamos.

Los pasajeros son nomás un caso de análisis. Subimos al nuevo bus con cara de abrir regalos en Navidad, tomamos fotos que subimos a las redes sociales, miramos con ojos estrellados cada esquina del nuevo vehículo… pero repetimos hábitos como el de pintarrajear los asientos, sentarnos sobre el motor y, como hemos descrito, subir y bajar en la "puerta de nuestra casa".

En un sondeo publicado en el perfil de Facebook de Chuturubí se confirma lo que los estudios sobre formación ciudadana de 2013 y 2014 han mostrado: sabemos las reglas pero preferimos no cumplirlas. Los encuestados adujeron además la inseguridad a la que se sienten expuestos al tener que caminar 300 metros para tomar el bus. Además de que las paradas no los protegerían del sol ni de la lluvia: tienen dos paredes, techo y hace un tiempo cambió su estética. Sin embargo, pararse en la entrada de casas y negocios a esperar el Chuturubí parece convencer más.

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Chuturubí pintarrajeado

Tiluchi sobre ruedas

Los Chuturubís no son los únicos micros nuevos en la ciudad anillada. En el segundo anillo, y siguiendo con la tendencia de bautizar buses con nombres de animales, están los Tiluchis, llamados como un ave –también es una expresión que quiere decir “capísimo para”–. Así mismo, hay otro en el cuarto anillo. No hay muchas diferencias entre los dos modelos de bus, excepto porque en el Tiluchi no existe el angosto pasador, tiene tres cámaras cuyas imágenes se transmiten en vivo en el tablero del conductor, y los lugares para personas de la tercera edad, con silla de ruedas y embarazadas están señalizados y cuentan con asientos desplegables. Este tipo de micro no tiene, por el momento, perfil en Facebook.

Los niños suben como a un parque de diversiones. Un par que va al colegio expresa: "Corrimos casi una cuadra para alcanzarlo. Mira, en medio hay sillas para los viejitos. Es más moderno. Tiene más pantallas". Quizás es porque son los de más reciente circulación; pero la gente a bordo se sonríe y se indica cómo usar los asientos. Según constato, en una de las paradas en el puente universitario, en hora pico, sube tanta gente que en el pasillo caben dos hileras de personas de pie y lejos queda la imagen de sardinas en lata. Los acosadores de mujeres que aprovechan los apretujones no tienen cabida aquí o al menos resultan más evidentes que nunca.

Me bajo del Tiluchi en una parada preestablecida y me dispongo a tomar una foto cuando alguien que pasa en un motorizado me grita: “¡Son cero aire y pura pinta!”.

Un parche, no una solución

Los Chuturubís y los Tiluchis son cambios en el equipamiento de la ciudad y, sobre todo, oportunidades para generar respeto por los demás y cuidado del espacio público. Sin embargo, para solucionar la crisis del transporte urbano, las medidas "no pueden ser proyectos sueltos de trenes, trolebuses o micros, las acciones deben conformar un sistema con visión de acciones para el corto, mediano y largo plazo. Es por eso que justamente el actual sistema no funciona", dice el urbanista Fernando Prado a propósito de las promesas electorales para ocupar la silla municipal. Tanto Prado como el Ing. Jorge Espinoza, otro experto, propusieron sistemas integrados administrados por el municipio –el otro factor trascendental– pero esas ideas de larga data han quedado en papel por la presión de los sindicatos de transportistas. Sindicatos que son los dueños del Chuturubí, el Tiluchi, y de todos los micros, trufis y minis; no así la Alcaldía.

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Tiluchi en hora pico.

Diagnóstico y respuestas

Transporte sin rumbo es un estudio de 2014 que abordó el funcionamiento del sistema de transporte de microbuses en Santa Cruz de la Sierra. "Desde la perspectiva de la movilidad urbana, el transporte de microbuses no es un componente del desarrollo de la ciudad, por el contrario, contribuye a la congestión vehicular, impide y dificulta la movilidad urbana, espacialmente congestiona las vías públicas con hacinamiento vehicular y contaminación audiovisual en vías y aceras. La administración se gestiona en función de beneficios económicos gremiales en desmedro de la ciudadanía pues invade y colapsa el espacio".

Por ejemplo, en ese estudio se encontró que sólo por La Ramada circulan 74 líneas de micros, indican los autores Ernesto Urzagasti, Blanca Victoria Tayarapo y Hagler Justiniano. La publicación se hizo gracias a una convocatoria del Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB), el Centro de Estudios para el Desarrollo Urbano Regional (CEDURE) y el Colectivo Jatupeando. Los autores concluyen que "el servicio de transporte público urbano está en crisis debido principalmente a la ausencia de autoridad municipal y a los intereses corporativos de las organizaciones que administran el servicio de transporte urbano".

En cuanto a los desafíos de modernización del transporte, como muestra este video, la investigación indica que "cualquier propuesta técnica tiene que contar con la legitimación social y política del Gobierno Autónomo Municipal, cuyos expertos deberán generar propuestas creativas y establecer puentes entre la sociedad civil y los actuales operadores del servicio".

La respuesta de las autoridades ediles no puede estar más lejos de estas recomendaciones de la ciencia, si se considera la propuesta del reelecto alcalde Percy Fernández. De hecho, aunque los expertos llaman a conciliar, Fernández, quien hizo campaña desde un micro, se refirió a los transportistas como "matones" y "lacra" en su único video de campaña, que se hizo viral luego de ser censurado en Facebook y YouTube.

Las redes sociales son mejor usadas por los administradores de los Chuturubís. Las usan para estar en contacto con sus clientes, aunque su gestión de Facebook es considerablemente distinta a la realizada, por ejemplo, por los Puma Katari de La Paz. Los Chuturubís publicaron allí los resultados de su sondeo sobre las causas del uso -o desuso- de las paradas; anunciaron que ampliarán el pasador de acceso para embarazadas y para personas "más grandes"; e, incluso, hicieron referencia a instalar un sistema de cobranza virtual. Asimismo, agradecieron a la Revolución Jigote por el encuentro realizado para analizar fortalezas, oportunidades y proyectos para cambiar hábitos; y sostuvieron una campaña llamada “Así sí. Así no”, en la que invitaron a la ciudadanía a subir sus fotos sobre cómo viandantes y motorizados deben respetar el carril de buses y las paradas.

En todo caso, como señala el estudio del PIEB y como han dicho los expertos del CEDURE en repetidas ocasiones, renovar micros es sólo un parche mientras el municipio no recupere sus competencias sobre el sistema de transporte. Es una curita mientras no se planifique la ciudad que se quiere y se rediseñen rutas y un sistema de transporte integrado que sea amable con el ciudadano y asegure condiciones de trabajo dignas para los choferes. Sobre todo, es una vendita mientras no se aborde la formación ciudadana para conductores y usuarios. 

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