Jueves, 26 Noviembre 2015 12:06

Santa Cruz tiene infraestructura cultural pero le falta público

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Santa Cruz tiene la mayor cantidad de actividades de arte respecto del resto del país, incluso de La Paz, opina el artista visual Eduardo Ribera, criado en La Hoyada y residente los últimos años en la capital cruceña, donde dirige el Museo de Arte Contemporáneo. Este año, ciertamente, han aparecido nuevos centros culturales, pero uno dejó de existir y los míticos jueves de Calleja también han pasado, al menos de momento, a la historia. Lo que todavía está pendiente es la formación de público, de tal manera que todo cuanto se proponga encuentre eco, dice.

Gemma Candela / Santa Cruz

Durante el Congreso Culturas en Movimiento, que se celebró en Sucre a finales de octubre, los artistas, comunicadores y activistas culturales cruceños que acudieron a la cita crearon un grupo de WhatsApp con el nombre del evento y, como apellido, Santa Cruz, para estar comunicados durante la estadía en la capital de Bolivia. Ya de vuelta en el oriente, el grupo sigue activo: a través de él se convocaron varias reuniones para analizar en profundidad el anteproyecto de la Ley de Culturas, que fue reelaborado durante el encuentro, y se cambió el nombre del grupo a Temblor Cultural. La finalidad de quienes lo conforman es que Santa Cruz sea el epicentro desde el cual se extienda una onda que genere temblores en todos los departamentos hasta alcanzar las dimensiones de un terremoto, uno de tipo cultural. El objetivo del movimiento es que se apruebe la Ley Marco de Culturas. 

Sucre, que acogió el Congreso, es una ciudad en la que apenas hay oferta literaria, cinematográfica, teatral… “No se tiene políticas culturales claras para el municipio. Creemos que es importante definirlas, pero eso es algo que debe nacer de los mismos actores culturales”, se justificó la directora Municipal de Culturas, Stefani Lambertín. Si así sucede en la capital, cómo le va al epicentro del temblor, Santa Cruz.

Eduardo Ribera es el director del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) y de la Casa de la Cultura, instituciones que dependen de la Dirección municipal de Cultura, Patrimonio y Turismo. El artista, conocido con el pseudónimo Blue Box, ejerce este cargo desde hace diez meses. Es habitual verlo transitar por la calle Sucre, sobre la cual está el museo, rumbo al otro centro, ubicado en la plaza 24 de Septiembre, y viceversa. Ha vivido 33 de sus 41 años en La Paz pero desciende de cruceños. Afirma que sabe muy bien qué pasa en cuanto a arte en las dos ciudades. Lo cuenta en su despacho del MAC, uno de las habitaciones que da al patio principal del inmueble patrimonial que acoge el repositorio.

Ribera

Eduardo Ribera en la entrada de la casona que acoge el MAC. Foto: Gemma Candela

La Paz tiene la fama de ser la ciudad con más actividades culturales de Bolivia. ¿Está de acuerdo con esa apreciación?

Santa Cruz se ha vuelto el polo principal de productos culturales: aquí se dan más eventos que en La Paz. Sólo en Santa Cruz hay una residencia internacional de arte, Kiosko, que anuda a los artistas locales, nacionales y del exterior. La infraestructura más importante, grande, completa y profesional (del país) se encuentra en el Centro de la Cultura Plurinacional, que supera a la del Museo Nacional de Arte. Los museos de La Paz son como el MAC: casonas antiguas que han sido remodeladas, restauradas, algunas acondicionadas, pero no existe un centro “hecho para”. Y el CCP es lo más cercano a ello: los enchufes están donde tienen que estar, la iluminación, las alturas… Arquitectónicamente es la mejor estructura del país. Y doy más ejemplos: el Festival de Música Barroca, el Festival Internacional de Teatro… Nuestra debilidad es el público. La gente no está acostumbrada, no tenemos una academia con tantos años: La Paz tiene una academia de Bellas Artes que ronda el centenario. Hay una tradición de respeto a la cultura y al arte en La Paz que todavía no existe aquí, por lo que allá hay más interés del público. De nada nos sirve tener grandes producciones, la infraestructura más linda, si cuando el residente internacional hace su muestra van 20 personas.

El MAC se llena cuando hay teatro o danza. ¿Cómo se logra completar el aforo si no hay tanto público para la cultura en la ciudad?

Tiene que ver mucho con cómo manejamos la página. Yo soy un adicto a Facebook y tomo conciencia de cómo funciona, de manera que la aprovecho para generar expectativa y atraer a la gente. 

¿Qué hay que hacer, por tanto, para que en la ciudad todos los espectáculos, exposiciones, talleres, lleguen al público?

Cultivarlo. Hay que acercarse a los colegios: no puedes esperar que los estudiantes vengan aquí algún día, primero porque hay un miedo de entrar al museo. La arquitectura --gradas, reja y guardia-- te pone un bloqueo. Eso es lo que le ayuda tanto a la Manzana 1: se encuentra sobre la plaza, son varios espacios con una puerta abierta, con una pequeña grada… no tiene un elemento arquitectónico que te imponga una pose. Los niños o la gente que no está acostumbrada no va a entrar a un museo porque no sabe que es bienvenido. Hace siete meses que el MAC trabaja con colegios. Uno es de Cotoca: el Lorenzo Suárez de Figueroa. La profesora que trae a los jóvenes es Fanny Chacón Callejas. No los trae para una visita guiada o a ver la muestra: ellos son parte importante de las inauguraciones. Vienen la noche de la inauguración, algo nunca antes visto: se pensaba que era algo privado, con invitación, para el artista y su público específico. Y eso no tiene buenos resultados. Desde hace siete meses, a todas las aperturas de muestra se invita al artista, sus familiares y público específico y a un colegio. En grupos de tres o cuatro estudiantes se acercan al expositor con una pregunta, se sacan una foto con él y lo suben a Facebook. Presentan las preguntas como tarea. Hay una dinámica que obliga a romper el hielo y genera una bienvenida para ellos. 

De ida y de vuelta

Los alumnos de Cotoca, que no se perdían una apertura de exposición a pesar de que éstas se hacen de noche y de que la distancia ronda los 40 km, dejaron de asistir hace algún tiempo.  “Estarán en exámenes, se aburrieron…”, pensó Blue Box. “Y luego llega ella (la profesora) hace dos semanas, con un estudiante y esta cajita”. Una caja de cartón blanco decorado con unos cuadrados de papel de rayas moradas, azules y plateadas; adentro, papel arrugado y, encima, un huevo. Dentro de éste había otro papel: una invitación a una muestra de arte que habían organizado maestra y alumnos, inspirada en lo que habían visto en el Museo.

“Fue de esas cosas que tú no esperas pero que hablan de que lo que estás haciendo está funcionando”, comenta Ribera. Una trabajadora del museo y él fueron a visitar la exposición. “Los niños habían hecho obras de arte; muchas eran caras de dibujos manga. Son contemporáneos. Fue una linda experiencia. Yo quedé muy tocado y agradecido y tomé constancia de la distancia: una hora de ida y una de vuelta”. 

 

caja

Blue Box tiene la invitación de los alumnos del colegio de Cotoca sobre su escritorio. Foto: Gemma Candela

Entonces, la forma de cultivar público es acercar el museo y el arte contemporáneo a la gente. ¿Es por eso que hace unas semanas comenzaron las Noches de Museos con la representación, de acceso gratuito, de la obra arte?

Yo tenía en mi POA un dinero para la Noche de Museos. Hice la noche de museos con cinco eventos (que los artistas hicieron sin cobrar). Nadie me había dicho que tenía un presupuesto y que lo tenía que ejecutar porque, si no, ese dinero se revierte y es dinero perdido. Y me dije: ‘Pues hacemos más noches de Museo’. Busqué grupos de teatro que pudieran realizar una obra con el tema de arte contemporáneo. Sabía que había habido una obra de teatro que se llamaba Arte: perfecto tema, lugar y actores.

El MAC también ofrece talleres. Uno de los que tienen en marcha es del cerámica para personas ciegas. ¿Cómo surge esta oferta?

Estábamos trabajando en un taller infantil con la ceramista Miriam Saavedra. El segundo día vi que ella les había tapado los ojos a los niños: me dijo que era la manera correcta para que el tacto se intensifique, la sensibilidad de las manos iba a tener mayor preponderancia que lo que ellos ven. Y yo le dije: ‘Eso sería maravilloso para niños ciegos’. Ella me contó que hace 15 años había capacitado a profesores en Aprecia pero que no había pasado nada al respecto. Entonces le propuse: ‘Hagamos que suceda’.

De hecho yo tengo un sueño, antes de lo de la cerámica, que es que exista en el futuro un centro cultural para no videntes con dos ramas o incluso tres: la cerámica, artística y/o utilitaria, y la música (de interpretación o de canto). ¿Por qué? Porque yo también tengo un problema visual: yo he sido diagnosticado con retinosis pigmentaria y desafortunadamente, de aquí a cinco años o diez con suerte, voy a ser ciego. Ahora que estoy de este lado de la historia pienso: ¿Qué puedo hacer? Cuando eres ciego, ¿cómo te ganas la vida? ¿Cómo generas un producto? Yo soy artista, no voy a dejar de serlo.

La faceta de centro cultural del MAC

Hace poco el periodista Carlos Valverde presentó su libro "Coca: territorio, poder y cocaína"; ha habido un show de chicos con tacones; varios conciertos de rock… “Bienvenidas todas las expresiones culturales porque éste es nuestro contexto, no estamos en Nueva York, donde tú dirías: ‘No, para eso hay un Museo de Arte Moderno y otro de Arte Contemporáneo'. Aquí no sucede eso, estamos en otro lugar. Y el MAC, además de museo, es un centro cultural”.

Arte

Estreno de las Noches de Museos con la obra "Arte". Foto: Gemma Candela

¿Qué espacios hay en la ciudad?

Además de la Casa de la Cultura y del MAC, del Centro de la Cultural Plurinacional, de Kiosko y su sala, Nube Gallery, hay otros espacios en el centro de Santa Cruz que acogen muestras, tienen ciclos de cine, representaciones, talleres… Son el Simón I. Patiño, la Alianza Francesa y el Goethe-Institut; Centro Boliviano Americano y el Centro Feliciana Rodríguez. Hace unos meses abrieron otros dos: la Florida Espacio Arte  y el snack y pensión Tía Ñola, que por las noches se convierte en espacio teatral y que, también, alberga talleres.

Por tanto, gran parte de la actividad artística y cultural queda dentro del primer de los diez anillos que conforman la ciudad. Ya hicimos un recorrido por lo que hay más allá, centros autosostenidos y también los públicos de los barrios. El Kempff, por ejemplo, ya no existe, y ahora hay uno nuevo entre el Segundo y Tercer Anillo, Arte 21, ubicado en el Tercer Anillo Interno y Avenida Beni. Lo que también ha desaparecido este año han sido los míticos jueves de Calleja.

La Calleja

Un grupo de poetas latinoamericanos llamado La Sagrada Hermandad de la Orquídea designó a Santa Cruz la Capital Poética de América y, más concretamente, la plazuela Calleja. En ella, durante dos años y medio, recuerda el escritor Óscar Puky Gutiérrez, la literatura y sus amantes tomaban la plaza cada último jueves de mes por la noche: eran los jueves de Calleja.

Puky se declara creador del evento; sin embargo, Edson Hurtado, representante del Ministerio de Culturas en esta parte del país, señala que fue una idea tanto del escritor como de él mismo y de otras dos personas: Pablo Carbone y Patricia Gutiérrez. “Fue una actividad que nació desde nuestra iniciativa y a la que sumaron muchos y valiosos aportes artísticos a lo largo de los años. Al haber formado parte de su génesis, me siento muy cercano a este movimiento que cambió un poco la cara de la ciudad”, cuenta Hurtado.

“Cuando asumí la dirección del Ministerio de Culturas me retiré voluntariamente para cumplir mis funciones administrativas. El año pasado, recién, los organizadores se acercaron para solicitar apoyo. Se lo dimos de acuerdo a nuestras posibilidades y a nuestro presupuesto”. Y el Ministerio financió las lecturas nocturnas de poemas durante cuatro meses, afirma Puky, aunque apunta: “Nunca necesitamos de la plata de nadie”. Asegura que el evento funcionaba gracias a la economía colaborativa: uno se encargaba de traer el equipo de sonido, la señora de la panadería prestaba la luz, otro traía vino… Sin embargo, y aunque suene contradictorio, sí se retribuía económicamente a quien prestaba los parlantes (“En los días buenos le pagábamos Bs 150”, señala Gutiérrez) y también a la panadera. “Era un monto pequeño pero pretendía cubrir ciertos gastos de logística y organización de las lecturas”, explica Hurtado. 

 POESIAS

Un jueves en la Calleja. Foto: eju.tv

Hace tres meses dejaron de darse los encuentros literarios acompañados de vino tinto. Terminó la contribución monetaria de la institución pública pero Puky asegura que fueron otros los motivos de que dejaran de recitarse versos en la Calleja. “Se estropeó el equipo de sonido. Intenté prestarme de otros lados”. Y apareció una persona dispuesta a prestar parlantes y micro. Sin embargo, se dio cuenta de que se sentía cansado de encargarse de la logística, “poco acompañado”, y quiso saber si la gente que asistía se apropiaría de la actividad y continuaría con ella. Hasta ahora, eso no ha sucedido. A pesar de ello, el escritor asegura que cada vez que alguien le pregunta cuándo será el próximo evento, le dan ganas de resucitar las noches de poesía. “La puerta está entreabierta”.

¿Y la del Ministerio? “En la Unidad Regional Santa Cruz no tenemos un presupuesto elevado y debemos intentar una distribución equitativa, durante todo el año, para apoyar varias iniciativas de distintos sectores, tanto de la ciudad como del resto del departamento. Es posible que podamos volver a apoyar el evento, pero no de una manera constante. No apoyamos ninguna actividad de manera permanente”.

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