A seis años de  Ley 045 contra toda forma de racismo y discriminación, los mecanismos para denunciar discriminación aún no están instalados en Santa Cruz. El proceso es burocrático. De cada 10 denuncias admitidas, 1 es resuelta. Denunciar por la vía penal toma 2 años en promedio de acuerdo a los prejuicios de los operadores de justica y cuesta al menos USD 700. Al no funcionar el ente regulador, el trabajo recae sobre organizaciones sociales. La Asamblea Permanente de Derechos Humanos recibe al menos 10 casos diarios de denuncias contra operadores de justicia por discriminación. La discriminación persiste en sectores tradicionalmente vulnerados, de acuerdo a la Defensoría del Pueblo. La ley tiene un valor en el discurso pero tiene pendiente su alcance operativo, dicen organizaciones civiles y académicos.

 

 

*Contenido trabajado por Fabiola Gutiérrez en el marco del Módulo de Producción de Diarios y Revistas a cargo de Tuffí Aré como parte de la Maestría en Comunicación periodística de la UNESCO y la Universidad Evangélica Boliviana. Publicado también en el suplemento Séptimo Día de El Deber el 30/10/16.

Martes, 12 Abril 2016 16:08

La marcha desde mi ventana

Yo, desde mi realidad cotidiana de persona con capacidades diferentes, desde mi vivencia en carne propia de buscar un empleo y que me miren de pies a cabeza pensando que debe faltarme un tornillo por atreverme a hacerlo, temo que llegar a un acuerdo sea utópico. Y lo digo cuando sé cuánto me cuesta vivir por falta no de ganas ni de ideas, sino de dinero. Quisiera ganármelo, pero las condiciones afuera me lo niegan.

Feliza Alí Ramos, trabajadora social, dejó de caminar a causa de un accidente de tráfico. La pasó mal, pero encontró oportunidades que la llevaron hasta Japón. Allí constató que la discapacidad no es un tema médico ni de lástima. Ella marcha ahora, no porque necesite de la renta de Bs 500, sino "por mis compañeros que viven en la pobreza, que no saben leer, o que están encerrados en sus casas". Ese dinero "no les dará para vivir, pero la gente tendrá algo de plata para empezar a organizar la manera de ser dueña de su vida: salir de casa, contratar un transporte, o darle un mínimo a alguien para que de vez en cuando le apoye para salir". Todo eso "mientras la sociedad encuentra los mecanismos necesarios para adaptar el entorno".

La caravana de sillas de ruedas sigue rumbo a territorio paceño y el lunes 4 de abril (décimo quinto día de protesta) ha recibido a 43 nuevas personas para el avance hacia la sede de gobierno: 40 de Llallagua y 3 de Tarija.

La distancia que hay entre Cochabamba y La Paz se recorre a un ritmo de 75 kilómetros por hora en vehículo. En sillas de ruedas que avanzan a  tracción humana, ese ritmo se convierte en 10 kilómetros por día, si no hay dificultades. El 21 de marzo fue la partida de la caravana integrada por representantes de los nueve departamentos, articulados en la Confederación de Personas con Discapacidad, que así pretenden hacer visibles sus demandas para que el Estado boliviano les garantice una vida digna.

El hecho ocurrió ayer, cuando la caravana de las personas en situación de discapacidad se dispuso a acampar en el pueblo de Japo Kasa, situado a unos 130 km de Cochabamba. El abrigo, entre otros, fue rechazado aunque la noche anterior habia estado al borde de la hipotermia debido a que se les negó el techo en Confital. Mientras tanto, Evo Morales asegura que "ese grupo es manejado por la derecha". 

Los marchistas tuvieron que ser despertados la noche del viernes 1 de abril porque el frío puso en riesgo su vida. Escucha sobre el estado actual de las personas que están ya en Oruro y que insisten en llegar a La Paz. El bono mensual de Bs 500 es el objetivo que el gobierno del MAS desestima por considerarlo insostenible.

Se avanza bajo rumores de intervención policial.

 

Ojos que no ven* / Llavini

 

Siguiendo la carretera que va desde Cochabamba hacia La Paz, muy transitada por el transporte de viajeros y de mercancías, se encuentra en el kilómetro 63 el pequeño pueblo de Llavini. Se abandona el llano y surgen las primeras estivaciones de la Cordillera andina, las cuales hacen que la carretera aunque de buen firme se vuelva sinuosa, con numerosas curvas cerradas, y abiertas a derecha y a izquierda.

Hacia Llavini, nos dirigimos algunos de los periodistas que seguimos puntualmente la evolución de la marcha de las personas en situación de discapacidad, ya que queremos comprobar sobre el terreno el rumor que se acrecienta entre las personas movilizadas: que se prepara un intervención policial en aras a impedir el desarrollo de la misma y su llegada a la ciudad de La Paz.

Al filo de la 1 de la madrugada, llegamos al pueblito los documentalistas Dan Fallshaw, Fernando Barbosa, Andrés Zúñiga Sanginés, y quien comparte con ustedes esta crónica.

Llavini duerme, no hay rastro de la prensa, ni de la Policía, y nuestro auto avanza despacio para localizar el campamento. Mientras ascendemos lentamente por la carretera, Fernando Barbosa exclama: "!puta, ¿y hasta aquí llegaron?!". Y, sí, aún lado de la carretera, cerca de un puente colgante que impresiona se encuentra la caravana. Todos duermen, y nosotros nos preguntamos porqué eligieron ese lugar y no dentro del pueblo; en la escuela, por ejemplo, ya que el lugar no tiene ni baños, ni aprovisionamiento de agua cercano. Hasta ahora, como el camino está lleno de penalidades, al menos para descansar durante la noche, los marchistas suelen elegir las escuelas o las plazas de los pueblos, lugares mínimamente accesibles para las  personas que se desplazan en sillas de ruedas, y para las familias y las madres con niños. ¿Qué habrá sucedido esta vez?

Cuando localizamos el campamento bajamos del vehículo y comprobamos que cerca permanece el camión de las provisiones y la ambulancia de los bomberos. Un bombero cuenta que todo está tranquilo, pero que la subida ha sido para los "discapacitados" bien fregada. Hubo dos accidentados que fueron trasladados al hospital, nos cuenta, y algunos desmayos.

Y, ¿por qué acampan aquí?, preguntamos. "Porque no les han permitido estar en la escuela", cuenta el bombero.
Poco después la ambulancia arranca. Van a comprar coca y volverán después, nos dicen; nosotros lamentamos no haberlo hecho, porque la noche se presume larga, y debemos permanecer en vela.

Poco después aparece una pareja policial. El teniente Castillo baja del vehículo y nos saluda:
"El camino ha sido bien difícil para los discapacitados", señala Castillo. Y no les han permitido estar en la escuela.

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Marcha de la Confederación de Discapacitados en los al rededores de Llavini. Fotografía: Cortesía de Dan Fallshaw.

 

El teniente Castillo evita pronunciarse sobre la legitimidad de la marcha, pero reconoce que cuando las autoridades de la comunidad negaron la entrada a las personas movilizadas, el teniente coronel, jefe del operativo se sintió mal, y pidió a la gente que reconsiderara su decisión. Castillo cuenta además que durante el pasado día, el camino fue tan duro, que algunos policías no pudieron evitar el impuso de empujar las sillas de ruedas: "algo que no debemos hacer, porque nosotros estamos para abrirles una vía para que puedan caminar y protegerles del intenso tráfico, pero no podemos ayudarles. Pero, también somos humanos, señala.

El teniente habla así porque es padre de un chico de trece años, que tuvo desde muy niño ataques intensos de epilepsia. Los médicos, sostiene, se equivocaron con la medicación y lo dejaron en estado vegetal. "He gastado ya 59.000 dólares. Y seguiré gastando hasta que se encuentre una solución para mi hijo”, explica.

Poco después de su relato, Castillo se despide pero antes nos advierte. "Tengan cuidado con este lugar. Es sagrado, porque aquí embarrancó una flota: cerca están los nichos, y por las noches corren los espíritus". Tal vez Castillo se refiera al autobús de pasajeros de la empresa Bustillos, que volcó aquí hace dos años, con un saldo de seis muertos y treinta heridos, pero no sabemos si hubo algún accidente anteriormente.

La madrugada avanza y el frío se deja sentir. No es un frío extremo, pero durante la marcha hacia La Paz deben seguir subiendo y el invierno se aproxima, así que se presume que a los marchistas les esperan largos días de frío. De momento es soportable, pero el sereno se deja sentir, y la humedad penetra en el vehículo y nos cala los huesos.

El día comienza a clarear, y se escuchan las primeras voces procedentes del campamento. Hacia él nos dirigimos, y encontramos a la gente que se está despertando y que nos saluda alegremente.

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Campamento armado en Llavini. Fotografía: Cortesía de Dan Fallshaw.

 

Alex Marcelo Bracamonte, dirigente de Chuquisaca, agarra el megáfono para informar del recorrido que les espera. Esta vez será fácil, dice, porque hoy harán sólo cinco kilómetros, ya que una familia les dejará una casa que está bien, con agua, baño, duchar comida, señala. La gente recoge las carpas poco a poco, y se escucha música andina, procedente de algún celular.

Me acerco a hablar con Gari Ramírez, dirigente de Potosí al que conocí hace cinco meses durante un taller de incidencia política. Gari es uno de los dirigentes de las nuevas generaciones, diestro en la reparación de las sillas de ruedas, y convencido defensor del movimiento internacional que promueve la vida independiente para toda persona con etiqueta de discapacidad.


De este movimiento, muy precario en Bolivia, aunque con raíces en Sucre y en Potosí, se dice que está siendo capaz de desmantelar por fin el concepto de discapacidad, provocando incluso un cuestionamiento del concepto, por parte de los técnicos de la OMS. Esa es la razón de que poco a poco, el concepto de diversidad funcional vaya sustituyendo a la palabra discapacidad. Dicho movimiento defiende que toda persona, más allá de su causa médica, tiene el derecho a una vida plena, autónoma, tanto en el terreno familiar, social, afectivo, sexual, laboral etc. Su lucha se centra en el logro de este objetivo, promoviendo incluso que los estados garanticen la existencia de asistentes personales: personas que se encarguen de proporcionar a la persona los elementos necesarios para poder salir de casa, trabajar, acceder a una vida plena.

 

*Ojos que no ven es Richard Mateos, periodista ciego que camina por el mundo con Mali, su perra guía.

(Actualizado, con reporte en audio del 24 de marzo)

Aún no hay una mesa de diálogo entre las autoridades y las personas con discapacidad que se han movilizado. La marcha partió de Cochabamba y llegó el lunes 21 a Quillacollo y continuaría rumbo a La Paz. Su pedido urgente es el bono de 500 bolivianos mensual pedido urgente es el bono de 500 bolivianos mensual

Entérate de lo que se vivió en el primer día de la marcha en este reporte de Ojos que no ven*.

 

Reporte del 24 de marzo:

¿Por qué marchan? Explicación de Yasmani Cusiasmani Cusi, de la provincia Obispo Santiestevan de Santa Cruz, miembro de la Confederación de Discapacitados que partió de Cochabamba hacia La Paz. En la parada de Parotani (Cochabamba):

 

 

*Ojos que no ven es Richard Mateos, quien camina por el mundo con Mali, su perra guía. 

"¡Fusil! ¡Metralla! ¡Los discas no se callan!", se escucha en la plaza principal de Cochabamba desde fines de enero de este año. Las personas con la etiqueta de discapacidad se encuentran movilizadas en todo el país pidiendo un bono mensual de Bs 500, ya que actualmente reciben Bs 1.000 por año. Las medidas de presión aumentaron y los manifestantes llegaron a colgarse sentados en sus sillas de ruedas de viaductos y puentes. Hoy, 21 de marzo, partieron desde Cochabamba rumbo a La Paz con representantes también de Beni, Santa Cruz, Chuquisaca, Tarija y Pando. En Caracollo deben unirse personas de La Paz y Potosí para avanzar todos hacia la sede de gobierno.

Ojos que no ven* reporta desde la movilización.

 

*Ojos que no ven es Richard Mateos que camina por el mundo con su Mali su perra guía.

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La Paz - 71597592
Cochabamba - 71786333
Santa Cruz - 71528022

 

cc