Jueves, 05 Marzo 2015 19:33

Para debatir sobre política hay que estar en El Alto

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Puesto callejero de Carlos Joffré en la Ceja de El Alto. Puesto callejero de Carlos Joffré en la Ceja de El Alto. Mabel Franco

En las aceras de la plaza Cívica, en El Alto, a diario se instalan oradores que venden libros y folletos, no importa si de salud o personas célebres, pues al final la oferta deriva en un intenso intercambio de ideas sobre política. Sobre todo ahora, que se asoman las elecciones subnacionales, los grupos y las ideas menudean.

Mabel Franco, El Alto

“Para entrar al poder, no se necesita inteligencia, no se necesita leer; eso estamos viendo hermanos”, dice Carlos Joffré, que ha derivado en el tema político llevado por las preguntas de la gente. Él, con sus libros sobre salud, pensamientos célebres, hombres famosos, estaba argumentando sobre la necesidad de alimentarse bien para pensar; pero alguien ha puesto el ejemplo de los políticos, así que hacia ello ha virado el discurso.

Un hombre, de la docena y más que le escucha, comenta: “Sí, pues, buenos habíamos sido para robar”. Carlos lo mira y recorre luego los rostros del resto del grupo: “Ah, somos, dice; nos está metiendo a todos en el mismo saco y no es correcto. Incluso entre los gobernantes hemos tenido gente honesta: Gualberto Villarroel, Germán Busch, Hernando Siles…”.

“¿Y el Evo?”, pregunta otro hombre. Todos se ríen. Carlos retoma la palabra: “Bueno, Evo no está robando mucho”. Los rumores del grupo se confunden con el ruido de los vehículos que pasan por la Ceja de El Alto, a la altura de la plaza Cívica, ex plaza de Las Banderas. Es la “universidad de la calle” que tiene oradores de primera, sea que enseñen sobre costumbres, alimentos o leyes del Estado Plurinacional.

Uno de los especializados en leyes es Cleto Choque Choque. Su preocupación es que la gente entienda cómo desde la legislación se está avanzando o no en temas claves como discriminación y descolonización. Con la Constitución Política del Estado y otras disposiciones en la mano es capaz de explicar la naturaleza de la justicia comunitaria, el rol de las autoridades indígenas, etc. Las personas lo escuchan y van comprando los folletos que él prepara para explicar mejor esas leyes.

Cleto Choque

Un orador convenciendo a su público. El fuerte de Cleto Choque son las leyes.

Para Choque, Evo Morales no es culpable de las contradicciones y retrasos en la aplicación de reformas que beneficiarían a los pueblos indígenas. “Es su entorno”, afirma. “Es el Álvaro García Linera”, apunta y asienten algunos de los que escuchan. “No se vayan”, invita a los periodistas curiosos que le escuchan arrobados a mediados de febrero de 2015, y dice que no hay lío con ques lo filme; “no tengo nada que temer”.

Otro día

Hoy, jueves 5 de marzo, día de feria en la 16 de Julio, El Alto luce abigarrado, más que de costumbre: vendedores de todo, mendigos, peatones, vehículos… Por la tarde llegarán más oradores; por ahora Carlos está solo y tiene un buen grupo de seguidores, todos varones, salvo por una joven mujer.

“He escuchado que Evo ha dicho que no va a trabajar con los opositores; que si no elegimos a Patana, no va a haber obras. No está bien, hermanos, se nota que Evo no es estadista”, arenga Carlos, quien, explica Miguel Flores Tovar, es de los primeros oradores que surgieron en ese mismo lugar a fines de los años 80 y el único que queda de aquel grupo que se animó a debatir al aire libre, a explicar a los alteños las “verdades de la política”.

“No es así, Carlos”, sale alguien del grupo, “no ha dicho eso, la prensa tergiversa”. “No es así”, apoya otro hombre. "Los periodistas siempre tergiversan", opina alguien más. “Lo que ha dicho el Evo es que no va a trabajar con la oposición de la derecha”. “Ah, pero no está bien generalizar, pues; la democracia es eso: derecha, izquierda y no se puede estar diciendo eso”, responde Carlos.

“No, no. Evo ha explicado que no se puede trabajar con la oposición, que no le dejan hacer cosas. Por ejemplo el alcalde de Sucre o el de San Buenaventura. Y el Revilla también”. “Ah, ya”, recibe Carlos las réplicas. Todos se ríen y le critican tal cual él hace siempre: “Tienes que leer, pues”.

El orador intenta volver al tema de los libros de alimentación y a los de celebridades que, recomienda, pueden servir a la hora de elegir buenos nombres para los hijos. Pero su auditorio no le deja. “Cómo pues, ya va a haber elecciones y hay que hablar de política”.

Un chico de gorra negra que hasta ese momento ha escuchado solamente, interviene: “Yo no voy a votar por Patana; el MAS se ha equivocado con este candidato que no ha hecho nada bueno en El Alto. Por eso prefiero a Chapetón”.

Se elevan los rumores y se alcanza a oír a un anciano, apoyado en su bastón: “Chapetón es qhara, es de la derecha”. En voz más baja, la única mujer en el grupo critica: “Es la hija de Samuel Doria Medina, todo ha aprendido de él pues; de derecha es”.

Un pedazo de nylon en el piso, los libros y el encuentro está servido.

En medio de textos sobre salud, coca y otros, un texto sobre Mao. Foto: Mabel Franco

De machismos y dictaduras

De pronto, un inoportuno grita: "A ver, tú que sabes de salud, explica por qué las mujeres de hoy en día tienen dos y hasta tres maridos, y por qué ya no hay familias con siete hijos varones, como antes". No es el aludido quien responde, sino otro voluntarioso: "La comida chatarra es pues; la potencia del hombre ha bajado y por eso las mujeres buscan a varios hombres".

Luego de algunas risas, la politica vuelve con fuerza. Carlos hace notar que también "antes, los presidentes estaban cuatro años en el poder, mientras que ahora el Evo, después de tres periodos, va a gobernar otro más, cada uno de cinco años; mal está eso". "Pero la Constitución dice así", vuelve a tomar la palabra el hombre que defiende al Presidente. "Pero quién pues ha modificado la Constitución. A ver, queriendo gobernar por siempre y sin reconocer a la oposición, a dictadura se parece pues".

El grupo ya es multitud. Algunos están ubicados peligrosamente en la calzada. La charla se anima más y de pronto apunta contra “los periodistas que han venido a escucharnos porque hay elecciones, si no, qué van a escribir sobre nosotros”. Nos damos por aludidos y nos aprestamos a retirarnos con la sensación de haber espiado a un grupo de amigos, al menos de conocidos, en plena discusión. Van a seguir pese a que comienza a caer una lluvia menuda pero intensa.

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