Jueves, 13 Noviembre 2014 22:49

La energía nuclear salva vidas en manos de la medicina

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Sala donde se halla la gammacámara en el Instituto Nacional de Medicina Nuclear, La Paz. Sala donde se halla la gammacámara en el Instituto Nacional de Medicina Nuclear, La Paz. Mabel Franco

Un promedio de 500 pacientes acuden por mes al Instituto Nacional de Medicina Nuclear, que funciona desde 1962. No sólo personas de La Paz, sino del resto del país e inclusive de Perú y Argentina en vista de los costos relativamente menores. Ampliación de infraestructura, más equipamiento y recursos humanos especializados son necesidades que identifica Bárbara Murillo, jefa médica de la entidad que depende de la Gobernación de La Paz, y mucho más en previsión de la planta nuclear que el Gobierno boliviano va a construir para aprovechar parte de la energía en el campo de la salud.

Mabel Franco / La Paz

¿Cuánto tiempo lleva Bolivia recurriendo a la energía nuclear en medicina?

La experiencia del Instituto Nacional de Medicina Nuclear es de 52 años. Es la entidad de referencia en el país a nivel público -depende de la Gobernación de La Paz-, aunque hay centros de medicina nuclear en otros lugares de Bolivia que o son privados, como el de Santa Cruz, o dependientes de la universidad, como sucede en el caso de Cochabamba, o funcionan dentro de un hospital, como el que está en el Santa Bárbara, en Sucre.

¿Cómo se aplica y para qué la energía nuclear en el campo de la salud?

Uno de los usos de la energía nuclear con fines de paz tiene que ver con la medicina. A nivel de diagnóstico, se hace posible evaluar el funcionamiento del organismo humano; es el único estudio, si se quiere llamar de imágenes, que evalúa el funcionamiento de cada órgano. Se obtiene una imagen, como la de rayos X y tomografía, y se adiciona la capacidad de evaluar el funcionamiento del órgano. Es decir, se ve no sólo lo anatómico sino lo funcional.

¿Todos los órganos son evaluables?

Todos salvo el páncreas, para el que no se ha descubierto un radiofármaco afín.

¿Se cura también? ¿Qué tipo de enfermedades?

Hacemos dos tipos de tratamiento: cáncer de la glándula tiroides con yodo radioativo o yodo 131, y terapia de dolor con samario (Sm). En el primer caso, se usa diferentes dosis para casos de cáncer incontrolable y posterior a la extirpación de la glándula, como complemento para evitar la metástasis. En el caso del cáncer terminal, el objetivo es calmar el dolor; no se puede curar, pero sí ayudar a una mejor calidad de vida.

¿Qué tipo de pacientes o de males requieren de la medicina nuclear a nivel de dignóstico?

Para la evaluación, todo tipo de pacientes y de males: bebés -muchos de los cuales últimamente presentan reflujo gastroesofágico-, y personas de toda edad en las que se sospecha de cáncer o de metástasis, pasando por quienes sufren por problemas en las glándulas lagrimales, irrigación cardiaca, patologías de la glándula tiroides, complicaciones de la diabetes, males renales, etc. etc.

¿Cómo sabe una persona que puede acudir al instituto?

No se puede hacer consultas directas. No es que un paciente acude y pide:“Háganme una grammagrafía suprarrenal para buscar si tengo cáncer”, “necesito una centellografía (http://www.cancer.gov/diccionario?cdrid=580343) porque sospecho de un infarto cardiaco”, “tengo diabetes, quiero saber si el vaciamiento gástrico de líquidos es correcto” o “me operaron por cáncer de piel o de mama, quiero ver si hay migración en un ganglio (ganglio centinela http://www.cpm-tejerina.com/cancermama/GanglioCantinela.aspx)”. Es el médico que atiende al paciente quien lo deriva con una orden para saber cómo está funcionando determinado órgano, que de otra manera es imposible ver. Es preciso, por supuesto, evaluar el riesgo-beneficio, pues no se trata de dar material radioactivo a cualquier paciente. El médico tratante debe decidir. En este punto, debo señalar que hay mucho desconocimiento entre los profesionales sobre lo que podemos ofrecer en el instituto. Estamos empeñados en una campaña informativa para salvar este vacío que se crea desde la misma universidad, pues no hay materias al respecto en las carreras de Medicina; se sabe sobre ello en la residencia y por referencias. El problema es de formación.

Hablemos de necesidades. ¿Cuáles son las que se debe solucionar, diría usted desde la experiencia del instituto?

Infraestructura y formación de recursos humanos. Si bien tenemos un espacio para trabajar y podemos atender a un promedio de 500 pacientes al mes, hacen falta gammacámaras: tenemos tres y sólo una moderna (2007); las antiguas están bien cuidadas y brindan servicio, pero sería ideal tener más de estos equipos. A veces, los enfermos renales y óseos esperan de dos a tres semanas para ser programados. Y eso es sólo para la parte médica; el laboratorio brinda servicios de radioinmunoanálisis, marcadores tumorales y hormonales, labores que están en manos de bioquímicos y que triplican la cantidad de pacientes atendidos.

Gammacámara adquirida en 2007, la más moderna de las tres que posee el INMN. Foto: Mabel Franco.

En caso de que se lograse adquirir más cámaras, el problema sería dónde instalarlas. El edificio que ocupamos no tiene más espacio para acoger equipos que son grandes

Y en materia de recursos humanos, las necesidades son evidentes. En el país no se forma a los especialistas necesarios para la medicina nuclear. En el instituto somos ocho los médicos y el único con título en el ramo es el director Pedro Herbas S., que se formó en el exterior del país. El resto nos hemos capacitado en este lugar. Especializarse es muy costoso. Sólo la universidad cuesta 12.000 dólares al año en Chile y hay que pensar en la estadía y otros gastos. No existen becas para beneficiar a los médicos bolivianos en este sentido. Si me pregunta cuántos con título hay en el país, yo diría que unos 10 como máximo.

Un reactor nuclear

¿En qué ayudaría una planta nuclear en Bolivia para el campo médico?

Podríamos fabricar los radiofármacos (http://www.molypharma.es/esp/radiofarmacos_pet.html) en el país. Actualmente trabajamos con el tecnecio y el yodo radioactivo, que importamos de Argentina, lo que encarece costos, si bien, como ya dije, de todas maneras el servicio aquí es relativamente más económico respecto de países vecinos. El más caro de los análisis cuesta Bs 3.000 y el más barato Bs 130.

Un reactor nuclear implica la posibilidad de contar con un PET/CT-Ciclotrón (http://es.wikipedia.org/wiki/Tomograf%C3%ADa_por_emisi%C3%B3n_de_positrones) para el campo específico de la medicina, tecnología nuclear que facilita tomar imágenes del organismo y producir el radiofármaco especializado para su tratamiento en caso de enfermedad. Para que esto funcione hay que tomar en cuenta muchos detalles. La planta debe ser instalada, por seguridad, en un lugar alejado de zonas pobladas; pero los radiofármacos producidos deben llegar al lugar de atención del paciente en un término menor de dos horas. Ocurre que tales químicos tienen una vida muy corta; habría que pensar en la disponibilidad de helicópteros para el traslado veloz y seguro. La cualidad radiactiva del yodo 131 y el tecnecio 99 que usamos ahora dura ocho días; los materiales nos llegan cada semana y se puede trabajar sin problemas. Los otros radiofármacos, insisto, tienen vida ultracorta.

¿Y en materia de recursos humanos?

Para trabajar con el ciclotrón se necesita profesionales especializados. Habrá que manipular materiales radioactivos que requieren de procedimientos distintos de los que se usa para el yodo y el tecnecio, con los que ya tenemos experiencia. Para un manejo seguro se necesitarán bioquímicos, radiofarmacéuticos, radiólogos formados en manipulación nuclear, ingenieros para el control de calidad, entre otros profesionales. Por supuesto, médicos nucleares, que ahora mismo no llegan a 10 en el país, formados todos fuera y con sus propios recursos. He escuchado que el Gobierno va a becar gente, pero sólo habla de ingenieros, no escuché nada para físicos médicos, por ejemplo.

El temor de la gente respecto de esta tecnología apunta al manejo de los desechos.

El ciclotrón tiene que estar en un lugar aislado. Hace años se hablaba de El Alto y de Viacha. En cuanto al material radioactivo que se maneja en medicina, como se ve, tiene vida media y corta. Al cabo de cierto tiempo la radiación del material desaparece. Es diferente de lo que pasa con la radioterapia que recurre a una pastilla de cobalto que hay que desechar en el país, no podemos devolverla. Con la medicina nuclear, que usa otro tipo de radiación, la fuente es en verdad el paciente en cuyo organismo se inyecta el material. El tecnecio (Tc99 metaestable) se usa en dosis muy pequeñas y al cabo de 24 horas el paciente lo ha eliminado. El yodo radiactivo requiere más cuidado; el paciente debe ser aislado por un tiempo, no compartir habitación ni usar el mismo baño que otras personas. Su manipulación requiere asimismo un gran cuidado; en el instituto se toma todos los recaudos para que la población no se vea afectada.

 El Instituto Nacional de Medicina Nuclear está ubicado en la calle Mayor Zubieta 1555, entrando desde la avenida Saavedra hacia el Hospital del Niño, en la zona de Miraflores (La Paz). Su primer director, el Dr. Luis Fernando Barragán, se jubiló en 2010. La actual cabeza es el Dr. Pedro Herbas, de los pocos especialistas en medicina nuclear que hay en el país.

 

 

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