Martes, 28 Octubre 2014 21:52

50 activistas dejan el trazo de una ciudad ideal

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Los activistas compartieron sus conclusiones sobre Cultura Viva Comunitaria en el Museo de Etnografía y Folklore, donde los recibió la directora Elvira Espejo. Los activistas compartieron sus conclusiones sobre Cultura Viva Comunitaria en el Museo de Etnografía y Folklore, donde los recibió la directora Elvira Espejo. Iblin Linarez

 

El II Encuentro de Cultura Viva Comunitaria propone avanzar hacia la apropiación de los espacios públicos, más seguridad para las mujeres y menos criminalización de los jóvenes, trabajo en comunidad e inclusión económica. Activistas de Venezuela, Colombia, Ecuador, Suiza, Brasil y Bolivia finalizaron así una semana de trabajo en Wayna Tambo de El Alto

 

Iblin Linarez/La Paz

En las ciudades hay otras ciudades. Están hechas de comunidades, de vecinos que han creado una relación que va más allá del simple habitar un mismo espacio. “Rehabilitar la ciudad entera bajo ese modelo de convivencia ha sido la inspiración del II Encuentro de Cultura Viva Comunitaria”, explica Mario Rodríguez, coordinador nacional de la Red de la Diversidad, anfitrión de los 50 activistas que participaron y trabajaron en busca de propuestas concretas para rehabilitar la ciudad, crear comunidad, combatir eficazmente la violencia y buscar alternativas al modelo económico capitalista.

Durante una semana, la sede de la casa juvenil de las culturas Wayna Tambo, en la alteña zona de Villa Dolores, fue un hervidero de ideas basadas en experiencias de Venezuela, Colombia, Ecuador, Suiza, Brasil y Bolivia, las que trabajados desde el domingo 19 de octubre en cuatro mesas, fueron compartidas el miércoles 22 de manera lúdica y festiva.

El grupo de “rehabilitando la ciudad” propuso una revolución urbana “que atraviese todos los sentidos de la vida, desde lo físico hasta lo cultural”. ¿Cómo? “Pues potenciando los sentidos de autogestión, desde actividades culturales como las ferias y las fiestas, capaces de generar una apropiación de los espacios y del territorio en sí para concebir la ciudad como la queremos”, según detalló Isabel Martínez, del Congreso de los Pueblos de Bogotá, Colombia. Una ciudad que, de paso, no debe olvidar su historia, su contexto, a decir de Oso, del colectivo cruceño Arterias Urbanas.

La mesa de Cultura Viva Comunitaria reclamó que, a veces, ésta sea vista sólo a partir del arte, lo que explica que los espacios públicos se hayan tornado elitistas, con la consecuente exclusión de otras manifestaciones de la cultura y de sectores mayoritarios de la población. Corresponde, plantearon los activistas, romper los límites y avanzar en políticas que respondan a las necesidades de creación y acceso a la cultura diversa, lo que implica proponer y trabajar políticas desde la sociedad civil con el Estado.

El grupo de Violencia e inseguridad hizo hincapié en el diagnóstico común para la mayoría de las ciudades latinoamericanas. “Hay inseguridad en la casa, con la policía y en la escuela, y las mujeres la sufren de manera particular; pero también hay una estigmatización de la juventud, de la que se dice es la causante de la violencia, cuando en realidad el problema obedece a estructuras patriarcales que son reproducidas por el machismo. También hay un clima de paranoia que generan los medios y ése es también un tipo de violencia”, a decir de Zulma Toro, de Colombia. Este grupo propuso que para avanzar en leyes sobre seguridad se incluya a las comunidades, tan corresponsables como las autoridades a la hora de tomar decisiones. Y que se aprovechen las miradas juveniles para construir estrategias y fortalecer las organizaciones de base.

El cuarto grupo habló de Economía y afirmó que “es posible otro tipo de economías”. El poder, argumentó Iván Nogales, de la Comunidad de Productores en Arte (Compa), de El Alto, “se articula de la manera más rígida posible cuando se habla del tema, pero se debe desarmar y replantear ese modelo; pensemos en plantear una disputa del poder entre las economías que nacen y las que existen, debemos dejar de ser cómplices de esa economía grande y dejar que nazca esa microeconomía que va tejiendo la comunidad”.

Voz adolescente

Tito Rosso. Foto: Iblin Linarez

El más joven de los activistas presentes en el encuentro fue Tito Rosso, de 14 años. “Llegué a la Wayna gracias a mi hermano y poco a poco me fui identificando con las ideas y me hice parte de ella”, explicó su presencia activa en ese espacio cultural. “El encuentro ha generado ideas bien concretas que sería lindo llevar a la práctica, sé que es un proceso gigante, pero ése es el desafío”. Para este adolescente, en la ciudad “todo está hecho en base a la economía y la explotación, y mientras la urbe crece, así como sus problemas, sólo se ponen parches y no soluciones”. En encuentros como el de Cultura viva comunitaria “se forman ideas, teorías, y es cierto que respecto de las acciones creo que estamos alejados, pero esto no es malo porque primero se deben crear las ideas”.

Tito no va al colegio, es autodidacta, así lo ha decidido él y recibe el apoyo de sus padres. Desde ahora se forma como activista en Wayna Tambo. “Hay muchas maneras de estudiar y de aprender. La mayoría quiere ir a la escuela, pero yo creo que cuando eres bueno en algo, las puertas se te abren y por el momento estoy aprendiendo de los conocimientos que voy encontrando”. Como él, los activistas de este encuentro quieren transformar las ciudades, una tarea que todos ven como muy difícil; pero que merece dar los pasos para lograrlo y en ello están empeñados todos desde su particular espacio.

Modelo de comunidad

 

Si comunidad es el modelo al que se aspira, comunitario fue todo el encuentro: desde la entrega de información de las experiencias particulares, hasta el compartir la coca y la comida preparada por el colectivo Las Imillas, pasando por los recorridos de El Alto y La Paz, sea a pie o a bordo del teleférico. Sea comiendo una salteña, sea compartiendo el aptapi o renovando energías en Tiwanaku.

“Esto es maravilloso y nos vamos más alimentados, en todos los sentidos, con más fuerzas y energía para seguir trabajando en nuestras propuestas locales”, dijo Nelson Ullauri, de la Red Cultural del Sur, de Ecuador.

“Es un privilegio haber compartido con los diferentes colectivos, conocer nuevas experiencias que seguramente replicaremos en nuestras organizaciones”, ratificó Jaime Paucara del pueblo quitucara de Ecuador, quien habló del trabajo asociativo comunitario como una alternativa al capitalismo. “La solidaridad y la complementariedad se pueden replicar en un esfuerzo de unir conocimientos sin necesidad de generar relación de dependencia, sin dueños, reproducción del excedente y con confianza”.

Así transcurrió la semana en la que los activistas dibujaron la ciudad que debería ir creciendo de la mano de la población y brindarle lugares donde la gente pueda desarrollar su pensar, sus tradiciones, sus reglas, así como respetar las diferencias.

 

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