Jueves, 22 Mayo 2014 17:54

El Hospital La Paz está enfermo de ruido

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Tatiana Poma observa, desde su ventana en el Hospital, el caos vehicular de la Garita de Lima Tatiana Poma observa, desde su ventana en el Hospital, el caos vehicular de la Garita de Lima Foto: Carla Hannover

Los motores y bocinas, la música de las cantinas y el retumbar de las fiestas folklóricas que con frecuencia toman las calles que rodean la plaza Garita de Lima, en frente de la cual se encuentra el nosocomio, impiden que un factor de salud, el silencio, sea parte del tratamiento

Carla Hannover / La Paz

Nadie que no lo sepa podría sospechar siquiera que, en una esquina en frente de la Garita de Lima, hay un hospital. Si el silencio es salud, como prueban investigaciones muy serias, ese punto de la ciudad de La Paz, en el barrio 14 de Septiembre, parece el menos adecuado para tratar males que, por leves que sean, requieren de reposo y buen sueño.

Motores y bocinas de vehículos, música que se publicita con parlantes a todo volumen en plena calle, gritos de comerciantes instalados en las aceras, bandas que acompañan ensayos y entradas de folkloristas con demasiada frecuencia en fin de semana y la actividad de incontables bares han transformado el lugar en una pesadilla. De esto son sufrientes testigos los pacientes del Hospital La Paz.

“Pegar la pestaña aquí es un milagro, más si tu cama está ubicada cerca de la ventana”, se queja Tatiana Poma, a quien “por desgracia”, le ha tocado ese lugar de la sala de cirugía, en el segundo piso del hospital público. La joven de 18 años cumple su cuarto día de internación y el ansiado reposo, que tanto recomienda la medicina tras una intervención, le ha sido arrebatado. Los bocinazos son los culpables. “Es como si este hospital fuera invisible para la gente afuera. Ni los comerciantes ni los choferes ni nadie parece tener consciencia de que cerca de ellos hay enfermos”, protesta esta estudiante de Auditoría, aunque sospecha que peor les debe ir en el primer piso, donde se halla el área de pediatría.

Una zona fiestera

Es jueves por la noche y el ruido de los coches, incrementado por la costumbre de los conductores de usar el claxon para abrirse paso entre la maraña de motorizados, comerciantes y peatones, es el mismo que el del resto del día. La situación va a empeorar, sin embargo, pues las fiestas en bares y calles menudean a lo largo del fin de semana. La música estridente y voces altisonantes de la gente forman parte del paisaje sonoro hasta horas de la madrugada. “No deberían funcionar bares cerca de este hospital”, apunta  Freddy Jaldín, director del hospital, contra una fuente cuya solución está normada, pero no se aplica; pero son tantas las fuentes de ruido, que también habría que prohibir las prédicas dominicales de un grupo cristiano que se acomoda, sin falta, cerca de la Garita de Lima.

Ni hablar cuando comienzan los festejos del Gran Poder o las fiestas que los vecinos arman en honor de los santos de su devoción. “Es una tragedia; aparte del ruido, en tales ocasiones se cierra todo acceso al hospital”, señala Jaldín. Sobre lo que su colega, Dorian Parrado, ironiza: “Es que en la zona la gente es ‘extremadamente devota’; hay fiestas para casi todo el santoral”.

Decibeles por los cielos

A la altura de la plaza Garita de Lima se registra una contaminación acústica de 73 decibeles, que superan los 65 permitidos por las normas nacionales. Según estudios de la Dirección de Gestión de Calidad Ambiental de la Alcaldía, el barrio 14 de Septiembre y  la Max Paredes, que se caracterizan por ser áreas comerciales,  ubicadas al noroeste de la ciudad  y la zona de  Miraflores, en el centro paceño, son los puntos con mayor contaminación acústica de la ciudad de La Paz.

“Aún no hemos realizado estudios precisos en el Hospital La Paz; sin embargo, la Organización Mundial de la Salud establece que los centros hospitalarios deben llegar como máximo a los 35 decibeles”, advierte el jefe de esa oficina, Rubén Ledezma.

Para mitigar el problema, la Alcaldía de La Paz propuso hace casi dos años llevar la atención del hospital a la zona La Portada, que se ubica a 10 minutos en bus, donde actualmente construye otro nosocomio mucho más amplio y alejado del ruido. La propuesta fue inmediatamente rechazada por los vecinos de 14 de Septiembre, ya que este hospital es considerado un “emblema del barrio”.

 Esos vecinos solicitaron en cambio un proyecto de reordenamiento del sector. La Alcaldía entonces planteó la construcción de pasos a desnivel cerca de las avenidas que bordean la plaza Garita de Lima para, de esta forma, librar al nosocomio de los comerciantes que diariamente se acomodan en sus aceras y desviar el paso de las entradas folklóricas que hacen sus recorridos justo por la puerta del hospital.

La propuesta fue rechazada, esta vez, por los gremialistas, quienes entre marzo y abril se manifestaron con marchas y protestas callejeras, hasta lograr que la Alcaldía paralice el proyecto. Desde entonces, un pasacalle colgado frente al hospital recuerda diariamente la posición que ha adoptado el sector: “No al desnivel, vecinos y gremiales de pie en la plaza Garita de Lima”.

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Un problema ignorado

Este tipo de reacciones hace ver que el problema de la contaminación acústica no ha despertado el interés de la ciudadanía, dice Ledezma. “Hasta que no lo sufres, no sabes cuán dañino puede ser. Hace unos días, una señora recién operada despertó de golpe por un bocinazo e hizo un movimiento brusco. La herida se le abrió”, cuenta Poma.

En La Paz, añade Ledezma, hay sólo un colectivo, de no más de 20 voluntarios, que trabaja para dar a conocer los problemas que ocasiona el ruido” y que recientemente protagonizó una campaña contra los bocinazos.

Lo peor de todo, para el caso del hospital, es que no hay indicios de una pronta solución. El doctor Marco Antonio Caviedes, director Municipal de Salud, señala que quizá la mejor opción sea nomás el traslado de la atención hospitalaria a La Portada y que en la infraestructura del hospital La Paz se habilite un centro de salud; pero para ello hay que vencer la resistencia de los vecinos.

Ledezma apuesta, en cambio, por “el control de las fuentes de emisión del excesivo ruido que, para el caso, son principalmente los vehículos”.

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