Miércoles, 27 Mayo 2015 17:41

Ser ella es...

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Pintura en Ella 2015. Pintura en Ella 2015. Ella 2015

Contra la dictadura de una sola definición de mujer, desde el encuentro Ella 2015, celebrado en mARTadero de Cochabamba, en el barrio Villa Coronilla, se alzan múltiples voces, algunas de la cuales se recogen aquí.

Mabel Franco / Cochabamba

María Eugenia Sarrias; todas las mujeres tenemos que salir del clóset

María Eugenia Sarrias. Foto: Mabel Franco

Soy activista lesbofeminista del grupo Las Safinas en Rosario. Para mí, ser ella es identificarme con las causas de las mujeres, entendiendo que soy una mujer lesbiana. Es sentir sensibilidad y compromiso, y proyectar junto con otras mujeres las formas de opresión de género que tenemos. Considero que el enemigo lo llevamos internalizado; el sistema patriarcal en el que fuimos criados nos genera un montón de mandatos y situaciones que se juegan en las relaciones entre nosotras y que no nos ayudan cuando tenemos que hacer alianzas para enfrentarnos a los verdaderos enemigos. Este sistema es el que no nos permite visibilizarnos como aliadas. Los datos del DNI (documento de identidad) te atraviesan la vida: a todas, no sólo a las lesbianas, pues tenemos que enfrentarnos a la obligatoriedad de la heterosexualidad, al mandato heterosexual. Por eso digo que todas las mujeres tenemos que salir del clóset, que las agendas de las mujeres hagan una transversal de la diversidad sexual; en algunos países eso no pasa. En un espacio como Ellas eso se ha podido producir y se nos ha posibilitado desandar las opresiones y encontrarnos en esa "casa de las diferencias" para hacer un proyecto común. Aquí, en Bolivia, por ejemplo, se debate la ley de identidad de género y de unión civil entre personas del mismo sexo; más allá de que para nosotros en Argentina el reclamo es de matrimonio igualitario, entendemos que la estrategia de cada lugar hay que respetarla y por eso acompañamos esta propuesta. Rosario, Argentina

Amancaya Román Salinas, comunicar para descontaminar

Amancaya Román. Foto: Mabel Franco

Ser ella significa mirarme hacia dentro, identificar qué tengo allí, reconocerme. Si no nos visualizamos, difícil hacerlo con las otras. Es muy importante la sanación personal para fortalecernos y aportar a sostener aquello que es parte de nuestro entorno. Las mujeres somos semilla de construcción humana por lo que hacemos día a día, desde la casa, desde cualquier espacio. ¿Sanación? Sí. De la enfermedad que ha significado que ella sea invisibilizada, satanizada, blanco de miedos por su capacidad para crear humanidad. Creo que el papel de la mujer es crear esos espacios armoniosos, sin guerras; creo que hay muchas cosas contaminadas y que es momento de despertar, de sanarnos, sí, hasta molecularmente para no repetir lealtades subjetivas con la mamá, con la abuela... A eso apunta parte de mi trabajo como comunicadora social y como integrante del noticiero PICA que trabaja con adolescentes. La Paz, Bolivia

Sylvia Fernández, un cuerpo danzante en libertad menopáusica

Sylvia Fernández. Foto: Mabel Franco

Ser ella es un desafío. Sobre todo si eres trabajadora, creativa, emprendedora, pues tienes que desafiar muchos esquemas que te asocian con labores domésticas, familiares. Yo defiendo la autonomía del cuerpo, por eso mi actividad principal está ligada a la danza, no sólo porque me gusta danzar, sino porque me ha permitido ver que somos cuerpo y que como mujeres tenemos que buscar la autonomía desde nuestro ser corporal, lo que pasa por autoestima, confianza, por saber relacionarnos con el mundo no desde la culpa sino desde el placer y la libertad. Antes pensaba que ser ella es un desafío porque cada día tienes que demostrar algo a alguien, pero ahora veo que tienes que demostrártelo a ti misma: hasta qué punto eres lo que otros quieren que seas o hasta qué punto eres lo que quieres ser. Lo veo también como un viaje hacia mí misma y desde que cumplí 50 años he empezado a llegar; la libertad menopáusica no sólo implica dejar de lado ciertas cosas biológicas, sino todo aquello que la sociedad quiere ver de la ella mía. No me imagino otra vida que no sea desde esto que yo soy. La Paz, Bolivia

Julieta Calderón capitaliza los intentos de negar su ser ella

Julieta Calderón. Foto: Mabel Franco

Participo de la Federación Argentina LGBT. Soy una mujer y para mí significa ser revolucionaria, luchadora, libre, fuerte y capaz de identificarme con tantas otras luchadoras de América Latina. Es cierto que la sociedad suele ser discriminadora y a veces intenta negar mi condición de ella; pero me sirve que eso suceda, pues puedo reafirmar mi posición, mi identidad, mi lucha. Sin dificultades, quizás una no tendría momentos para hacerlo. Del encuentro Ellas 2015 me llevo muchos aprendizajes, muchas nuevas compañeras, experiencias, conocimientos. Y también mucha fuerza gracias a mujeres increíbles con las que me he topado. Me ha pasado que nos mirábamos en nuestros recorridos por el mARTadero e intercambiábamos sonrisas de complicidad; eso es impagable. A seguir trabajando ahora. Buenos Aires, Argentina

Eva Liz Morales Alvarado, mucho más que la hija del Presidente

Eva Liz Morales. Foto: Ella 2015

Ser mujer, ser boliviana, es una lucha del día a día para sobresalir y por reivindicar aquellos derechos que nos corresponden. No es fácil. Yo he sufrido mucha discriminación por ser indígena aymara, por tener una madre de pollera y, como mi padre, de origen campesino. Por ser joven también. Tengo 20 años y muchas veces he escuchado a adultos decir “qué hace aquí”. Yo sé que tengo mucho que aprender, no lo niego; pero también puedo dar. En el encuentro Ella he aprendido bastante sobre mujeres que viven con VIH, sobre quienes buscan la despenalización del aborto, sobre las que están luchando contra la violencia, etc. Todo lo que he escuchado me alimenta para no ser una mujer sumisa. Y para no discriminar, pues muchas veces lo hacemos sin darnos cuenta. Yo estudio Derecho y Ciencias Políticas; cuanto he escuchado me sirve: tantas mujeres, tantos ideales e ideas incluso opuestas a las políticas de mi papá (el presidente Evo Morales) las atiendo con mucho respeto porque puedo aprender de ellas. Mi papá se puede equivocar, como cualquier persona; yo hablo con él, dialogamos y a veces hasta nos peleamos. Unas veces, él es quien no tiene razón, otras soy yo. Discutimos, pero siempre con respeto. La Paz, Bolivia

Kristal Yurinoba Fibela deconstruye la trampa de la inclusión

Kristal Yurinoba Fibela. Foto: Mabel Franco

Ser ella, para mí, es deconstruir una serie de imposiciones y cuestionar y cuestionarme lo que es ser mujer, consciente de que no es lo mismo serlo dentro de un sistema patriarcal. En el segundo encuentro de Ella he encontrado dimensiones que no sospechaba, he visto que no hay una sola respuesta. Conocer a otras ellas me ha motivado a reivindicar mi postura y saber que no soy la única loca en este mundo, que hay mujeres peleando en su trinchera en alguna parte de este macro y este micromundo. Hablar de "ella" implica además que hay alguien que no lo es: un “él”. Yo lo analizo desde la inclusión y constato que bajo este principio hemos sido invisibilizadas y excluidas. Estudié medicina en la Unam de México y constantemente debo aclarar que no soy médico, que soy médica. Ocurre que cuando se dice “todos”, siempre nos hemos sentido incluidas; pero al decir “todas”, no todos se sienten incluidos. ¿Por qué no?, les pregunto a ellos. Incluir está bien, pero no desde la invisibilización. Zacatecas, México

María Luque: el teatro es mi terapia para superar la violencia que sufrí

María Luque. Foto: Mabel Franco

Soy comerciante, soy de pollera, soy aymara. Ésta es la primera vez que participo de un encuentro de mujeres como es Ella. Por lo que he entendido, ella es una misma pero también es la que veo en ti y en otras mujeres. La sociedad nos construye, nos impone formas de ser y a veces nos quita el derecho de vivir bien. Hoy en día lo tengo muy claro: se puede vivir bien si una quiere, puedo decidir por mí misma, nadie tiene el poder de obligarme. Antes sí me obligaban, cuando pasaba violencia, casi muero a causa de ello, de mi esposo. Pero me he liberado, soy otra, soy nueva. Necesité de varias terapias y mucho me ha ayudado el teatro. He participado de obras y de películas y eso ha sido la  mejor terapia para olvidar, para valorarme y saber hasta dónde puedo avanzar. No es que la violencia sea aceptable, no, pero en mi caso la veo como algo que me pasó y que supe utilizar para reconocerme y valorar mis capacidades. Al escuchar a las compañeras y sus luchas, estoy de acuerdo con los derechos que cada una defiende. Son voces que integro a mi vida y mi cultura. El Alto, Bolivia

Camila de Urioste, escribir para buscar y preguntar

Camila Urioste.

Llegas a un lugar como éste (Ella 2015) pensando que sabes lo que es ser ella y descubres que no tienes idea. En tu cotidiano, por el lugar que te tocó vivir, no te lo cuestionas. Como mujer y como feminista siento que estoy siempre en una lucha íntima y a veces pública para lograr ciertos objetivos; pero aquí me encuentro con mujeres que están luchando por ser mujeres, una lucha mucho más fuerte pues su propia identidad está en cuestión. Otras luchan su derecho a ser madres o a no serlo… Yo nunca me he cuestionado realmente algo así. Me resuenan las palabras de una participante de Ella, el primer día, quien dijo que ser feminista es cuestionarlo todo, examinarlo todo, no dar nada por sentado. Por eso, la respuesta en este momento es muy compleja y quizás la más válida es seguir buscando y preguntándose. Como dramaturga teatral esto me aporta muchísimo. Justo estoy justo trabajando con un tema de mujeres, desde el cuerpo, desde la sensualidad; durante el encuentro he escrito como loca, he llenado un cuaderno de apuntes, de frases, de imágenes. Ha sido un encuentro vital y transformador. La Paz, Bolivia

Juan Espinoza: urge un encuentro para analizar las masculinidades

Juan Espinoza. Foto: Facción

Ser ella es ser tú, es ser yo. Yo y mis feminismos conviviendo, compartiendo. Es mi ser más querido porque tiene que ver con emocionalidades, ternuras, pensamientos circulares, formas de encuentro, capacidades de conexión y de conectar. En este encuentro con ellas me siento muy bien porque creo que hay una cantidad de temas que yo, hombre heterosexual, puedo trabajar desde mi ella. ¿La sociedad me diría que no soy ella, que soy un él? Soy él y soy ella, siempre, permanentemente. ¿Privilegios por ser hombre? Sí, desde  mi vivencia de masculinidad puedo decir que este sistema me los da; pero también una cantidad de restricciones tremendas: estar atento, con el pene erecto, ser el dador, estar siempre listo… ¿Por qué? Es una imposición y un peso espantoso. Se habla poco de esto y es un pendiente: poner en la mesa nuestros temas y reflexionar, por eso ya estamos pensando en organizar un Él, si no es este año, el próximo. La Paz, Bolivia

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